Jalisco
El protocolo también es fondo
En tres patadas por Diego Petersen Farah
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El protocolo, tan enfadoso y superfluo, tiene una función muy específica: darle a cada quien su lugar para evitar cualquier malentendido, sentimiento o incluso una ofensa involuntaria. Las formas en política son fundamentales para que no se tensen las cosas por tonterías. Sabiendo todos cuál es el piso y el tamaño de la pista vamos a evitar que se den de pisotones. Esto viene a cuento porque el miércoles en la noche, en la cena de aniversario del Hospicio Cabañas en la que estuvo el presidente de la República, al alcalde de Guadalajara no lo sentaron en la mesa de honor sino en una segunda mesa con el secretario del Gobierno. El asunto no es personal, no es si Aristóteles Sandoval debió haber estado en una mesa u otra, sino sobre el presidente municipal de la ciudad, el anfitrión del presidente de la República.
Si fue un error, grave. Si fue una decisión tomada, el asunto es más grave aún. Vamos por partes.
El Estado Mayor Presidencial no puede equivocarse en un asunto así. Ellos siempre han llevado el protocolo y siempre lo han hecho muy bien. Son justamente los encargados de que el presidente de la República no se equivoque. Si es necesario, muy finamente, le evitan cometer errores. Sin duda cada presidente le impone su estilo y hay unos más fáciles que otros en términos de protocolo. Fox, por ejemplo, no fue de los fáciles, pero aun a él lo cuidaban. Con Vicente Fox era típico que citaban a eventos de corbata y el presidente aparecía sin ella. Por supuesto que no le obligaban al presidente a ponerse una corbata; se la quitaban a todos los demás.
En una relación tan delicada como es la del Gobierno del Estado, panista, y el alcalde de Guadalajara, priista, este detalle se debió haber cuidado tanto por parte de quienes apoyan a Aristóteles como por quienes apoyan en protocolo al gobernador Emilio González Marquez. Es evidente que no va a ser una relación fácil, es de naturaleza complicada. El alcalde tapatío es el candidato natural del PRI y es normal que el gobernador, de otro partido, no va a hacer nada por darle juego. Hasta ahí no hay problema, pero en lo institucional las cosas deben funcionar como reloj suizo para que esa relación delicada no se encienda por tonterías.
El protocolo es una de las cosas que en mi vida personal me importa verdaderamente un cacahuate. Pero cuando la vida política del Estado se puede ver afectada por una tontería de protocolo, hay que cuidarlo y hasta defenderlo. Ojalá haya sido simplemente un descuido.
El protocolo, tan enfadoso y superfluo, tiene una función muy específica: darle a cada quien su lugar para evitar cualquier malentendido, sentimiento o incluso una ofensa involuntaria. Las formas en política son fundamentales para que no se tensen las cosas por tonterías. Sabiendo todos cuál es el piso y el tamaño de la pista vamos a evitar que se den de pisotones. Esto viene a cuento porque el miércoles en la noche, en la cena de aniversario del Hospicio Cabañas en la que estuvo el presidente de la República, al alcalde de Guadalajara no lo sentaron en la mesa de honor sino en una segunda mesa con el secretario del Gobierno. El asunto no es personal, no es si Aristóteles Sandoval debió haber estado en una mesa u otra, sino sobre el presidente municipal de la ciudad, el anfitrión del presidente de la República.
Si fue un error, grave. Si fue una decisión tomada, el asunto es más grave aún. Vamos por partes.
El Estado Mayor Presidencial no puede equivocarse en un asunto así. Ellos siempre han llevado el protocolo y siempre lo han hecho muy bien. Son justamente los encargados de que el presidente de la República no se equivoque. Si es necesario, muy finamente, le evitan cometer errores. Sin duda cada presidente le impone su estilo y hay unos más fáciles que otros en términos de protocolo. Fox, por ejemplo, no fue de los fáciles, pero aun a él lo cuidaban. Con Vicente Fox era típico que citaban a eventos de corbata y el presidente aparecía sin ella. Por supuesto que no le obligaban al presidente a ponerse una corbata; se la quitaban a todos los demás.
En una relación tan delicada como es la del Gobierno del Estado, panista, y el alcalde de Guadalajara, priista, este detalle se debió haber cuidado tanto por parte de quienes apoyan a Aristóteles como por quienes apoyan en protocolo al gobernador Emilio González Marquez. Es evidente que no va a ser una relación fácil, es de naturaleza complicada. El alcalde tapatío es el candidato natural del PRI y es normal que el gobernador, de otro partido, no va a hacer nada por darle juego. Hasta ahí no hay problema, pero en lo institucional las cosas deben funcionar como reloj suizo para que esa relación delicada no se encienda por tonterías.
El protocolo es una de las cosas que en mi vida personal me importa verdaderamente un cacahuate. Pero cuando la vida política del Estado se puede ver afectada por una tontería de protocolo, hay que cuidarlo y hasta defenderlo. Ojalá haya sido simplemente un descuido.