Jalisco
La fábula de la panela y el cine
Algo pasa con el Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG) que ''no termina de cuajar''
Algo pasa con el Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG) que “no termina de cuajar”, como decimos los tapatíos honrando la herencia ranchera. Como las panelas, en su momento de definición el FICG no cuajó, no se solidificó, no se concretó. Las alfombras rojas son cada año más grandes y tristes, y el desfile menos luminoso. No hay luminarias porque el Festival no está en el circuito internacional, y no está no por falta de voluntad, ganas, recursos, impulso o trabajo. Simplemente porque no cuajó.
La comparación con la Feria Internacional del Libro es obligada. Es la misma Universidad, el mismo presidente del patronato, el mismo talento, los mismos entusiastas patrocinadores y la misma ciudad. Con una ventaja para el Festival Internacional de Cine en Guadalajara: cuando nació tenía al frente al crítico más importante del cine mexicano, Emilio García Riera, capaz de atraer a todos los personajes de la industria como abejas a la miel. Es cierto, Guadalajara no era una ciudad productora de cine, como no lo era (ni es) de libros; Guadalajara nunca ha sido una ciudad lectora, pero sí, en cambio, una ciudad con gran afición al cine: Cinépolis, el grupo de exhibición de películas más grande del país, es una empresa moreliana, pero se desarrolló y creció en Guadalajara. La FIL se convirtió en una de las cinco ferias más importantes del mundo; el FICG difícilmente sale de los confines del país. La FIL es noticia de primera plana en El País de España; el FICG apenas conquista las primeras planas de espectáculos en la Ciudad de México. La feria está en la agenda de los tapatíos; el Festival pasa sin mayor gloria.
Tras 25 años de existencia, el FICG tiene que plantearse hacia dónde va. No es un problema de tiempo de maduración. Ninguna empresa de 25 años puede considerarse en desarrollo. Hay mucho esfuerzo, talento y dinero público invertido en este Festival a lo largo de un cuarto de siglo como para dejar que se caiga. Hoy no es, como fue en sus primeros años, el espacio de encuentro del cine nacional, ni tampoco un festival internacional con peso. Yo puedo decir que las películas más memorables que he visto en los últimos años han sido gracias al festival y eso para mi es razón suficiente para pelear por su sobrevivencia. Pero este es un asunto de la ciudad, no sólo de los organizadores o de la Universidad. Son ellos los que nos tienen que convocar a los tapatíos a consolidar el festival, pero tienen que abrirlo. Como en las panelas, es difícil establecer por qué una de entre varias iguales, hechas con la misma receta, no cuajó. La única solución es volverla a hacer.
Nota: Por cierto, hablando de películas memorables, el miércoles se exhibe El secreto de tus ojos, la película argentina ganadora del Óscar. El azar me permitió verla en octubre pasado en Buenos Aires y es maravillosa.
No se la pierda, es una de esas joyas que nos regala el Festival.
La comparación con la Feria Internacional del Libro es obligada. Es la misma Universidad, el mismo presidente del patronato, el mismo talento, los mismos entusiastas patrocinadores y la misma ciudad. Con una ventaja para el Festival Internacional de Cine en Guadalajara: cuando nació tenía al frente al crítico más importante del cine mexicano, Emilio García Riera, capaz de atraer a todos los personajes de la industria como abejas a la miel. Es cierto, Guadalajara no era una ciudad productora de cine, como no lo era (ni es) de libros; Guadalajara nunca ha sido una ciudad lectora, pero sí, en cambio, una ciudad con gran afición al cine: Cinépolis, el grupo de exhibición de películas más grande del país, es una empresa moreliana, pero se desarrolló y creció en Guadalajara. La FIL se convirtió en una de las cinco ferias más importantes del mundo; el FICG difícilmente sale de los confines del país. La FIL es noticia de primera plana en El País de España; el FICG apenas conquista las primeras planas de espectáculos en la Ciudad de México. La feria está en la agenda de los tapatíos; el Festival pasa sin mayor gloria.
Tras 25 años de existencia, el FICG tiene que plantearse hacia dónde va. No es un problema de tiempo de maduración. Ninguna empresa de 25 años puede considerarse en desarrollo. Hay mucho esfuerzo, talento y dinero público invertido en este Festival a lo largo de un cuarto de siglo como para dejar que se caiga. Hoy no es, como fue en sus primeros años, el espacio de encuentro del cine nacional, ni tampoco un festival internacional con peso. Yo puedo decir que las películas más memorables que he visto en los últimos años han sido gracias al festival y eso para mi es razón suficiente para pelear por su sobrevivencia. Pero este es un asunto de la ciudad, no sólo de los organizadores o de la Universidad. Son ellos los que nos tienen que convocar a los tapatíos a consolidar el festival, pero tienen que abrirlo. Como en las panelas, es difícil establecer por qué una de entre varias iguales, hechas con la misma receta, no cuajó. La única solución es volverla a hacer.
Nota: Por cierto, hablando de películas memorables, el miércoles se exhibe El secreto de tus ojos, la película argentina ganadora del Óscar. El azar me permitió verla en octubre pasado en Buenos Aires y es maravillosa.
No se la pierda, es una de esas joyas que nos regala el Festival.