México
Un reto más para México
Un reto más para México
NAUHCATZIN T. BRAVO AGUILAR
El día 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación. En 1979, los Estados parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO por sus siglas en inglés), instituyeron ese día a efecto de sensibilizar al mundo sobre el grave problema que representa el hambre mundial y lo importante que es la solidaridad internacional en la lucha contra este flagelo.
México fue uno de los países firmantes, y hoy día, según las cifras de la propia FAO, existen aproximadamente 40 millones de mexicanos con problemas de hambre y desnutrición. A nivel mundial la cifra de personas que sufren hambre es de 923 millones. De acuerdo a Acción Contra el Hambre, una reconocida Organización no Gubernamental (ONG) española, la cifra podría alcanzar los 1000 millones antes de que concluya el año. Por supuesto, los 19 millones de niños en el mundo con graves problemas de desnutrición se incrementarán.
Esta ONG estima que remediar el problema de la infancia con desnutrición grave requeriría de una inversión de tres mil 049 millones de euros, mismos que incluirían el tratamiento nutricional completo de cada enfermo y la producción local del alimento terapéutico necesario. Como dato comparativo, sólo basta recordar que Estados Unidos de América ha gastado durante los últimos años entre ocho mil y 10 mil millones de dólares mensualmente en Iraq bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo.
El dispendio norteamericano en esa caprichosa guerra tendrá también sus efectos en materia alimentaria. A los retos que enfrenta el fenómeno del hambre de manera cotidiana, como el calentamiento global, la indiferencia internacional y el acaparamiento de alimentos, hoy día se suman las consecuencias de una de las peores crisis financieras a la que ha arrojado al mundo la irresponsabilidad de la administración de George W. Bush.
En México, los contrastes alimentarios son sintomáticos de la realidad nacional. Mientras se desperdician al año más de 20 mil toneladas de alimentos (según cifras de la FAO), millones de niños, mujeres y ancianos sufren problemas de desnutrición en entidades federativas como Chiapas, Guerrero, Hidalgo, Oaxaca y Veracruz, entre otros. El Instituto Nacional de Salud Pública reporta que 17.7% de infantes entre cero y cinco años de edad padecen anemia, dato que es alarmante porque refleja un problema de desnutrición crónica.
Otros datos preocupantes tienen que ver con intelecto y talla. Según el Censo Nacional de Talla, un tercio de los infantes presenta retraso en su desarrollo intelectual. Por lo que toca a estatura, 10 % de los 2.5 millones de infantes que en 2004 se inscribieron a primer año de educación básica medían 112 centímetros, es decir, hasta 10 centímetros por debajo de lo que la Organización Mundial de la Salud recomienda. Combatir la desnutrición equivale a optimizar las capacidades de cada individuo. Alimentar bien a un pueblo es tan importante como educarlo. El desarrollo que requiere México comienza en las posibilidades que tenga cada individuo de aportar lo mejor de sí mismo para incrementar las fortalezas del país.
NAUHCATZIN T. BRAVO AGUILAR / Doctor en Derecho y profesor investigador de la Universidad de Guadalajara.
El día 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación. En 1979, los Estados parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO por sus siglas en inglés), instituyeron ese día a efecto de sensibilizar al mundo sobre el grave problema que representa el hambre mundial y lo importante que es la solidaridad internacional en la lucha contra este flagelo.
México fue uno de los países firmantes, y hoy día, según las cifras de la propia FAO, existen aproximadamente 40 millones de mexicanos con problemas de hambre y desnutrición. A nivel mundial la cifra de personas que sufren hambre es de 923 millones. De acuerdo a Acción Contra el Hambre, una reconocida Organización no Gubernamental (ONG) española, la cifra podría alcanzar los 1000 millones antes de que concluya el año. Por supuesto, los 19 millones de niños en el mundo con graves problemas de desnutrición se incrementarán.
Esta ONG estima que remediar el problema de la infancia con desnutrición grave requeriría de una inversión de tres mil 049 millones de euros, mismos que incluirían el tratamiento nutricional completo de cada enfermo y la producción local del alimento terapéutico necesario. Como dato comparativo, sólo basta recordar que Estados Unidos de América ha gastado durante los últimos años entre ocho mil y 10 mil millones de dólares mensualmente en Iraq bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo.
El dispendio norteamericano en esa caprichosa guerra tendrá también sus efectos en materia alimentaria. A los retos que enfrenta el fenómeno del hambre de manera cotidiana, como el calentamiento global, la indiferencia internacional y el acaparamiento de alimentos, hoy día se suman las consecuencias de una de las peores crisis financieras a la que ha arrojado al mundo la irresponsabilidad de la administración de George W. Bush.
En México, los contrastes alimentarios son sintomáticos de la realidad nacional. Mientras se desperdician al año más de 20 mil toneladas de alimentos (según cifras de la FAO), millones de niños, mujeres y ancianos sufren problemas de desnutrición en entidades federativas como Chiapas, Guerrero, Hidalgo, Oaxaca y Veracruz, entre otros. El Instituto Nacional de Salud Pública reporta que 17.7% de infantes entre cero y cinco años de edad padecen anemia, dato que es alarmante porque refleja un problema de desnutrición crónica.
Otros datos preocupantes tienen que ver con intelecto y talla. Según el Censo Nacional de Talla, un tercio de los infantes presenta retraso en su desarrollo intelectual. Por lo que toca a estatura, 10 % de los 2.5 millones de infantes que en 2004 se inscribieron a primer año de educación básica medían 112 centímetros, es decir, hasta 10 centímetros por debajo de lo que la Organización Mundial de la Salud recomienda. Combatir la desnutrición equivale a optimizar las capacidades de cada individuo. Alimentar bien a un pueblo es tan importante como educarlo. El desarrollo que requiere México comienza en las posibilidades que tenga cada individuo de aportar lo mejor de sí mismo para incrementar las fortalezas del país.
NAUHCATZIN T. BRAVO AGUILAR / Doctor en Derecho y profesor investigador de la Universidad de Guadalajara.