México

Retrato de familia, cien años después

Ahí están todos, abrazados, sonrientes, emperifollados y enjoyados: la hija de López Portillo, el primogénito de Díaz Ordaz, la hija de López Mateos, el de Miguel Alemán, la hermana de Carlos Salinas de Gortari

Ahí están todos, abrazados, sonrientes, emperifollados y enjoyados: la hija de López Portillo, el primogénito de Díaz Ordaz, la hija de López Mateos, el de Miguel Alemán, la hermana de Carlos Salinas de Gortari, el hijo de Pascual Ortiz Rubio y su esposa, que es también hija de López Portillo. Es la familia revolucionaria en pleno, pero en esta ocasión no están en una marcha en la calle, ni un aniversario más del Partido Revolucionario Institucional (PRI), ni en el Samborns de los Azulejos tras la toma de la Ciudad de México, ni la convención de Aguascalientes. Son los  juniors de la revolución casando a sus hijos, a los nietos de los presidentes revolucionarios, eso sí, con la bendición papal. Es un retrato de familia, o si se prefiere, la endogamia revolucionaria en plan de exhibición (la foto puede verse en la página 76 de la edición 211, marzo 19, de la revista “Quién”)

La endogamia es el matrimonio entre miembros de una misma comunidad para mantener la cohesión grupal, pero sobre todo para excluir a los otros. La razón de ser de todo sistema endogámico es defender la homogeneidad de un grupo para mantener un “status quo” y una diferenciación social. Antropológicamente la endogamia es característica del clan, una forma de organización previa a la existencia de la sociedad; es literalmente, una organización social del mesozoico, de la era de los dinosaurios. La familia revolucionaria es un clan, es la heredad de esa monarquía por turnos que fue nuestro sistema político a lo largo de 70 años, eso que Enrique Krause llamó la presidencia imperial y que se está preparando para regresar al poder.

Los festejos del centenario de la Revolución tienden a plastificar la memoria. Celebramos héroes de plastilina y bronce, recordamos “los principios”, pero como siempre se nos olvida revisar los finales. Una revolución, en términos sociales es un cambio rápido y profundo, normalmente violento, de instituciones y de grupos de poder. En términos físicos, una revolución es girar sobre un eje para volver al mismo punto. ¿Cuál revolución conmemoramos y celebramos: la de las instituciones sociales emanadas del movimiento revolucionario, la mayoría de ellas en crisis, llenas de taras e incapaces de renovarse, o el regreso al sistema político de familias de elite? Cien años después la revolución cumplió su cometido: regresamos al mismo punto para reproducir exactamente el sistema que se pretendió eliminar.

El retrato de la familia revolucionaria, cien años después, es la mejor muestra de la decadencia del sistema emanado de la guerra civil de 1910. Deberíamos aprovechar el centenario para enterrar a la Revolución, con todos lo honores y agradecimientos, en lugar de seguir paseando su cadáver embalsamado.

Temas

Sigue navegando