Jalisco
La lesión de Jorge
El domingo pasado el gobernador del Estado se lastimó una rodilla jugando futbol
GUADALAJARA, JALISCO (26/MAR/2014).- Hacía un calorón. Estábamos inspirados por Messi y se armó una cascarita informal en un jardín. Ahí en el colegio de su hija lo llamamos Jorge o “Aris”, ahí no es el gobernador. Ahí es uno más, como cualquier padre.
El Sol estaba a pleno, la música sonaba muy fuerte; era la kermés de la escuela y él asistió como el año anterior, y el anterior, y así. Después de tantos años de convivencia, ya todos estamos acostumbrados a él. Sus guaruras lo dejan muy tranquilo, se ponen a distancia; ya nadie les hace caso.
Como cada año, simplemente se levantó con un grupo de niños y adultos a jugar futbol cuando le tocaba. Sexto contra sexto; el A contra el B.
Normalmente juegan ocho contra ocho, pero había hasta 10 chavos. Una mezcla de padres e hijos. Jorge iba de mezclilla y tenis.
Eran como a las cuatro y media de la tarde. El campo con líneas apenas pintadas no era para futbol, también se usa para jugar volibol. No hay porterías, ni gradas; es el jardín grande del colegio.
Ya picaba el calor, pero Jorge se combinaba mejor con los niños que con los adultos. A nadie sorprendió lo que vimos: siempre que puede juega soccer. Él es bueno pa´l “fucho”. A puro pase corto y pique, así como el Barcelona (risas). Corre y trata de retener el balón.
Pasaron unos 20 minutos. Alguien levantó un pase: Jorge brincó solo, sin marca, controló el balón con el pecho, pero al caer, pisó mal. Eso fue todo.
Su rodilla y tobillo se llevaron la peor parte, por lo que supe después. Yo no escuché nada, ni un quejido. Estaba la música a todo volumen.
Todo comenzó a ser un poco más lento, excepto por la velocidad de un par de guaruras que llegaron en segundos a ayudarlo, driblando a los niños que se habían quedado inmóviles. No había visto correr a nadie así en años.
Se tomaba la rodilla. Los que estábamos jugando hicimos una rueda alrededor de él, más sorprendidos que curiosos. Alguien preguntó: “¿Quién fue el señorón que le pegó para que vaya empacando?” No hubo respuesta. Él brinco y cayó mal; solito se fregó un ligamento, supongo.
Apretaba los dientes. Se veía que le dolía mucho, mucho, pero sólo se oía la música, cada vez yo la sentía más fuerte.
Llegaron muy rápido dos paramédicos. Sus guardaespaldas se apartaron un poco. Siguiendo precisas instrucciones, uno de ellos corrió por una camilla.
No habían pasado más de cinco minutos desde la lesión. Nadie hablaba mucho, y tampoco pidieron que se apagara la música.
Lo llevaron a una ambulancia. Se sube Giovanna, su hija, y Lorena, su esposa. No parecían demasiado agobiadas. Llevaba la rodilla fregada, pero no le iba a pasar nada grave. Eso espero.
A plena luz del día, con ese calorón, se fue la ambulancia por el camino (sin la sirena prendida), muy discreta. Y atrás, decenas de Suburban.
* Reconstrucción aproximada narrada en primera persona por un testigo que presenció el incidente.
El Sol estaba a pleno, la música sonaba muy fuerte; era la kermés de la escuela y él asistió como el año anterior, y el anterior, y así. Después de tantos años de convivencia, ya todos estamos acostumbrados a él. Sus guaruras lo dejan muy tranquilo, se ponen a distancia; ya nadie les hace caso.
Como cada año, simplemente se levantó con un grupo de niños y adultos a jugar futbol cuando le tocaba. Sexto contra sexto; el A contra el B.
Normalmente juegan ocho contra ocho, pero había hasta 10 chavos. Una mezcla de padres e hijos. Jorge iba de mezclilla y tenis.
Eran como a las cuatro y media de la tarde. El campo con líneas apenas pintadas no era para futbol, también se usa para jugar volibol. No hay porterías, ni gradas; es el jardín grande del colegio.
Ya picaba el calor, pero Jorge se combinaba mejor con los niños que con los adultos. A nadie sorprendió lo que vimos: siempre que puede juega soccer. Él es bueno pa´l “fucho”. A puro pase corto y pique, así como el Barcelona (risas). Corre y trata de retener el balón.
Pasaron unos 20 minutos. Alguien levantó un pase: Jorge brincó solo, sin marca, controló el balón con el pecho, pero al caer, pisó mal. Eso fue todo.
Su rodilla y tobillo se llevaron la peor parte, por lo que supe después. Yo no escuché nada, ni un quejido. Estaba la música a todo volumen.
Todo comenzó a ser un poco más lento, excepto por la velocidad de un par de guaruras que llegaron en segundos a ayudarlo, driblando a los niños que se habían quedado inmóviles. No había visto correr a nadie así en años.
Se tomaba la rodilla. Los que estábamos jugando hicimos una rueda alrededor de él, más sorprendidos que curiosos. Alguien preguntó: “¿Quién fue el señorón que le pegó para que vaya empacando?” No hubo respuesta. Él brinco y cayó mal; solito se fregó un ligamento, supongo.
Apretaba los dientes. Se veía que le dolía mucho, mucho, pero sólo se oía la música, cada vez yo la sentía más fuerte.
Llegaron muy rápido dos paramédicos. Sus guardaespaldas se apartaron un poco. Siguiendo precisas instrucciones, uno de ellos corrió por una camilla.
No habían pasado más de cinco minutos desde la lesión. Nadie hablaba mucho, y tampoco pidieron que se apagara la música.
Lo llevaron a una ambulancia. Se sube Giovanna, su hija, y Lorena, su esposa. No parecían demasiado agobiadas. Llevaba la rodilla fregada, pero no le iba a pasar nada grave. Eso espero.
A plena luz del día, con ese calorón, se fue la ambulancia por el camino (sin la sirena prendida), muy discreta. Y atrás, decenas de Suburban.
* Reconstrucción aproximada narrada en primera persona por un testigo que presenció el incidente.