Internacional

La hambruna amenaza la Nicaragua indígena

Gracias a la FAO y sus semillas de frijol han logrado sobrevivir en Nicaragua cerca de 60 mil personas que tras el huracán ‘Felix’ quedaron devastados

WASPAM, NICARAGUA.- Waspam, el lugar más pobre de Nicaragua, es uno de los ocho municipios devastados por el huracán "Félix" en 2007. La FAO y sus semillas de fríjol los han salvado de la hambruna.

En septiembre de 2007, el huracán "Félix" arrasó la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN) que, situada 632 kilómetros al nordeste de Managua y con nueve mil 182 kilómetros cuadrados de extensión, es la más pobre de Nicaragua.

Las estadísticas indican que de los más de 60 mil habitantes que se calcula tiene Waspam, aproximadamente el 80 por ciento son personas que viven en la pobreza extrema, lo que supone subsistir con menos de 1.08 dólares al día, y más del 15 por ciento son pobres, es decir, que viven con una media de 2.08 dólares diarios.

Esto deja apenas un margen máximo del 5 por ciento de personas que pudieran ser consideradas "no pobres" en esta región.

El ciclón dejó a su paso por Nicaragua 253 muertos y cerca de 200 mil damnificados, así como un rastro de hambruna y enfermedades que se mantiene muy presente.

El ciclón causó daños no sólo en la agricultura, también en las infraestructuras, en las modestas viviendas de los habitantes de la región y en la pesca y el medioambiente, incluida la reserva de la biosfera de Bosawas, la mayor extensión forestal de Centroamérica y la tercera mayor del mundo, cuyo territorio comparten la RAAN y el vecino departamento de Jinotega y que es considerada uno de los "pulmones" del planeta.

El huracán arrasó acabó con los sembrados, según recordaron a EFE los indígenas miskitos durante una expedición de cuatro días por las comunidades de Waspam, encabezada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

'Félix' arrasó con todos los cultivos y los árboles frutales en Waspam. No había nada, recuerda el miskito Ismael Dixon, historiador local.

Los habitantes de esta zona, que basan su actividad económica en la agricultura, la explotación de la madera y la pesca, utilizan sus cosechas para su propio consumo y para la primitiva economía de intercambio con otras comunidades vecinas.

Aquí no hay tiendas, ni comercio, ni otra fuente de abastecimiento de alimentos que no sea la propia tierra.

Tampoco hay empresas ni industrias donde los indígenas caribeños puedan emplear sus fuerzas.

El peligro de una hambruna es latente en estas comunidades de Waspam desde antes de que el huracán "Félix" arrasara la zona.

El poderoso ciclón puso aún "más de rodillas" a los vecinos de este lugar, afirman los nativos con su español rudimentario, pero reconocen, sin embargo, que sin la ayuda que recibieron tras el paso del ciclón, aún a cuentagotas, los estragos en esta zona hubieran sido aún más catastróficos.


Uno de los proyectos puestos en marcha con las ayudas recibidas, ejecutado por la FAO con organismos locales, que supuso una inversión de 2.3 millones de dólares donados por Dinamarca, Finlandia, Noruega, Suiza y Suecia, tuvo como fin la rehabilitación de las capacidades productivas y la prevención de incendios forestales en la RAAN.

Y es que el huracán "Félix" afectó a la economía, el patrimonio, la historia, las costumbres y al futuro de estas comunidades indígenas, y paralizó los esfuerzos que, hasta ese momento, estas personas habían hecho para superar la pobreza.

La FAO, en su búsqueda por evitar la hambruna que se avecinaba en la RAAN y promover la seguridad alimentaria en Nicaragua, apostó por entregar semillas de fríjol a las comunidades indígenas afectadas por el huracán "Félix".

En total distribuyeron 15 mil 657 quintales de semillas de fríjol a 20 mil 512 familias que habitan en 555 comunidades de la RAAN, a los que también brindaron asistencia técnica.

La cosecha del fríjol, el principal producto alimenticio de los indígenas caribeños, fue una "bendición" para esas comunidades donde habitan como promedio siete personas por familia, según los propios nativos de Waspam.

Los nativos comercializaron el fríjol a un promedio de 36 dólares el quintal; cambiaron parte de la producción por aceite, arroz, azúcar, café, jabón, harina, vestidos, zapatos y hasta bicicletas, un medio de transporte que resulta necesario en esta zona del país.

También dejaron para su consumo y para la siembra de la próxima cosecha y la hambruna, de momento, lograron paliarla, aunque todavía no es suficiente.

El fríjol fue una bendición bárbara. Una bendición grandísima a la comunidad, asegura Baldisso Toledo Tuckler, coordinador de una comunidad miskita.

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