México
Malestar económico, factor clave para entrar al narco
La falta de oportunidades y la condición social en la que viven provoca que cada vez más los jóvenes se unan a los cárteles
PRIMERA PARTE
CIUDAD DE MÉXICO.- En las mil y una formas de cruzar droga hacia Estados Unidos, los narcotraficantes han intensificado la utilización de estudiantes de secundaria o de preparatoria mexicalenses que “enganchan” a través del aviso clasificado o con sus propios amigos.
En esta modalidad, que se narra en las historias de David, Marcos, Jesús, Alonso y Daniel, los traficantes prefieren los servicios de jóvenes como “burreros”, para que puedan salir fácilmente de la cárcel en el vecino país, donde la mayoría de edad se alcanza a los 21 años.
“Tú sabes si lo tomas o lo dejas, pero te aseguran que es muy fácil pasar unos kilos de cocaína o mariguana en un carro. Y para que tomes confianza te ponen como acompañante a algún cruzador con mayor experiencia”, explica David.
“Así te convencen para que aceptes cruzar el vehículo con la droga a El Centro, California, y de allí lo toma otro que la lleva hasta Los Ángeles o a donde le digan”, comenta el entrevistado.
A él, refiere, lo detuvieron en su tercer viaje y estuvo dos años en la prisión de Calipatria, California. “Me dieron una sentencia menor, ya que era la primera vez que me agarraban, además de que tenía 17 años de edad”.
David es conocido como El Huerco. Tiene 19 años y vive en el fraccionamiento Jardines del Lago. Cursaba el cuarto semestre en el Colegio de Bachilleres, en el plantel Baja California, cuando fue “enganchado”.
Relata que los narcotraficantes le ofrecieron cruzar mariguana, por lo que recibiría 2 mil dólares como pago. “No tenía mucha necesidad, pero me gustó la idea de ganar 2 mil dólares en una sola ocasión para comprarme ropa y más cosas”, dijo durante la charla.
Sin embargo, luego de tres cruces de enervantes, fue detenido el 14 de mayo de 2007.
El Huerco fue condenado a nueve meses en “los tanques”, como se le conoce a la prisión del condado Imperial, en El Centro, California.
En esa ocasión le encontraron 20 kilos de mariguana y por ser la primera vez alcanzó libertad antes de cumplir un año de condena.
Ahora ya no podrá ingresar a Estados Unidos hasta que hayan transcurrido 10 años y eso si pide perdón al gobierno estadounidense, por medio de la embajada mexicana.
El centro de la atención
Jesús Abraham disfrutaba llegar a los antros, ser el centro de la atención, tanto de meseros como de las adolescentes que estaban en dicho lugar de esparcimiento.
Y no era para menos, el jovencito veinteañero estudiante, en ese entonces, de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Autónoma de Baja California, disfrutaba al llevar entre 2 mil y 3 mil dólares y sentirse el rey por esa noche.
“Me gustaba llegar con mucho dinero, que me tendieran alfombra roja, que los meseros me sirvieran de todo y rápido y que las chicas me siguieran a donde fuera”, describe Jesús Abraham su asistencia a los antros.
Gozaba de su departamento moderno, de su auto recién salido de agencia y de la compañía de sus amigos, quienes constantemente querían estar y disfrutar con él.
“Vivía como en un sueño, con cierto poder, pero cuando regresas a la realidad, ésta es como un infierno, se te acaba todo en un momento”.
Hermano de otro joven que purga una condena de 20 años por los delitos de secuestro y asesinato, Jesús Abraham ya no se dedica al narcotráfico.
“Sin embargo, cuando salí de la cárcel en Caléxico, a donde fui remitido por traficar con cocaína, sí quería volver a dedicarme al tráfico de droga”.
“Luego la pensé más y decidí dedicarme a hacer artesanía, lo que me ha servido para sobrevivir”, comenta quien actualmente vive en un estado sureño, en donde pretende retomar su vida.
Al igual que Jesús Abraham, cada vez más jóvenes son atraídos por el crimen organizado, debido al placer de sentir poder o por tener dinero fácil.
-Marcos, “cruzador” y “enganchador”
Atraído por el dinero fácil, Marcos aceptó cruzar droga hacia Estados Unidos y fue sorprendido por las autoridades norteamericanas. Lo único que lo salvó de purgar una larga condena en prisión fue su edad, ya que es menor de 21 años.
Marcos, un mexicalense de nacimiento que desde los 18 anda en el ambiente del narcotráfico, comenta que le pagan 800 dólares por carro que pasa con droga.
Relató que la primera vez que se animó a pasar droga a Estados Unidos, “le fue tan bien”, que decidió aventarse seis ocasiones más.
“Si la piensas no te animas. Y lo mejor es no saber dónde va el ‘clavo’ ni de qué es, porque si te pasan a segunda revisión (en las garitas) y husmean por donde está la ‘merca’, te pones bien nervioso y te tuercen”, nos narra.
El escondite perfecto para la droga
Al lugar donde se esconde la droga se le llama “clavo”, explica el “burrero”.
“Si es una Suburban, se hace en la cajuela o el tablero; en un Golf, los asientos son los buenos, y en las pick up, en la parte de la caja”.
La primera vez que crucé droga, dijo, la pusieron debajo de los asientos y allí ni revisaron.
Explicó que los “enganchadores” son los responsables de reclutar “burreros”, conocen la sicología de los agentes de la Aduana, saben dónde revisan, cuál es la hora menos arriesgada, pero lo más importante para salir avante en el cruce: entre más nuevo sea el auto, menos peligro hay de ser aprehendido y, sobre todo, la apariencia del piloto.
“Por eso se utiliza cada vez más a los jóvenes con apariencia clasemediera, que no parezcan cholos y que no sean fácilmente identificables”, dijo el entrevistado.
Historias que se repiten
La historia de Alonso es similar. Ahora es un joven de 20 años y vive en la colonia Nueva, con sus padres.
Alonso comentó que fue detenido el 2 de junio de 2005. Al momento de su aprehensión contaba con 18 años. El joven fue arrestado con un kilo de heroína dentro de una maleta con ropa en la garita de la línea internacional.
David fue sentenciado a cuatro años de encierro en la prisión estatal de Blythe, California, en el valle de Chuckuwalla, al sur del estado.
Tuvo una reducción de 16 meses gracias al pago de 100 mil dólares.
El muchacho dijo que aun cuando es ciudadano norteamericano, realizó examen de selección para la carrera de Derecho en la Universidad Autónoma de Baja California, en donde actualmente realiza sus estudios profesionales.
“A mí me ofreció el trabajo un amigo que ya estaba metido en esto. Me emocioné porque no me detuvieron en la dos primeras ocasiones, además, sabía que mi sentencia no sería muy elevada, ya que era menor de edad”, narra.
Yerson es otro joven que fue “enganchado” por los narcotraficantes ya que era menor de edad y además, por tener un aspecto diferente al típico traficante de droga. Pudo salir rápido de la prisión estadounidense. Actualmente vive en la colonia Cuauhtémoc Norte.
El preparatoriano fue detenido el 6 de marzo de 2007, al querer introducir 25 kilos de mariguana a Caléxico, California, dentro del tablero de una pick up Dodge Ram modelo 2006.
Por tratarse de mariguana, un estupefaciente poco penado en Estados Unidos, alcanzó una condena de solamente 10 meses en la prisión del condado Imperial, en El Centro, California. El entrevistado comentó que salió libre en los primeros días de enero de 2008.
Al momento de su captura, Yerson era un estudiante del sexto semestre en la preparatoria federal Miguel Hidalgo, ubicada a medio kilómetro de la Garita Nueva, en donde fue detenido.
Actualmente, dijo, tiene planes de ingresar a la carrera de Derecho de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC).
Crónica
"Me gustaba vivir como rey"
Jesús Abraham disfrutaba llegar a los antros, ser el centro de la atención, tanto de meseros como de las adolescentes que estaban en dicho lugar de esparcimiento.
Y no era para menos, el jovencito veinteañero estudiante, en ese entonces, de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Autónoma de Baja California, disfrutaba al llevar entre 2 mil y 3 mil dólares y sentirse el rey por esa noche.
"Me gustaba llegar con mucho dinero, que me tendieran alfombra roja, que los meseros me sirvieran de todo y rápido y que las chicas me siguieran a donde fuera", describe Jesús Abraham su asistencia a los antros.
Gozaba de su departamento moderno, de su auto recién salido de agencia y de la compañía de sus amigos, quienes constantemente querían estar y disfrutar con él.
"Vivía como en un sueño, con cierto poder, pero cuando regresas a la realidad, ésta es como un infierno, se te acaba todo en un momento", dijo.
Hermano de otro joven que purga una condena de 20 años por los delitos de secuestro y asesinato, Jesús Abraham ya no se dedica al narcotráfico.
"Sin embargo, cuando salí de la cárcel en Caléxico, a donde fui remitido por traficar con cocaína, sí quería volver a dedicarme al tráfico de droga.
"Luego la pensé más y decidí dedicarme a hacer artesanía, lo que me ha servido para sobrevivir", comenta quien actualmente vive en un estado sureño, en donde pretende retomar su vida.
Al igual que Jesús Abraham, cada vez más jóvenes son atraídos por el crimen organizado, debido al placer de sentir poder o por tener dinero fácil.
CIUDAD DE MÉXICO.- En las mil y una formas de cruzar droga hacia Estados Unidos, los narcotraficantes han intensificado la utilización de estudiantes de secundaria o de preparatoria mexicalenses que “enganchan” a través del aviso clasificado o con sus propios amigos.
En esta modalidad, que se narra en las historias de David, Marcos, Jesús, Alonso y Daniel, los traficantes prefieren los servicios de jóvenes como “burreros”, para que puedan salir fácilmente de la cárcel en el vecino país, donde la mayoría de edad se alcanza a los 21 años.
“Tú sabes si lo tomas o lo dejas, pero te aseguran que es muy fácil pasar unos kilos de cocaína o mariguana en un carro. Y para que tomes confianza te ponen como acompañante a algún cruzador con mayor experiencia”, explica David.
“Así te convencen para que aceptes cruzar el vehículo con la droga a El Centro, California, y de allí lo toma otro que la lleva hasta Los Ángeles o a donde le digan”, comenta el entrevistado.
A él, refiere, lo detuvieron en su tercer viaje y estuvo dos años en la prisión de Calipatria, California. “Me dieron una sentencia menor, ya que era la primera vez que me agarraban, además de que tenía 17 años de edad”.
David es conocido como El Huerco. Tiene 19 años y vive en el fraccionamiento Jardines del Lago. Cursaba el cuarto semestre en el Colegio de Bachilleres, en el plantel Baja California, cuando fue “enganchado”.
Relata que los narcotraficantes le ofrecieron cruzar mariguana, por lo que recibiría 2 mil dólares como pago. “No tenía mucha necesidad, pero me gustó la idea de ganar 2 mil dólares en una sola ocasión para comprarme ropa y más cosas”, dijo durante la charla.
Sin embargo, luego de tres cruces de enervantes, fue detenido el 14 de mayo de 2007.
El Huerco fue condenado a nueve meses en “los tanques”, como se le conoce a la prisión del condado Imperial, en El Centro, California.
En esa ocasión le encontraron 20 kilos de mariguana y por ser la primera vez alcanzó libertad antes de cumplir un año de condena.
Ahora ya no podrá ingresar a Estados Unidos hasta que hayan transcurrido 10 años y eso si pide perdón al gobierno estadounidense, por medio de la embajada mexicana.
El centro de la atención
Jesús Abraham disfrutaba llegar a los antros, ser el centro de la atención, tanto de meseros como de las adolescentes que estaban en dicho lugar de esparcimiento.
Y no era para menos, el jovencito veinteañero estudiante, en ese entonces, de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Autónoma de Baja California, disfrutaba al llevar entre 2 mil y 3 mil dólares y sentirse el rey por esa noche.
“Me gustaba llegar con mucho dinero, que me tendieran alfombra roja, que los meseros me sirvieran de todo y rápido y que las chicas me siguieran a donde fuera”, describe Jesús Abraham su asistencia a los antros.
Gozaba de su departamento moderno, de su auto recién salido de agencia y de la compañía de sus amigos, quienes constantemente querían estar y disfrutar con él.
“Vivía como en un sueño, con cierto poder, pero cuando regresas a la realidad, ésta es como un infierno, se te acaba todo en un momento”.
Hermano de otro joven que purga una condena de 20 años por los delitos de secuestro y asesinato, Jesús Abraham ya no se dedica al narcotráfico.
“Sin embargo, cuando salí de la cárcel en Caléxico, a donde fui remitido por traficar con cocaína, sí quería volver a dedicarme al tráfico de droga”.
“Luego la pensé más y decidí dedicarme a hacer artesanía, lo que me ha servido para sobrevivir”, comenta quien actualmente vive en un estado sureño, en donde pretende retomar su vida.
Al igual que Jesús Abraham, cada vez más jóvenes son atraídos por el crimen organizado, debido al placer de sentir poder o por tener dinero fácil.
-Marcos, “cruzador” y “enganchador”
Atraído por el dinero fácil, Marcos aceptó cruzar droga hacia Estados Unidos y fue sorprendido por las autoridades norteamericanas. Lo único que lo salvó de purgar una larga condena en prisión fue su edad, ya que es menor de 21 años.
Marcos, un mexicalense de nacimiento que desde los 18 anda en el ambiente del narcotráfico, comenta que le pagan 800 dólares por carro que pasa con droga.
Relató que la primera vez que se animó a pasar droga a Estados Unidos, “le fue tan bien”, que decidió aventarse seis ocasiones más.
“Si la piensas no te animas. Y lo mejor es no saber dónde va el ‘clavo’ ni de qué es, porque si te pasan a segunda revisión (en las garitas) y husmean por donde está la ‘merca’, te pones bien nervioso y te tuercen”, nos narra.
El escondite perfecto para la droga
Al lugar donde se esconde la droga se le llama “clavo”, explica el “burrero”.
“Si es una Suburban, se hace en la cajuela o el tablero; en un Golf, los asientos son los buenos, y en las pick up, en la parte de la caja”.
La primera vez que crucé droga, dijo, la pusieron debajo de los asientos y allí ni revisaron.
Explicó que los “enganchadores” son los responsables de reclutar “burreros”, conocen la sicología de los agentes de la Aduana, saben dónde revisan, cuál es la hora menos arriesgada, pero lo más importante para salir avante en el cruce: entre más nuevo sea el auto, menos peligro hay de ser aprehendido y, sobre todo, la apariencia del piloto.
“Por eso se utiliza cada vez más a los jóvenes con apariencia clasemediera, que no parezcan cholos y que no sean fácilmente identificables”, dijo el entrevistado.
Historias que se repiten
La historia de Alonso es similar. Ahora es un joven de 20 años y vive en la colonia Nueva, con sus padres.
Alonso comentó que fue detenido el 2 de junio de 2005. Al momento de su aprehensión contaba con 18 años. El joven fue arrestado con un kilo de heroína dentro de una maleta con ropa en la garita de la línea internacional.
David fue sentenciado a cuatro años de encierro en la prisión estatal de Blythe, California, en el valle de Chuckuwalla, al sur del estado.
Tuvo una reducción de 16 meses gracias al pago de 100 mil dólares.
El muchacho dijo que aun cuando es ciudadano norteamericano, realizó examen de selección para la carrera de Derecho en la Universidad Autónoma de Baja California, en donde actualmente realiza sus estudios profesionales.
“A mí me ofreció el trabajo un amigo que ya estaba metido en esto. Me emocioné porque no me detuvieron en la dos primeras ocasiones, además, sabía que mi sentencia no sería muy elevada, ya que era menor de edad”, narra.
Yerson es otro joven que fue “enganchado” por los narcotraficantes ya que era menor de edad y además, por tener un aspecto diferente al típico traficante de droga. Pudo salir rápido de la prisión estadounidense. Actualmente vive en la colonia Cuauhtémoc Norte.
El preparatoriano fue detenido el 6 de marzo de 2007, al querer introducir 25 kilos de mariguana a Caléxico, California, dentro del tablero de una pick up Dodge Ram modelo 2006.
Por tratarse de mariguana, un estupefaciente poco penado en Estados Unidos, alcanzó una condena de solamente 10 meses en la prisión del condado Imperial, en El Centro, California. El entrevistado comentó que salió libre en los primeros días de enero de 2008.
Al momento de su captura, Yerson era un estudiante del sexto semestre en la preparatoria federal Miguel Hidalgo, ubicada a medio kilómetro de la Garita Nueva, en donde fue detenido.
Actualmente, dijo, tiene planes de ingresar a la carrera de Derecho de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC).
Crónica
"Me gustaba vivir como rey"
Jesús Abraham disfrutaba llegar a los antros, ser el centro de la atención, tanto de meseros como de las adolescentes que estaban en dicho lugar de esparcimiento.
Y no era para menos, el jovencito veinteañero estudiante, en ese entonces, de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Autónoma de Baja California, disfrutaba al llevar entre 2 mil y 3 mil dólares y sentirse el rey por esa noche.
"Me gustaba llegar con mucho dinero, que me tendieran alfombra roja, que los meseros me sirvieran de todo y rápido y que las chicas me siguieran a donde fuera", describe Jesús Abraham su asistencia a los antros.
Gozaba de su departamento moderno, de su auto recién salido de agencia y de la compañía de sus amigos, quienes constantemente querían estar y disfrutar con él.
"Vivía como en un sueño, con cierto poder, pero cuando regresas a la realidad, ésta es como un infierno, se te acaba todo en un momento", dijo.
Hermano de otro joven que purga una condena de 20 años por los delitos de secuestro y asesinato, Jesús Abraham ya no se dedica al narcotráfico.
"Sin embargo, cuando salí de la cárcel en Caléxico, a donde fui remitido por traficar con cocaína, sí quería volver a dedicarme al tráfico de droga.
"Luego la pensé más y decidí dedicarme a hacer artesanía, lo que me ha servido para sobrevivir", comenta quien actualmente vive en un estado sureño, en donde pretende retomar su vida.
Al igual que Jesús Abraham, cada vez más jóvenes son atraídos por el crimen organizado, debido al placer de sentir poder o por tener dinero fácil.