Jalisco

En Tres Patadas

Ansias de novillero

Si algo no se les puede reclamar a los nuevos alcaldes es el ímpetu: llegaron como trompos chilladores, hiperactivos y con muchas ganas, si no de hacer cosas, sí de salir en los medios. Y no es que no quieran hacer, es que en la práctica no pueden hacer nada: no han terminado de tomar control de sus respectivos ayuntamientos, no tienen claro qué van a hacer (pasar de la ideas y promesas de campaña a planes gubernamentales se lleva por lo menos seis meses) pero sobre todo, no tienen dinero. Las participaciones llegarán, si bien les va, en marzo y el predial apenas le va a ajustar para pagar nómina y mantener operación básica, y en el caso de Tonalá ni para eso.

Así las cosas, lo único que les queda es moverse para salir en la foto y al menos tres de ellos, Aristóteles Sandoval (Guadalajara), Héctor Vielma (Zapopan) y Enrique Alfaro (Tlajomulco) están gobernando para las ocho columnas. (Toño Mateos, de Tonalá, las gana por de fault por las penurias del municipio).

Una forma de salir en la foto han sido las denuncias contra las administraciones anteriores, algunas de ellas totalmente justificables y comprensibles, el problema es que generan una gran expectativa que si no se concreta se convierte en un bumerang.

Enrique Alfaro ha sido vehemente en este tema, y si los resultados no son del tamaño de la vehemencia le van a chiflar como al cohetero.

Aristóteles había sido más prudente y dijo que se iba a ir con calma y sólo hablaría de denuncias presentadas, pero le ganó la presión, y cuando bajó las primeras cartas con la denuncia de robo de armamento resultó ser un par de cuatros: las armas perdidas eran macanas y esposas. Otra estrategia ha sido oponerse a las obras del Gobierno del Estado, lo cual da nota pero no resultados, y tiene un costo en el mediano plazo político.

Cuando los panistas llegaron a poder en bola en 1995 hicieron lo mismo y los resultados fueron nulos: nadie fue a la cárcel por corrupción y el desgaste por la expectativa incumplida fue enorme. Curiosamente, el único de los alcaldes metropolitanos que no se ha metido en esos temas es Miguel Castro (Tlaquepaque) que ya fue alcalde y sabe que en estos meses de arranque y sin dinero es mejor hacer política que hacer medios.

Un torero hecho se tira a matar cuando tiene al toro dominado.

A Aristóteles, Vielma y Alfaro se les está notando demasiado las ansias de novillero.


diego.petersen@informador.com.mx

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