México

Sicilia culpa al sistema político de la violencia en el país

El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad arriba a la Ciudad de México tras 10 días de recorrido

PUEBLA (20/SEP/2011).- El poeta Javier Sicilia aseguró que el problema de inseguridad que lacera al país no es culpa del Presidente Felipe Calderón, sino de toda la descomposición del sistema político. Dijo que para transformar el escenario es necesaria una tregua con el Ejecutivo.

Durante su visita a Puebla, como parte de la denominada Caravana del Sur, reconoció que para conseguir un cambio en la estrategia anticrimen del Gobierno federal es necesario el diálogo con las autoridades.

Sostuvo que el desafío es lograr la unidad fuera de partidismos e ideologías, basándose en la fraternidad, la amistad y la sensibilidad ante la tragedia de las víctimas del crimen.

Sicilia recalcó que la violencia tiene origen en la irracionalidad económica, que se ve en la maximización de la ganancia en algunas cúpulas y la marginación, el abandono y el despojo entre los sectores pobres.

Subrayó que es urgente replantear al Estado, mediante estrategias efectivas de seguridad sin llegar a la militarización.

Mencionó que en la caravana hay gente que padeció la pérdida de hijos, hermanos, esposos y padres, por culpa de la “guerra absurda” de Calderón.

Al concluir el acto masivo que encabezaron cerca de mil personas, entre acompañantes de la caravana y organizaciones de Puebla y Tlaxcala que se dieron cita en el zócalo angelopolitano, Sicilia ignoró las preguntas de la prensa local.

Tras recorrer nueve estados del Sur del país, la Caravana llegó a la Ciudad de México para terminar la protesta masiva y kilométrica.

FRASE

"
Ojalá el problema fuera Calderón. El problema es la estructura, la clase política que se aleja de su vocación de servir a la población "
Javier Sicilia,

poeta y activista.

ANÁLISIS
Lo que se mueve no está en el vértice
Alejandra Guillén (reportera)


Muchos quisieran que Javier Sicilia fuera la respuesta a tantas décadas de podredumbre en este país. Y como no lo es -¿cómo una sola persona puede responder a las necesidades 112 millones de mexicanos?-, entonces lo colocan en la misma vitrina que a Andrés Manuel López Obrador o que Lady Gaga. Y desde ahí se le mira.

Javier Sicilia comenzó a caminar como el poeta con el hijo muerto, como el poeta que estaba “hasta la madre”; eso sirvió como imán para cientos de familiares de víctimas que no tenían voz y que hoy pueden exigirle a Felipe Calderón, frente a frente, que detenga esta guerra, que se investigue el paradero de su gente querida.

El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad ha documentado más de mil casos en los últimos meses, principalmente de desaparición forzada, que poco a poco se han acercado para pedir ayuda o simplemente para trabajar en colectivo, como Araceli Rodríguez, quien no pierde la esperanza de encontrar a su hijo, pero que en ese andar se ha convertido en una detective de otros casos: hace un par de semanas encontró a una joven de Acapulco que había desaparecido.

Ese poeta que igual ha mentado madres que gritado a los medios de comunicación o besado a sus adversarios, lo que evidencia es que él es simplemente un hombre de carne y hueso.

En el acto público que realizó la Caravana del Sur en Oaxaca, justamente le cuestionaron porqué primero mentó madres y luego repartió besos y abrazos. Sicilia respondió que como cualquier ser humano, su primera reacción ante el asesinato de su hijo era de rabia, de coraje, de impotencia. “Y sí soy eso, pero también lo otro. Y lo primero es mi peor parte, pero sigue pesando la mejor”.

En la Caravana del Norte –“en la que todo era amor y nadie cuestionaba nada”, según relata una reportera de un diario nacional-, él contestaba a todos los reporteros, aunque fueran las mismas preguntas o las más absurdas. Incluso en la Ciudad de México, antes de salir hacia el Sur, fácilmente respondió a 15 o 20 entrevistas colectivas. “No sabe decir que no. Así es él, ni modo”, decían a su alrededor la gente que lo conoce.

Pero esa resistencia (que tal vez viene de su formación cristiana), ese hartazgo se le va acumulando y, de repente, estalla ante la acumulación de preguntas que, él considera, tienen jiribilla. Y entonces sale el Sicilia que toma decisiones verticales, el que le da preferencia a algunos medios, el cada vez más lejano... Luego reflexiona y pide disculpas humildemente, insistiendo en que el Movimiento por la Paz no és él, sino todas las víctimas que han perdido a algún familiar por asesinato o desaparición forzada, como los emblemáticos Julián LeBarón, María Herrera o Araceli Rodríguez.

Y por eso se enoja: porque lo importante, asegura, no es si tiene escoltas o no, sino las historias de todos esos padres, madres, hermanos, esposas que están buscando a sus seres amados y que visibilizan la degradación que vive el país.

Y sí, el líder del Movimiento por la Paz a veces toma decisiones verticales, da preferencia a algunos medios y cada vez es más lejano, ya sea por su seguridad o por su mismo agotamiento.

Por la expresión de su rostro, parece que Javier Sicilia desea encerrarse en su casa a llorarle a su hijo Juan Francisco, asesinado en marzo pasado. Pero a pesar de su agotamiento físico y espiritual (en la Caravana del Sur estuvo a punto de desmayarse), no ha querido soltar la responsabilidad que asumió de llamar a la reserva moral de este país.

Este poeta es simplemente el vórtice del huracán. Detrás de él están cientos de testimonios y de gente que trabaja para construir un camino de paz, que surge de cero y que tiene avances (especialmente en las investigaciones de los casos), pero que, por supuesto, no tiene todas las respuestas.  Detrás de Javier Sicilia también están decenas de sacerdotes progresistas que le han expresado su apoyo y que están atentos a su camino; decenas de representantes de organizaciones civiles (prácticamente las más importantes del país en materia de defensa de derechos humanos); cientos de familiares de víctimas, artistas, mujeres y hombres que se han incorporado a documentar nuevos casos de violencia que se acercan día a día, y hasta integrantes de la Brigada de Rescate Topos.

Como dice el padre Alejandro Solalinde, “Javier no es el Movimiento. Y mientras Javier se siente a oír de verdad a la gente, de ahí van a salir las propuestas. Javier es un signo de los tiempos y es un ser en el que todos confían, pero a Javier tenemos que cuidarlo y a la vez ayudarle para que se conserve siempre en la humildad, en la actitud del servicio, que entienda que no es Javier, ni es Solalinde, ni es una sola víctima, en este camino de paz somos todos”.

EL INFORMADOR
Alejandra Guillén

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