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El provocador
Tan atractivo es, que en la calle todos lo voltean a ver. Y muchos lo quieren retar
GUADALAJARA, JALISCO (18/JUN/2016).- El muchacho al mando de un Mustang V8 apenas rebasaba la edad legal para conducir. Paró al lado del Audi R8 en el semáforo, puso su pulgar izquierdo hacia arriba y retó a un arrancón. En plena avenida en una zona comercial de Los Ángeles, la prudencia de los años nos hizo decir que no. Pero se lo advertimos, cualquiera que maneje uno de estos debe estar preparado para resistir a esas tentaciones.
Luego de no haber sido fabricado como modelo 2016, el R8 vuelve ahora como 2017. Estéticamente los cambios son menores. La parrilla es mayor; los ángulos son más agudos en sus esquinas al igual que en los faros. En la parte trasera las delgadas calaveras cuando accionadas para indicar dirección, se prenden en forma de flechas hacia los lados, como en los demás Audi. El cambio más fuerte es la división de la franja vertical en sus costados, que lo hace ver un poco menos distinto que su antecesor, pero no menos espectacular.
Por dentro las novedades son mayores. El R8 2017 es aún más civilizado, bien hecho, mejor terminado. Los asientos son cómodos, cuentan con buenos ajustes eléctricos y tienen uno de los mejores y más efectivos soportes lumbares que hemos visto, algo más que necesario en un deportivo que se desplaza cerca del nivel del piso.
Parte del más limpio diseño interior del R8 se debe al llamado “Virtual Cockpit”, que no es más que el viejo cuadro delante del conductor transformado en una enorme pantalla. Esto no sólo quita la pantalla extra generalmente puesta en la parte central o superior del tablero, también da al conductor una visión mucho más directa de lo que quiere o necesita ver. Si es el sistema de navegación, por ejemplo, se ve el mapa de la zona donde se está pero no es gráfico, sino en fotos reales, como si viéramos Google Maps. Sobrepuesto a esto líneas muestran el estado del tránsito y, por supuesto, el camino a seguir si esto es requerido.
El sonido, en el caso de que alguien prefiera escuchar música en lugar del maravilloso rugido del motor justo detrás de nuestras cabezas, es firmado por Bang & Olufsen y es absolutamente digno de la firma. Dos portavasos entre los asientos hacen que el auto sea “american friendly”. Dos puertas USB debajo de la consola ayudan y mucho a que los ya infaltables celulares no se queden sin batería. Ocho bolsas de aire nos protegen hasta las rodillas.
Para espíritus jóvenes y bolsillos viejos
Con dos largas puertas como todo cupé y siendo bajito como todo superauto, entrar y salir del R8 no es tarea sencilla, mucho menos si hay otros coches a los lados que no permitan la apertura completa de las puertas. Si no vas al gimnasio, como nosotros comprenderemos, luego de un par de días con el auto nuestros muslos empiezan a recordarnos que hace mucho no hacemos sentadillas. Sí, entrar a un R8 es tarea más apta para jóvenes, pero con un precio de 2.6 millones de pesos por la versión que probamos, difícilmente alguien con menos de 50 —sin padres políticos o sindicalistas, por supuesto— podrá acceder a uno.
Si el cambio exterior no es radical, en su esencia el R8 es muy distinto a su antecesor. Ya no está basado en el Lamborghini Gallardo, sino en el más moderno Huracán. Con esto perdió peso y también ganó fuerza. El V10 que todos pueden ver gracias a un cristal que lo exhibe como una vitrina, tiene 5.2 litros y 540 caballos de fuerza en esta versión. El R8 Plus llega a 610 HP, pero ya cuesta 3 millones de pesos.
La forma de despertar el monstruo es a través de un botón rojo ubicado en la parte baja derecha del volante. Su rugido es la primera provocación que todos los que lo conducimos iremos recibir antes de salir a la calle. La otra es la aceleración espectacular. Pero para sentirlo más fuertemente hay que usar el botón negro que se encuentra del otro lado del volante y controla los modos de manejo. En el modo confort, el R8 es dócil para el día a día, con el detalle de algunos brincos que eventualmente la caja S-Tronic de siete velocidades nos hace sentir. Pero cuando vamos hacía el modo dinámico, o subimos al Individual y lo ajustamos como queramos, el R8 muestra su vocación de súperdeportivo, arranca como pocos, curvea como si tuviera ventosas en lugar de neumáticos y es capaz de dejar llorando a prácticamente cualquiera que se atreva a retarlo. Y créannos, serán muchos los que lo harán, pero afortunadamente la mayoría simplemente lo verá pasar con respeto, admiración y hasta alegría. “Qué carrazo”, dirán, haciéndonos sentir la verdadera estrella de cine, incluso estando en la tierra de esas.
Sergio Oliveira / Los Ángeles
Luego de no haber sido fabricado como modelo 2016, el R8 vuelve ahora como 2017. Estéticamente los cambios son menores. La parrilla es mayor; los ángulos son más agudos en sus esquinas al igual que en los faros. En la parte trasera las delgadas calaveras cuando accionadas para indicar dirección, se prenden en forma de flechas hacia los lados, como en los demás Audi. El cambio más fuerte es la división de la franja vertical en sus costados, que lo hace ver un poco menos distinto que su antecesor, pero no menos espectacular.
Por dentro las novedades son mayores. El R8 2017 es aún más civilizado, bien hecho, mejor terminado. Los asientos son cómodos, cuentan con buenos ajustes eléctricos y tienen uno de los mejores y más efectivos soportes lumbares que hemos visto, algo más que necesario en un deportivo que se desplaza cerca del nivel del piso.
Parte del más limpio diseño interior del R8 se debe al llamado “Virtual Cockpit”, que no es más que el viejo cuadro delante del conductor transformado en una enorme pantalla. Esto no sólo quita la pantalla extra generalmente puesta en la parte central o superior del tablero, también da al conductor una visión mucho más directa de lo que quiere o necesita ver. Si es el sistema de navegación, por ejemplo, se ve el mapa de la zona donde se está pero no es gráfico, sino en fotos reales, como si viéramos Google Maps. Sobrepuesto a esto líneas muestran el estado del tránsito y, por supuesto, el camino a seguir si esto es requerido.
El sonido, en el caso de que alguien prefiera escuchar música en lugar del maravilloso rugido del motor justo detrás de nuestras cabezas, es firmado por Bang & Olufsen y es absolutamente digno de la firma. Dos portavasos entre los asientos hacen que el auto sea “american friendly”. Dos puertas USB debajo de la consola ayudan y mucho a que los ya infaltables celulares no se queden sin batería. Ocho bolsas de aire nos protegen hasta las rodillas.
Para espíritus jóvenes y bolsillos viejos
Con dos largas puertas como todo cupé y siendo bajito como todo superauto, entrar y salir del R8 no es tarea sencilla, mucho menos si hay otros coches a los lados que no permitan la apertura completa de las puertas. Si no vas al gimnasio, como nosotros comprenderemos, luego de un par de días con el auto nuestros muslos empiezan a recordarnos que hace mucho no hacemos sentadillas. Sí, entrar a un R8 es tarea más apta para jóvenes, pero con un precio de 2.6 millones de pesos por la versión que probamos, difícilmente alguien con menos de 50 —sin padres políticos o sindicalistas, por supuesto— podrá acceder a uno.
Si el cambio exterior no es radical, en su esencia el R8 es muy distinto a su antecesor. Ya no está basado en el Lamborghini Gallardo, sino en el más moderno Huracán. Con esto perdió peso y también ganó fuerza. El V10 que todos pueden ver gracias a un cristal que lo exhibe como una vitrina, tiene 5.2 litros y 540 caballos de fuerza en esta versión. El R8 Plus llega a 610 HP, pero ya cuesta 3 millones de pesos.
La forma de despertar el monstruo es a través de un botón rojo ubicado en la parte baja derecha del volante. Su rugido es la primera provocación que todos los que lo conducimos iremos recibir antes de salir a la calle. La otra es la aceleración espectacular. Pero para sentirlo más fuertemente hay que usar el botón negro que se encuentra del otro lado del volante y controla los modos de manejo. En el modo confort, el R8 es dócil para el día a día, con el detalle de algunos brincos que eventualmente la caja S-Tronic de siete velocidades nos hace sentir. Pero cuando vamos hacía el modo dinámico, o subimos al Individual y lo ajustamos como queramos, el R8 muestra su vocación de súperdeportivo, arranca como pocos, curvea como si tuviera ventosas en lugar de neumáticos y es capaz de dejar llorando a prácticamente cualquiera que se atreva a retarlo. Y créannos, serán muchos los que lo harán, pero afortunadamente la mayoría simplemente lo verá pasar con respeto, admiración y hasta alegría. “Qué carrazo”, dirán, haciéndonos sentir la verdadera estrella de cine, incluso estando en la tierra de esas.
Sergio Oliveira / Los Ángeles
| FICHA TÉCNICA | |
| Motor | Central |
| Cilindro | V10; 5.2 litros |
| Turbocompresor | Inyección mixta directa/indirecta. Admisión Variable |
| Potencia | 540 HP @ 6,500 RPM |
| Torque | 540 newton-metro @ 7,800 RPM |
| Tracción | Integral |
| Transmisión | Automática S-Tronic de siete velocidades (7+R) |
| SUSPENSIÓN | |
| Delantera | Independiente, de paralelogramo deformable, con resortes helicoidales y barra estabilizadora |
| Trasera | Independiente, de paralelogramo deformable, con resortes helicoidales y barra estabilizadora |
| FRENOS | |
| Delanteros | De discos ventilados, con ABS |
| Traseros | De discos ventilados, con ABS |
| DIRECCIÓN | |
| De piñón y cremallera con asistencia eléctrica | |
| DIMENSIONES (mm) | |
| Largo | 4,426 |
| Ancho | 1,940 |
| Alto | 1,240 |
| Distancia entre ejes | 2,650 |
| CAPACIDAD | |
| Peso | 1,595 kilogramos |
| Tanque | 83 litros |
| Cajuela | 112 litros |