Jalisco
Escribir ajeno, un oficio en extinción
Escribanos del Centro Histórico tapatío aseguran que con la llegada de la computadora su trabajo se ha disminuido
GUADALAJARA, JALISCO (10/JUL/2013).- Sólo quedan ocho escribanos o evangelistas, y todos son hombres. Se acomodan en fila con sus escritorios en la Plaza Tapatía a ofrecer sus servicios para, a cambio de un pago, redactar cualquier tipo de texto.
“Con esto de la computadora se ha ido acabando, la verdad”, asegura José Luis Partida, quien tiene 40 años en el oficio. A su parecer, el futuro de los escribanos es la desaparición, pues ellos son la última generación de un grupo que inició en la década de los 40 y no se ve interés de jóvenes que se acerquen a formarse en la actividad. La demanda de los servicios de los escribanos bajó al tiempo que proliferó la computadora, coincide Roberto Hernández, con 35 años dedicados a esta labor.
El más longevo tiene 55 años trabajando en el lugar, y el más reciente 20; se reparten por la Plaza Tapatía, en el Paseo Degollado, Paseo Colón, y Avenida Hidalgo. Todos poseen una licencia del Ayuntamiento de Guadalajara, informa Juan José Larios Vázquez, titular de la Unidad de Inspección a Mercados y Comercios en Espacios Abiertos. Desde hace 10 años se regula a los escribanos, que deben renovar anualmente sus permisos. En caso de no tenerlo, los inspectores municipales los aperciben y los infraccionan.
Los inicios de este grupo fueron en la Plaza Liberación, con la vocación de escribir todo lo que sus clientes pidieran: desde documentos legales hasta cartas personales; se les solicitaba por la ventaja que era tener un texto escrito a máquina, a la que no todos tenían acceso, y porque no muchas personas sabían leer ni escribir.
Posteriormente los reubicaron a la calle Morelos, afuera del Edificio Camarena, y de unos 20 años para acá su sitio ha sido la Plaza Tapatía. Cuando José Luis Partida inició, recuerda que se enfilaban unos 40 evangelistas en su grupo. Había más en San Juan de Dios, en el jardín de Aranzazú y en San Juan Bosco; ahora ellos sólo tienen registro de que quedan los de esa plaza.
“Con esto de la computadora se ha ido acabando, la verdad”, asegura José Luis Partida, quien tiene 40 años en el oficio. A su parecer, el futuro de los escribanos es la desaparición, pues ellos son la última generación de un grupo que inició en la década de los 40 y no se ve interés de jóvenes que se acerquen a formarse en la actividad. La demanda de los servicios de los escribanos bajó al tiempo que proliferó la computadora, coincide Roberto Hernández, con 35 años dedicados a esta labor.
El más longevo tiene 55 años trabajando en el lugar, y el más reciente 20; se reparten por la Plaza Tapatía, en el Paseo Degollado, Paseo Colón, y Avenida Hidalgo. Todos poseen una licencia del Ayuntamiento de Guadalajara, informa Juan José Larios Vázquez, titular de la Unidad de Inspección a Mercados y Comercios en Espacios Abiertos. Desde hace 10 años se regula a los escribanos, que deben renovar anualmente sus permisos. En caso de no tenerlo, los inspectores municipales los aperciben y los infraccionan.
Los inicios de este grupo fueron en la Plaza Liberación, con la vocación de escribir todo lo que sus clientes pidieran: desde documentos legales hasta cartas personales; se les solicitaba por la ventaja que era tener un texto escrito a máquina, a la que no todos tenían acceso, y porque no muchas personas sabían leer ni escribir.
Posteriormente los reubicaron a la calle Morelos, afuera del Edificio Camarena, y de unos 20 años para acá su sitio ha sido la Plaza Tapatía. Cuando José Luis Partida inició, recuerda que se enfilaban unos 40 evangelistas en su grupo. Había más en San Juan de Dios, en el jardín de Aranzazú y en San Juan Bosco; ahora ellos sólo tienen registro de que quedan los de esa plaza.