Internacional
Muere Rodolfo Quezada Touriño el “cardenal de la paz”
El cardenal guatemalteco era una figura clave en la pacificación de Guatemala
SAN JOSÉ, GUATEMALA (05/JUN/2012).- Opositor a la minería a cielo abierto y a la exploración petrolera. El cardenal guatemalteco Rodolfo Quezada Toruño, personaje clave en la pacificación de Guatemala tras 36 años de conflicto bélico, murió ayer en la mañana en un hospital privado de la capital de su país, por una perforación intestinal.
El llamado “cardenal de la paz” tenía 80 años y el lunes se unió a los nicaragüenses Tomás Borge Martínez y Adolfo Calero, que murieron en los últimos días en una Centroamérica más violenta que en la época de la crisis militar que sacudió a la región en las décadas de 1970 y 1980, en la que fueron figuras esenciales de la guerra y de la paz del istmo.
En la catedral de Guatemala doblaban las campañas por Quezada, y en la sede del arzobispado se habían colocado grandes lazos negros y la bandera del Vaticano a media asta en señal de luto.
De 1987 a 1993, Quezada fue mediador entre la guerrilla guatemalteca, la más vieja de Centroamérica, y el Ejército de Guatemala, que ganó fama por las atrocidades en derechos humanos al aplicar la doctrina de seguridad nacional impulsada por Washington contra la ofensiva insurgente alentada por Cuba y la Unión Soviética en América Latina y el Caribe.
En 2003, Juan Pablo II le ordenó como el segundo cardenal de Guatemala, luego de Mario Casariego (fallecido en 1983), consolidándose en la cúpula eclesiástica de su país como influyente voz en una sociedad que arrastra traumas por décadas de permanente violencia. Fue incansable defensor de los pobres.
Educado en Centroamérica y Europa, el cardenal combatió la minería a cielo abierto y la exploración petrolera, por su impacto en la naturaleza, y cuestionó a los gobiernos guatemaltecos por sus deudas con los principales problemas de Guatemala: pobreza e inseguridad.
El llamado “cardenal de la paz” tenía 80 años y el lunes se unió a los nicaragüenses Tomás Borge Martínez y Adolfo Calero, que murieron en los últimos días en una Centroamérica más violenta que en la época de la crisis militar que sacudió a la región en las décadas de 1970 y 1980, en la que fueron figuras esenciales de la guerra y de la paz del istmo.
En la catedral de Guatemala doblaban las campañas por Quezada, y en la sede del arzobispado se habían colocado grandes lazos negros y la bandera del Vaticano a media asta en señal de luto.
De 1987 a 1993, Quezada fue mediador entre la guerrilla guatemalteca, la más vieja de Centroamérica, y el Ejército de Guatemala, que ganó fama por las atrocidades en derechos humanos al aplicar la doctrina de seguridad nacional impulsada por Washington contra la ofensiva insurgente alentada por Cuba y la Unión Soviética en América Latina y el Caribe.
En 2003, Juan Pablo II le ordenó como el segundo cardenal de Guatemala, luego de Mario Casariego (fallecido en 1983), consolidándose en la cúpula eclesiástica de su país como influyente voz en una sociedad que arrastra traumas por décadas de permanente violencia. Fue incansable defensor de los pobres.
Educado en Centroamérica y Europa, el cardenal combatió la minería a cielo abierto y la exploración petrolera, por su impacto en la naturaleza, y cuestionó a los gobiernos guatemaltecos por sus deudas con los principales problemas de Guatemala: pobreza e inseguridad.