Jalisco

De bote pronto

En tres patadas por Diego Petersen Farah

Eliminar la tenencia fue una oferta de campaña de Felipe Calderón. Se trata de un impuesto federal que fue creado para que México pudiera cumplir con el compromiso de las Olimpiadas del 68. Luego se les hizo cómodo como forma de recaudación y lo dejaron. El impuesto recaudado por la federación era transmitido a los estados en forma proporcional.

El Gobierno federal cobraba, pero no lo usaba, de ahí que no les costó ningún trabajo derogarlo: a partir del 2012 la tenencia como impuesto federal no existirá más, y si los estados quieren ese dinero tendrán que cobrar un impuesto sustituto. El lunes, en una sorpresiva intervención, el diputado Abraham González sacó de su ronco pecho la propuesta de no crear ningún impuesto sustituto a la tenencia. El gobernador, hábil como es para el bote pronto, la remató diciendo que además el dinero de la última tenencia, la de 2011, sería integra para educación. Aplausos. ¿Y luego?

Eliminar el impuesto a la tenencia o uso del automóvil es una jugada política populista pero una torpeza en términos de política púbica. Nadie tiene duda de que la tenencia tal como estaba debía desaparecer. Perfecto. Pero eso no significa en automático que no deba existir otra cosa. Si nos quieren reducir impuestos, encantados, pero quiten los que afectan a los trabajadores, los que son más dañinos a la economía. Este impuesto, mal planteado de origen, es un impuesto a los que tienen carro nuevo o más o menos nuevo. Fue un planteamiento recaudatorio, y funcionó.

Ahora necesitamos un planteamiento de política pública que desincentive el uso de automóvil en la ciudad. Si los coches acabamos con las calles por el uso, somos los usuarios de automóvil los que debemos pagar la pavimentación; si los coches ocupamos la mayor parte de espacio público, somos los usuarios los que debemos compensar esa apropiación; si los coches somos los causantes del 90% de la contaminación tenemos que pagar por ensuciar el aire de todos. Hay muchas razones por las cuales los automovilistas deberíamos contribuir en forma diferenciada de quien no tiene carro, sobre todo porque se va a acabar la tenencia y el gasto público en mantenimiento de calles y construcción de nodo viales (elegantísimo nombre con el que llamamos a los antes vulgares puentes) seguirá igual.

Matar, por una ocurrencia de bote pronto esta posibilidad, es condenarnos al estancamiento. Dicen los que proponen esta medida que hay que sacar los recursos que dejarán de generarse por la eliminación de la tenencia de una reducción sustancial del gasto corriente. Perfecto, eso hay que hacerlo de cualquier manera, pero no confundamos la chicha con la limonada. Esta medida beneficia más a quienes tienen más carros y más caros y le terminará quitando recursos a los programas que benefician a los que menos tienen. Al tiempo.

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