México
CRÓNICA: En sólo 20 minutos resuelven sancionar
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Ya desde el principio, cuando la sesión del Instituto Federal Electoral no tenía ni 20 minutos de vida, todo lo que tenía que decirse quedó dicho. Las dos principales televisoras del país ahora sí serían sancionadas. “Contamos con una prueba técnica fehaciente que no deja lugar a dudas e interpretaciones”, rezaba la sentencia.
“En pocas palabras, estamos ante la omisión, la no transmisión de mensajes promocionales de los partidos políticos y de las autoridades electorales”, manifestó el secretario ejecutivo del organismo, Edmundo Jacobo.
Segundos después intervino Marco Antonio Gómez. Él —uno de los que la semana anterior promovieron y votaron el sobreseimiento de las imputaciones a tales empresas— anunció que acompañaría el sentido de los proyectos que se presentaban. El consejero —de gran parecido con Ledo, el personaje malévolo que en la película Ustedes los ricos confesaba, tras la golpiza que le dio Pedro Infante: “¡Pepe el Toro es inocente!”— no habló de la inocencia de Televisa o de TV Azteca, pero sí trató de justificarse, dijo que en esta ocasión “sí hay una falta perfectamente tipificada”.
La respuesta no tardó en llegar. El consejero Alfredo Figueroa, de los que en la sesión anterior perdieron la votación, expresó muy serio, con su voz grave: “Aquí otra vez se encuentran elementos para hacer una sanción, no a diferencia de ella, igual que la semana pasada”.
Y casi dos horas después, uno a uno, los nueve integrantes del Consejo General del IFE levantaban las manos. Los proyectos, con las sanciones, las multas económicas y la obligación de las televisoras de transmitir los mensajes que en seguimiento de sus estrategias dejaron guardados el 7 y 8 de febrero, quedaban aprobados.
“Actuaron no en seguimiento del Cofipe, sino del síndrome de la Chimoltrufia, así como dijeron una cosa, dijeron la otra”, comentaba, de puño y letra en una tarjeta que escribió y se guardó, uno de los congregados a la mesa en forma de herradura.
Sesión breve. Antes de que se iniciara, eran evidentes las actitudes de nerviosismo, los gestos de circunstancia, las sonrisas para las cámaras. Listo estaba el ejército de funcionarios y asesores, casi un centenar, atildados hombres con sus máquinas computadoras, laptops en las que aparecían los dictámenes que serían discutidos.
(Fidel Samaniego/El Universal)
“En pocas palabras, estamos ante la omisión, la no transmisión de mensajes promocionales de los partidos políticos y de las autoridades electorales”, manifestó el secretario ejecutivo del organismo, Edmundo Jacobo.
Segundos después intervino Marco Antonio Gómez. Él —uno de los que la semana anterior promovieron y votaron el sobreseimiento de las imputaciones a tales empresas— anunció que acompañaría el sentido de los proyectos que se presentaban. El consejero —de gran parecido con Ledo, el personaje malévolo que en la película Ustedes los ricos confesaba, tras la golpiza que le dio Pedro Infante: “¡Pepe el Toro es inocente!”— no habló de la inocencia de Televisa o de TV Azteca, pero sí trató de justificarse, dijo que en esta ocasión “sí hay una falta perfectamente tipificada”.
La respuesta no tardó en llegar. El consejero Alfredo Figueroa, de los que en la sesión anterior perdieron la votación, expresó muy serio, con su voz grave: “Aquí otra vez se encuentran elementos para hacer una sanción, no a diferencia de ella, igual que la semana pasada”.
Y casi dos horas después, uno a uno, los nueve integrantes del Consejo General del IFE levantaban las manos. Los proyectos, con las sanciones, las multas económicas y la obligación de las televisoras de transmitir los mensajes que en seguimiento de sus estrategias dejaron guardados el 7 y 8 de febrero, quedaban aprobados.
“Actuaron no en seguimiento del Cofipe, sino del síndrome de la Chimoltrufia, así como dijeron una cosa, dijeron la otra”, comentaba, de puño y letra en una tarjeta que escribió y se guardó, uno de los congregados a la mesa en forma de herradura.
Sesión breve. Antes de que se iniciara, eran evidentes las actitudes de nerviosismo, los gestos de circunstancia, las sonrisas para las cámaras. Listo estaba el ejército de funcionarios y asesores, casi un centenar, atildados hombres con sus máquinas computadoras, laptops en las que aparecían los dictámenes que serían discutidos.
(Fidel Samaniego/El Universal)