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La vida en la cima
Todos saben que un Rolls-Royce no es para cualquiera. Pocos entienden por qué
GUADALAJARA, JALISCO (13/JUN/2015).- Saben qué se siente cuando vamos por la calle en nuestro sedán mediano de origen oriental o estadounidense, con tres o cuatro años de uso y vemos pasar el flamante Mercedes-Benz Clase E a nuestro lado? Esa sensación que mezcla admiración y envidia es la misma que el que conduce ese Mercedes siente cuando mira a un auto como el Rolls-Royce Wraith. Si sirve de consuelo, probablemente el dueño del magnífico sedán germano esté aún más lejos de tener un Wraith que nosotros de hacernos de un Mercedes.
Fundada en 1904 con la intención de fabricar los mejores autos del mundo, Rolls-Royce ha logrado su objetivo al menos ante la mayoría de los ojos. Pero ahora tal vez su fama sea aún más justificada. Porque la historia detrás de la marca es la que, obviamente, inspira el respeto de todos, pero el que conduzca hoy uno de sus autos percibirá que hay mucha ingeniería que respalda su abolengo. El Wraith es un gran ejemplo.
Su diseño respeta las formas de la marca en la parte frontal, con la imponente parrilla cromada de elementos verticales, adornada con el orgulloso logotipo de la doble R que vive justo debajo de su ángel de la guardia: la estatuilla conocida como “Espíritu del éxtasis”, que se esconde cuando se cierra el auto, guardando el privilegio de observarla solo a aquellos que lo conducen o que tuvieron la fortuna de verlo pasar. También la parte trasera mantiene las calaveras tradicionales de Roll-Royce. La silueta no. Esa sí es la rebeldía a la que se permitió el más reciente de los herederos de la verdadera realeza automotriz británica. El techo comienza a hacer una curva fuera justo arriba de la cabeza del piloto y esa curva suave baja abruptamente hacia terminar en la tapa de la cajuela. Sí, el Wraith es un cupé, pero visto lateralmente no hay separación visual entre el techo, el cristal posterior y la cajuela. No hay precedente histórico en la marca de un auto en esta forma. Y vaya que llama la atención, incluso por esto.
Paraíso escondido
Entrar al Wraith es similar a adentrase a un oasis. El mundo es distinto a casi todo lo que lo rodea. A menos, claro, que seas dueño de un Rolls lo que significará que lo que ofrece este soberbio auto, es lo mínimo que esperas. Para los mortales, sin embargo, es penetrar en el silencio de su habitáculo que sólo será interrumpido por la música del magnífico sistema de sonido Rolls-Royce Bespoke o la brisa suave que puede salir del aire acondicionado que, claro, tiene ajustes individuales para los cuatro posibles ocupantes del auto.
Los materiales son los mejores y más exclusivos que el dinero pueda comprar. La piel es abundante y cubre el tablero, la consola, los forros de las puertas y, claro, los asientos. Su tacto es tan perfecto que es difícil resistirse a hacerle una caricia. También podemos sentir la textura de las vetas de la madera de las puertas. En el tablero la madera, el aluminio y metal de un pulido profundo ponen sus toques. Arriba de nuestras cabezas, el cielo del Wraith merece este nombre. Porque se cubre de centenas de pequeños puntos luminosos a cada vez que abrimos la puerta o presionamos un botón en la consola del techo. Claro, también es posible desactivar la función para el día o el momento en el que esto parezca demasiado. Un Rolls-Royce hace todo por ponernos de buenas, no al contrario.
Todo este mundo único comienza a percibirse justo en el momento de abrir las puertas que, claro, son “suicidas” es decir, se abren de manera opuesta a las de la mayoría y las bisagras están en el pilar B no en el A como es costumbre. En el estribo, cromado con una calidad de difícil descripción, un pequeño letrero nos da la bienvenida: “RR Wraith – Hecho a mano en Goodwood, Inglaterra”.
Esa posición de las puertas nos obliga a cambiar la costumbre de llegar al auto por atrás. A un Wraith se llega por delante, con orgullo. Y así él te recibe. Te hace creer que eres importante. Y debes serlo, o no podrías pagar lo que cuesta uno. Sentado en nuestro sillón —claro, llamarlo asiento es casi una ofensa— percibimos que la puerta queda lejos para alcanzar la agarradera y cerrarla. No hay problema. Nos inclinamos muy poco y sobre el tablero, en sus extremos laterales, presionamos un botón que cierra la enorme puerta. El conductor puede cerrar ambas puertas (no abrirlas) desde su lugar. Y puede abrir, aunque no cerrar, la cajuela. Si al llegar a nuestro destino hay lluvia, no hay problema. En el marco de la puerta, en un pequeño túnel diseñado para este fin, hay un paraguas. Uno en cada lado, por supuesto.
Espíritu distinto
Si sus hermanos pasan la vida convenciendo a los dueños de un Rolls que su lugar correcto es el asiento trasero, el Wraith de nuevo se muestra contrario a las tradiciones. Este es un Rolls-Royce que quiere ser conducido. No es que el espacio trasero sea un lugar incómodo dónde vivir por algunos minutos o horas, pero no espere encontrar lo mismo que en un Ghost, mucho menos que en un Phantom.
¿Y por qué íbamos a querer sentarnos atrás cuando es tan placentero hacerlo en el puesto del conductor? Primero, porque mirar desde atrás al Espíritu del éxtasis no es cosa de todos los días. Segundo, porque los 12 cilindros que están delante de nuestros ojos casi ruegan porque pisemos fuerte el acelerador para despertar a los 624 caballos que habitan los 6.6 litros de ese inmenso generador de energía. Pise fuerte y estará a 100 km/h en menos de 5 segundos. Nada mal para un auto que pesa más de 2.4 toneladas.
Claro que no es un deportivo. La esencia de la marca no es esta y ni siquiera un rebelde como el Wraith se atrevería a esto. La suspensión es de doble horquilla delantera y Multilink trasera, y es auto ajustable y regulable en altura. Es extremadamente cómoda, pero no es del tipo de confort que llega por el exceso de suavidad, como los inmensos estadounidenses de antes. El aislamiento del terreno que obtenemos del Wraith es fruto de la velocidad de procesamiento de las computadoras actuales. Nos pareció incluso más cómodo que un Ghost que condujimos hace algunos años. Hay algo de inclinación de la carrocería en las curvas sí, pero menos de lo que esperábamos. Lo que le quita agilidad es el peso y, por supuesto, los 5.2 metros de largo total.
La caja automática de ocho velocidades contribuye con su parte para el éxito del auto. Siempre sabe exactamente dónde debe estar y para esto todo lo que necesitamos hacer es presionar el acelerador con más o menos fuerza. La transmisión hará el resto por nosotros. No hay palancas en el piso ni paletas detrás del volante, solo una pequeña y delgada palanca en la columna de dirección que nos permite cambiar a Parking, Drive, Reversa y Neutral.
Es resumen, esto es el Rolls Royce Wraith, un auto que sabe encontrar en la simplicidad la fórmula del lujo absoluto. Porque un Gentleman es aquél que hace sentirse bien a los que están a su alrededor y este “fantasma” británico no está aquí para asustar a nadie, sino todo lo contrario. Seguramente la reina de Inglaterra le concedería gustosa el título de “Sir”. Nada sería más justo. Porque todo lo que nos hizo durante cinco días, fue hacernos sentir como dioses.
Para multimillonarios
Un Rolls-Royce no es un auto para ricos, es para multimillonarios. No sólo porque no cualquiera puede darse el lujo de pagar por un auto que cuesta tanto como una pequeña mansión, sino porque dentro de este mundo, tenerlo no es suficiente, hay que personalizarlo. Y esto cuesta. Mucho.
Por ejemplo, el Wraith que tuvimos la oportunidad de conducir en Los Ángeles contaba con varios opcionales.
Su precio original, incluyendo impuesto sobre auto de consumo elevado, es de 298 mil dólares. En México, sale por 420 mil dólares, el “básico”.
Si lo queremos con pintura doble tono, esto cuesta ocho mil 950 dólares estadounidenses.
Los famosos paraguas de la marca, que pueden ser personalizados, no están incluidos en el precio, hay que añadir 700 dólares más por ello.
¿Quiere que la estatuilla del “Espíritu del éxtasis” ubicada arriba de la parrilla frontal, esté iluminada? Esto sale por siete mil 475 dólares. ¿Retráctil? Otros nueve mil 575 billetes verdes.
Uno de los opcionales que traía “nuestro” Rolls se llama “Paquete Wraith US”. Incluye sistema de audio Bespoke; logotipo RR bordado en los asientos; rines cromados de 21 pulgadas; Sistema de asistencia del conductor; masaje en los asientos; faros adaptativos y tapetes de lana de cordero. Con los 38 mil dólares que cuesta este paquete es posible comprarse, en EUA, un Ford Mustang GT en su versión más equipada. Y le queda un cambio de dos mil dólares para el seguro.
Si compras uno y lo registras en el DF, la tenencia costará lo que un Mercedes-Benz C200.
Sí, un Rolls Royce no es un auto para ricos, sino para multimillonarios.
FICHA TÉCNICA
DATOS TÉCNICOS
Motor Frontal transversal
Cilindros V12; 6.6 litros
Turbocompresor Biturbo
Potencia 624 HP @ 5 mil 600 rpm
Torque 590 libras-pie @ mil 500- 5 mil 500 rpm
Tracción Trasera
Transmisión Automática de socho velocidades (8+R)
SUSPENSIÓN
Delantera Independiente, de doble horquilla con resorte neumático
Trasera Independiente, de tipo Multilink, con resorte neumático
FRENOS
Delanteros De discos ventilados, con ABS
Traseros De discos sólidos, con ABS
DIRECCIÓN
De piñón y cremallera, con asistencia eléctrica
DIMENSIONES en milímetros
Largo 5 mil 281
Ancho mil 947
Alto mil 507
Distancia entre ejes 3 mil 112
Peso 2 mil 440 kilogramos
CAPACIDAD
Tanque 83 litros
Cajuela 470 litros
Fundada en 1904 con la intención de fabricar los mejores autos del mundo, Rolls-Royce ha logrado su objetivo al menos ante la mayoría de los ojos. Pero ahora tal vez su fama sea aún más justificada. Porque la historia detrás de la marca es la que, obviamente, inspira el respeto de todos, pero el que conduzca hoy uno de sus autos percibirá que hay mucha ingeniería que respalda su abolengo. El Wraith es un gran ejemplo.
Su diseño respeta las formas de la marca en la parte frontal, con la imponente parrilla cromada de elementos verticales, adornada con el orgulloso logotipo de la doble R que vive justo debajo de su ángel de la guardia: la estatuilla conocida como “Espíritu del éxtasis”, que se esconde cuando se cierra el auto, guardando el privilegio de observarla solo a aquellos que lo conducen o que tuvieron la fortuna de verlo pasar. También la parte trasera mantiene las calaveras tradicionales de Roll-Royce. La silueta no. Esa sí es la rebeldía a la que se permitió el más reciente de los herederos de la verdadera realeza automotriz británica. El techo comienza a hacer una curva fuera justo arriba de la cabeza del piloto y esa curva suave baja abruptamente hacia terminar en la tapa de la cajuela. Sí, el Wraith es un cupé, pero visto lateralmente no hay separación visual entre el techo, el cristal posterior y la cajuela. No hay precedente histórico en la marca de un auto en esta forma. Y vaya que llama la atención, incluso por esto.
Paraíso escondido
Entrar al Wraith es similar a adentrase a un oasis. El mundo es distinto a casi todo lo que lo rodea. A menos, claro, que seas dueño de un Rolls lo que significará que lo que ofrece este soberbio auto, es lo mínimo que esperas. Para los mortales, sin embargo, es penetrar en el silencio de su habitáculo que sólo será interrumpido por la música del magnífico sistema de sonido Rolls-Royce Bespoke o la brisa suave que puede salir del aire acondicionado que, claro, tiene ajustes individuales para los cuatro posibles ocupantes del auto.
Los materiales son los mejores y más exclusivos que el dinero pueda comprar. La piel es abundante y cubre el tablero, la consola, los forros de las puertas y, claro, los asientos. Su tacto es tan perfecto que es difícil resistirse a hacerle una caricia. También podemos sentir la textura de las vetas de la madera de las puertas. En el tablero la madera, el aluminio y metal de un pulido profundo ponen sus toques. Arriba de nuestras cabezas, el cielo del Wraith merece este nombre. Porque se cubre de centenas de pequeños puntos luminosos a cada vez que abrimos la puerta o presionamos un botón en la consola del techo. Claro, también es posible desactivar la función para el día o el momento en el que esto parezca demasiado. Un Rolls-Royce hace todo por ponernos de buenas, no al contrario.
Todo este mundo único comienza a percibirse justo en el momento de abrir las puertas que, claro, son “suicidas” es decir, se abren de manera opuesta a las de la mayoría y las bisagras están en el pilar B no en el A como es costumbre. En el estribo, cromado con una calidad de difícil descripción, un pequeño letrero nos da la bienvenida: “RR Wraith – Hecho a mano en Goodwood, Inglaterra”.
Esa posición de las puertas nos obliga a cambiar la costumbre de llegar al auto por atrás. A un Wraith se llega por delante, con orgullo. Y así él te recibe. Te hace creer que eres importante. Y debes serlo, o no podrías pagar lo que cuesta uno. Sentado en nuestro sillón —claro, llamarlo asiento es casi una ofensa— percibimos que la puerta queda lejos para alcanzar la agarradera y cerrarla. No hay problema. Nos inclinamos muy poco y sobre el tablero, en sus extremos laterales, presionamos un botón que cierra la enorme puerta. El conductor puede cerrar ambas puertas (no abrirlas) desde su lugar. Y puede abrir, aunque no cerrar, la cajuela. Si al llegar a nuestro destino hay lluvia, no hay problema. En el marco de la puerta, en un pequeño túnel diseñado para este fin, hay un paraguas. Uno en cada lado, por supuesto.
Espíritu distinto
Si sus hermanos pasan la vida convenciendo a los dueños de un Rolls que su lugar correcto es el asiento trasero, el Wraith de nuevo se muestra contrario a las tradiciones. Este es un Rolls-Royce que quiere ser conducido. No es que el espacio trasero sea un lugar incómodo dónde vivir por algunos minutos o horas, pero no espere encontrar lo mismo que en un Ghost, mucho menos que en un Phantom.
¿Y por qué íbamos a querer sentarnos atrás cuando es tan placentero hacerlo en el puesto del conductor? Primero, porque mirar desde atrás al Espíritu del éxtasis no es cosa de todos los días. Segundo, porque los 12 cilindros que están delante de nuestros ojos casi ruegan porque pisemos fuerte el acelerador para despertar a los 624 caballos que habitan los 6.6 litros de ese inmenso generador de energía. Pise fuerte y estará a 100 km/h en menos de 5 segundos. Nada mal para un auto que pesa más de 2.4 toneladas.
Claro que no es un deportivo. La esencia de la marca no es esta y ni siquiera un rebelde como el Wraith se atrevería a esto. La suspensión es de doble horquilla delantera y Multilink trasera, y es auto ajustable y regulable en altura. Es extremadamente cómoda, pero no es del tipo de confort que llega por el exceso de suavidad, como los inmensos estadounidenses de antes. El aislamiento del terreno que obtenemos del Wraith es fruto de la velocidad de procesamiento de las computadoras actuales. Nos pareció incluso más cómodo que un Ghost que condujimos hace algunos años. Hay algo de inclinación de la carrocería en las curvas sí, pero menos de lo que esperábamos. Lo que le quita agilidad es el peso y, por supuesto, los 5.2 metros de largo total.
La caja automática de ocho velocidades contribuye con su parte para el éxito del auto. Siempre sabe exactamente dónde debe estar y para esto todo lo que necesitamos hacer es presionar el acelerador con más o menos fuerza. La transmisión hará el resto por nosotros. No hay palancas en el piso ni paletas detrás del volante, solo una pequeña y delgada palanca en la columna de dirección que nos permite cambiar a Parking, Drive, Reversa y Neutral.
Es resumen, esto es el Rolls Royce Wraith, un auto que sabe encontrar en la simplicidad la fórmula del lujo absoluto. Porque un Gentleman es aquél que hace sentirse bien a los que están a su alrededor y este “fantasma” británico no está aquí para asustar a nadie, sino todo lo contrario. Seguramente la reina de Inglaterra le concedería gustosa el título de “Sir”. Nada sería más justo. Porque todo lo que nos hizo durante cinco días, fue hacernos sentir como dioses.
Para multimillonarios
Un Rolls-Royce no es un auto para ricos, es para multimillonarios. No sólo porque no cualquiera puede darse el lujo de pagar por un auto que cuesta tanto como una pequeña mansión, sino porque dentro de este mundo, tenerlo no es suficiente, hay que personalizarlo. Y esto cuesta. Mucho.
Por ejemplo, el Wraith que tuvimos la oportunidad de conducir en Los Ángeles contaba con varios opcionales.
Su precio original, incluyendo impuesto sobre auto de consumo elevado, es de 298 mil dólares. En México, sale por 420 mil dólares, el “básico”.
Si lo queremos con pintura doble tono, esto cuesta ocho mil 950 dólares estadounidenses.
Los famosos paraguas de la marca, que pueden ser personalizados, no están incluidos en el precio, hay que añadir 700 dólares más por ello.
¿Quiere que la estatuilla del “Espíritu del éxtasis” ubicada arriba de la parrilla frontal, esté iluminada? Esto sale por siete mil 475 dólares. ¿Retráctil? Otros nueve mil 575 billetes verdes.
Uno de los opcionales que traía “nuestro” Rolls se llama “Paquete Wraith US”. Incluye sistema de audio Bespoke; logotipo RR bordado en los asientos; rines cromados de 21 pulgadas; Sistema de asistencia del conductor; masaje en los asientos; faros adaptativos y tapetes de lana de cordero. Con los 38 mil dólares que cuesta este paquete es posible comprarse, en EUA, un Ford Mustang GT en su versión más equipada. Y le queda un cambio de dos mil dólares para el seguro.
Si compras uno y lo registras en el DF, la tenencia costará lo que un Mercedes-Benz C200.
Sí, un Rolls Royce no es un auto para ricos, sino para multimillonarios.
FICHA TÉCNICA
DATOS TÉCNICOS
Motor Frontal transversal
Cilindros V12; 6.6 litros
Turbocompresor Biturbo
Potencia 624 HP @ 5 mil 600 rpm
Torque 590 libras-pie @ mil 500- 5 mil 500 rpm
Tracción Trasera
Transmisión Automática de socho velocidades (8+R)
SUSPENSIÓN
Delantera Independiente, de doble horquilla con resorte neumático
Trasera Independiente, de tipo Multilink, con resorte neumático
FRENOS
Delanteros De discos ventilados, con ABS
Traseros De discos sólidos, con ABS
DIRECCIÓN
De piñón y cremallera, con asistencia eléctrica
DIMENSIONES en milímetros
Largo 5 mil 281
Ancho mil 947
Alto mil 507
Distancia entre ejes 3 mil 112
Peso 2 mil 440 kilogramos
CAPACIDAD
Tanque 83 litros
Cajuela 470 litros