Jalisco

Cancún, Jal.

En tres patadas por Diego Petersen Farah

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Pocas cosas tan contradictorias como el turismo. Es hoy por hoy la actividad económica que genera más empleo por peso invertido y más desarrollo económico. Es la tercera fuente de divisas del país, pero ante la caída de la producción petrolera, que es la número uno, y la caída de las remesas por los problemas de la economía estadounidense, que es la segunda fuente de generación de divisas, el turismo es la apuesta más importante y más coherente que puede hacer el país. Al mismo tiempo, pocas actividades son tan depredadoras del medio ambiente como el turismo. Cuando hablan de un nuevo Cancún en Jalisco uno no puede sino tener ese doble sentimiento de aprobación, porque desde donde se vea es una buena noticia económica, y temor, porque el impacto será de medio, si se hacen bien las cosas, a muy alto, si se hacen con las patas.

Cancún convirtió al municipio de Benito Juárez, Quintana Roo, en uno de los de más alto Índice de Desarrollo Humano (IDH) y posteriormente arrastró a los municipios vecinos también a un desarrollo humano alto. Recordemos que el IDH mide no sólo el ingreso per capita, sino también el nivel de salud y educación.

Cancún es uno de los municipios más ricos, con más crecimiento, que ha desarrollado más oportunidades de trabajo y de negocio en las últimas tres décadas y tiene uno de los más altos índices de inversión extranjera directa, sólo después del Distrito Federal. Hoy por hoy tiene más tráfico aéreo que Guadalajara y Monterrey. Un Cancún, es decir un desarrollo turístico planificado, le cambiaría el rostro económico a Jalisco en 20 años y detonaría el desarrollo económico y la calidad de vida de una zona muy deprimida del Estado.

Pero Cancún es también un desastre ecológico. De aquel paraíso ya no queda nada, o casi nada. Literalmente se lo acabaron: la laguna ya no es lo que era, la playas se perdieron y los arrecifes de coral desaparecieron. Pero además, por contagio el turismo acabó con la riqueza natural de Playa del Carmen y de Cozumel. Un desarrollo turístico de alta densidad tiene un impacto ecológico innegable, cambia las condiciones de vida de una playa y de toda la región.

Nadie planea hacer un desastre ecológico, el asunto es al revés. El desastre ecológico se da por no planear adecuadamente las cosas y por no cumplir con los ordenamientos que parecen siempre exagerados a los ojos de los inversionistas. Necesitamos un buen desarrollo en la costa, que imite a Cancún pero que también aprenda de él. Un Cancún, Jal., no se puede permitir cometer los errores que se cometieron en Quinta Roo en los años setenta y ochenta del cada vez más lejano siglo pasado.

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