Jalisco
Lo urgente y lo importante
En tres patadas por Diego Petersen Farah
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Los ciudadanos no habitamos municipios, habitamos ciudades. Dormimos, comemos y trabajamos en una ciudad aunque, quizá sin enterarnos, hagamos cada una de estas actividades en un municipio distinto. Pero no sólo no nos enteramos, sino que además nos importa un bledo. A los únicos que les importa dónde termina un municipio es a los alcaldes y a los cobradores de impuestos. A ellos les va la vida en el límite municipal, al resto de los mortales la vida nos va en la ciudad. Los alcaldes se preocupan (ahora sí que suponiendo sin conceder, como dicen los abogados) por dar resultados en sus municipios, los ciudadanos evaluamos a los políticos en función del pedazo de ciudad que usamos. Tenemos esquemas administrativos que no corresponden con la realidad, y si ya de por sí es difícil administrar una ciudad, más difícil es cuando nos empeñamos en pelearnos con ella.
La metropolización tiene muchos temas urgentes, pero hay dos importantes para la calidad de vida y para la competitividad de ciudad (que suena a rollo, pero es lo que a la larga nos dará de comer): la homologación de reglamentos y planeación.
No podemos pensar la ciudad a cachos. Lo que pasa en un lado afecta a todos. El ejemplo más claro se llama Tlajomulco. Las decisiones que ahí se tomaron en permisos de construcción en sucesivas administraciones hipotecaron el desarrollo del resto de la ciudad (deberíamos tener una calle que se llamara “Alcaldes de Tlajomulco” con estatuas de cada uno de ellos, no se nos vaya a olvidar quiénes fueron los responsables de ese desastre). Lo mismo sucede con un montón de decisiones que toman alcaldes y regidores de los diferentes municipios y nos pasan a perjudicar a todos. La ciudad, pues, debe planearse como una sola cosa. La casa es de todos pero es una, aunque cada quien pague la renta de su cuarto por separado.
El tema de un Instituto Metropolitano de Planeación es la mejor herencia que pueden dejar los alcaldes. Los panistas no lo lograron por celos de grupos, ojalá los actuales puedan concretarlo.
El otro tema es la homologación de reglamentos. No es posible que para abrir un negocio en Tlaquepaque, Zapopan o Guadalajara las reglas sean distintas, pero sobre todo, que los alcaldes no entiendan que la inversión o falta de ella en la ciudad afecta la calidad de vida de todos los habitantes, no sólo a los del municipio que la perdió. Además, no es posible que por el simple hecho de cambiar de municipio, un ciudadano esté obligado a cosas distintas. Al homologar reglamentos nos daremos cuenta que más de la mitad de cada municipio son absurdos e inservibles; una ganancia extra.
Hay muchas cosas urgentes. Estas dos son importantes. Para las primeras bastan los políticos, para las importantes hacen falta estadistas.
Los ciudadanos no habitamos municipios, habitamos ciudades. Dormimos, comemos y trabajamos en una ciudad aunque, quizá sin enterarnos, hagamos cada una de estas actividades en un municipio distinto. Pero no sólo no nos enteramos, sino que además nos importa un bledo. A los únicos que les importa dónde termina un municipio es a los alcaldes y a los cobradores de impuestos. A ellos les va la vida en el límite municipal, al resto de los mortales la vida nos va en la ciudad. Los alcaldes se preocupan (ahora sí que suponiendo sin conceder, como dicen los abogados) por dar resultados en sus municipios, los ciudadanos evaluamos a los políticos en función del pedazo de ciudad que usamos. Tenemos esquemas administrativos que no corresponden con la realidad, y si ya de por sí es difícil administrar una ciudad, más difícil es cuando nos empeñamos en pelearnos con ella.
La metropolización tiene muchos temas urgentes, pero hay dos importantes para la calidad de vida y para la competitividad de ciudad (que suena a rollo, pero es lo que a la larga nos dará de comer): la homologación de reglamentos y planeación.
No podemos pensar la ciudad a cachos. Lo que pasa en un lado afecta a todos. El ejemplo más claro se llama Tlajomulco. Las decisiones que ahí se tomaron en permisos de construcción en sucesivas administraciones hipotecaron el desarrollo del resto de la ciudad (deberíamos tener una calle que se llamara “Alcaldes de Tlajomulco” con estatuas de cada uno de ellos, no se nos vaya a olvidar quiénes fueron los responsables de ese desastre). Lo mismo sucede con un montón de decisiones que toman alcaldes y regidores de los diferentes municipios y nos pasan a perjudicar a todos. La ciudad, pues, debe planearse como una sola cosa. La casa es de todos pero es una, aunque cada quien pague la renta de su cuarto por separado.
El tema de un Instituto Metropolitano de Planeación es la mejor herencia que pueden dejar los alcaldes. Los panistas no lo lograron por celos de grupos, ojalá los actuales puedan concretarlo.
El otro tema es la homologación de reglamentos. No es posible que para abrir un negocio en Tlaquepaque, Zapopan o Guadalajara las reglas sean distintas, pero sobre todo, que los alcaldes no entiendan que la inversión o falta de ella en la ciudad afecta la calidad de vida de todos los habitantes, no sólo a los del municipio que la perdió. Además, no es posible que por el simple hecho de cambiar de municipio, un ciudadano esté obligado a cosas distintas. Al homologar reglamentos nos daremos cuenta que más de la mitad de cada municipio son absurdos e inservibles; una ganancia extra.
Hay muchas cosas urgentes. Estas dos son importantes. Para las primeras bastan los políticos, para las importantes hacen falta estadistas.