Jalisco

Ausencias que matan

'El licenciado está presente. Ustedes no lo pueden ver, pero por supuesto que está aquí'

La frase no podía ser más elocuente: “El licenciado está presente. Ustedes no lo pueden ver, pero por supuesto que está aquí”. Es el rector Marco Antonio Cortés, que hoy rinde su informe de actividades, refiriéndose a la ausencia de Raúl Padilla en la inauguración de Papirolas. Hay diversas formas y niveles para interpretar esta cuasi confesión del rector, yo apunto solo algunas.

La primera es que el ex rector y presidente de la Fil se nos convirtió en una especie de ángel o de semidiós transfigurado que está en el cielo, en la tierra, en la rectoría, en Papirolas y en todo lugar. Como metáfora no es mala, pues “el licenciado” está en todas, incluyendo aquellas que no le tocan, cuantimás las que sí son de su incumbencia. Lo grave sería pensar que el Grupo Universidad, que hasta ayer era simplemente una expresión política muy fuerte, se nos haya convertido en secta y ahora seguir al líder pase incluso por un sentimiento de permanente acompañamiento y observación. Una de las características de los grupos religiosos en gestación es esta omnipresencia del “amadísimo líder” (para ponerlo en palabras de Rocky y Bullwinkle) que hace que la gente se sienta vigilada, por “él” que todo lo sabe, todo lo conoce y todo lo interpreta. Aleluya.

La segunda es que la eficiencia política del “licenciado” haya llegado a tal nivel de perfección que la conducción política sea “manos libres”, como en los teléfonos celulares: no tiene que estar para tener presencia, no tiene que hablar para ser escuchado, no requiere ordenar para ser obedecido. Esta interpretación manifestaría que un nivel de enfermedad institucional verdaderamente grave, digno de un diván del tamaño del Ixtaccíhuatl (la mujer dormida es en realidad el símbolo de una país en eterna terapia). Eso explicaría en buena medida las necesidades de presupuesto de la UdeG, porque el psicoanálisis es cualquier cosa, menos barato.

La tercera es que haya sido simple y llanamente una declaración desafortunada del rector para justificar la ausencia de Raúl Padilla que, después del zafarrancho con Alfaro, no se había presentado a uno solo de los actos protocolarios o ruedas de prensa a las que normalmente asistía, hasta ayer que no tuvo de otra y salió para insistir en que al “perro bravo” de Tlajomulco no le habían puesto correa. Que el rector tenga que explicar la ausencia del “importante” en un acto de la Universidad refleja con toda claridad la debilidad institucional, de la que el doctor Marco Antonio Cortés es la primera víctima y el gran cómplice. En política hay presencias incómodas y ausencias que matan. Pero sobre todo hay frases que por su sinceridad y humor involuntarios quedan para la posteridad. Ésta es una de ellas.

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