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Opción por la exclusividad
Es el Sedán de entrada de la marca británica, con imagen superior a los alemanes
GUADALAJARA, JALISCO (14/MAY/2016).- Nadie compra un auto de lujo por necesidad. Y cuando importa cómo ir del punto A al punto B, es donde un Jaguar encuentra pocos rivales.
No es la primera vez que la marca busca llegar a un público de poder adquisitivo más bajo que el que tradicionalmente compra sus autos, pero sin duda este intento le salió muchas veces mejor que el X-Type. Primero porque ya no tiene un “hermano incómodo” como tenía el X-Type con relación al Ford Mondeo. Segundo porque el XE tiene la tracción en las ruedas traseras, como mandan los cánones de los buenos autos. Por fortuna, sus virtudes no terminan por ahí.
Si estéticamente no es exactamente atrevido o vanguardista, el XE sí es elegante y sobrio como un lord británico. Su frente apenas recuerda a sus hermanos mayores con la parrilla más chica, obviamente obedeciendo a sus proporciones generales. Los faros van abriéndose del centro hacia las laterales y dan la impresión de lo que el auto realmente es: un felino al acecho. Los costados son limpios, discretos, sofisticados. Un par de toques apenas le confieren más presencia a su hermosa figura: las branquias horizontales en las salpicaderas delanteras y el faldón pintado en negro brillante, que adelgaza su cuerpo pero también se muestra a si mismo, como lo haría un cinturón firmado por el mejor diseñador sobre una esbelta mujer. Dos calaveras corpulentas apuntan hacia lo que más importa: el logotipo y el nombre Jaguar al centro de la tapa de la cajuela.
Todo ese juego de estilo se repite en el interior. Los asientos son forrados en sus laterales de piel en color rojo y alcántara negra al centro. Tienen magnífico agarre y confort. La consola central abriga dos portavasos abiertos y al frente, debajo de la pantalla central, descansa la perilla que permite el cambio de velocidades. Para despertarla hay que presionar el botón de arranque y hacer ronronear a la fiera que habita unos centímetros más adelante.
El equipo es muy completo. Tanto que mejor los remitimos a la página de Jaguar en México para que lo conozcan. Hace falta, en nuestra opinión, al menos una entrada USB adicional a la que está en el pequeño compartimiento entre los asientos delanteros.
Que no se espere abundancia de espacio del XE. Ni en el asiento trasero, ni en la cajuela. Para eso, busquen una letra más arriba del alfabeto de la marca, justo después de la omnipresente X. Claro, si es que pueden hacerlo.
Rugido salvaje
Toda la pose y gracia de este felino inglés cambia cuando el motor se enciende. Es como si el domador dejara de acariciar a la bestia e hiciera tronar su látigo en el piso junto a ella. En ese momento el ronroneo se transforma en rugido. El látigo, fatal, preciso, poderoso e inmediato, está bajo el pie derecho del que pueda y se atreva a manejar el XE en su versión S. Porque una vez que se gira la perrilla a la posición D, mejor aún, a la S, más vale que tome el volante como si su vida dependiera de ello. Porque así será.
El XE es un felino irritable. Apenas se mueva el acelerador y saltará hacia el frente con ganas de tragarse los kilómetros. Lo hará con todo el apetito de quien pasó meses sin probar bocado, solo contenido por el casi insensible gobernador que no lo deja ir más allá de 250 km/h.
Es necesario algo de tiempo para que la relación entre el hombre y la máquina evolucione. La primera vez que lo manejamos, es difícil pisar el acelerador con la presión adecuada para que el coche no dispare hacia delante. Cuando aprendemos a contenernos, vemos que el ronroneo puede volver a consentirnos y dejar un poco más tranquilos a los 340 HP que un supercargador saca de los 3.0 litros del motor. La caja de ocho velocidades, que es muy rápida en los cambios ascendentes, no lo es tanto hacia abajo, por lo que recomendamos que el que busque diversión, lo haga en el modo Sport.
La suspensión es cómoda a la moda europea, es decir, no molesta, pero no se excede en suavidades innecesarias. Un poco más de aislamiento acústico del sistema se hubiera agradecido, por lo menos en nuestras punto menos que imperfectas arterias. Pero no es una falta grave.
El resultado final es grandioso. Porque como dijimos, nadie necesita un auto Premium, pero muchos queremos uno. Y con el Jaguar XE, miramos a los alemanes desde arriba. Tal vez no en espacio, probablemente no tanto en términos dinámicos, dependiendo de la versión contra la cual se compare, pero sin duda lo hacemos en percepción, en la que incuestionablemente nos sentimos más con este inglés bajo nuestro mando. Y esto, ellos lo dirían en su idioma: Is priceless.
No es la primera vez que la marca busca llegar a un público de poder adquisitivo más bajo que el que tradicionalmente compra sus autos, pero sin duda este intento le salió muchas veces mejor que el X-Type. Primero porque ya no tiene un “hermano incómodo” como tenía el X-Type con relación al Ford Mondeo. Segundo porque el XE tiene la tracción en las ruedas traseras, como mandan los cánones de los buenos autos. Por fortuna, sus virtudes no terminan por ahí.
Si estéticamente no es exactamente atrevido o vanguardista, el XE sí es elegante y sobrio como un lord británico. Su frente apenas recuerda a sus hermanos mayores con la parrilla más chica, obviamente obedeciendo a sus proporciones generales. Los faros van abriéndose del centro hacia las laterales y dan la impresión de lo que el auto realmente es: un felino al acecho. Los costados son limpios, discretos, sofisticados. Un par de toques apenas le confieren más presencia a su hermosa figura: las branquias horizontales en las salpicaderas delanteras y el faldón pintado en negro brillante, que adelgaza su cuerpo pero también se muestra a si mismo, como lo haría un cinturón firmado por el mejor diseñador sobre una esbelta mujer. Dos calaveras corpulentas apuntan hacia lo que más importa: el logotipo y el nombre Jaguar al centro de la tapa de la cajuela.
Todo ese juego de estilo se repite en el interior. Los asientos son forrados en sus laterales de piel en color rojo y alcántara negra al centro. Tienen magnífico agarre y confort. La consola central abriga dos portavasos abiertos y al frente, debajo de la pantalla central, descansa la perilla que permite el cambio de velocidades. Para despertarla hay que presionar el botón de arranque y hacer ronronear a la fiera que habita unos centímetros más adelante.
El equipo es muy completo. Tanto que mejor los remitimos a la página de Jaguar en México para que lo conozcan. Hace falta, en nuestra opinión, al menos una entrada USB adicional a la que está en el pequeño compartimiento entre los asientos delanteros.
Que no se espere abundancia de espacio del XE. Ni en el asiento trasero, ni en la cajuela. Para eso, busquen una letra más arriba del alfabeto de la marca, justo después de la omnipresente X. Claro, si es que pueden hacerlo.
Rugido salvaje
Toda la pose y gracia de este felino inglés cambia cuando el motor se enciende. Es como si el domador dejara de acariciar a la bestia e hiciera tronar su látigo en el piso junto a ella. En ese momento el ronroneo se transforma en rugido. El látigo, fatal, preciso, poderoso e inmediato, está bajo el pie derecho del que pueda y se atreva a manejar el XE en su versión S. Porque una vez que se gira la perrilla a la posición D, mejor aún, a la S, más vale que tome el volante como si su vida dependiera de ello. Porque así será.
El XE es un felino irritable. Apenas se mueva el acelerador y saltará hacia el frente con ganas de tragarse los kilómetros. Lo hará con todo el apetito de quien pasó meses sin probar bocado, solo contenido por el casi insensible gobernador que no lo deja ir más allá de 250 km/h.
Es necesario algo de tiempo para que la relación entre el hombre y la máquina evolucione. La primera vez que lo manejamos, es difícil pisar el acelerador con la presión adecuada para que el coche no dispare hacia delante. Cuando aprendemos a contenernos, vemos que el ronroneo puede volver a consentirnos y dejar un poco más tranquilos a los 340 HP que un supercargador saca de los 3.0 litros del motor. La caja de ocho velocidades, que es muy rápida en los cambios ascendentes, no lo es tanto hacia abajo, por lo que recomendamos que el que busque diversión, lo haga en el modo Sport.
La suspensión es cómoda a la moda europea, es decir, no molesta, pero no se excede en suavidades innecesarias. Un poco más de aislamiento acústico del sistema se hubiera agradecido, por lo menos en nuestras punto menos que imperfectas arterias. Pero no es una falta grave.
El resultado final es grandioso. Porque como dijimos, nadie necesita un auto Premium, pero muchos queremos uno. Y con el Jaguar XE, miramos a los alemanes desde arriba. Tal vez no en espacio, probablemente no tanto en términos dinámicos, dependiendo de la versión contra la cual se compare, pero sin duda lo hacemos en percepción, en la que incuestionablemente nos sentimos más con este inglés bajo nuestro mando. Y esto, ellos lo dirían en su idioma: Is priceless.
| FICHA TÉCNICA | |
| Motor | Frontal longitudinal |
| Cilindro | V6; 3.0 litros |
| Turbocompresor | Sí |
| Potencia | 340 HP @ 6,500 RPM |
| Torque | 332 Ib-ft @ 3,500 RPM |
| Tracción | Integral |
| Transmisión | Automática de 8 velocidades (8+R) |
| SUSPENSIÓN | |
| Delantera | Independiente, de doble horquilla |
| Trasera | Independiente, de tipo Multilink |
| FRENOS | |
| Delanteros | De disco ventilado, con ABS |
| Traseros | De disco ventilado, con ABS |
| DIRECCIÓN | |
| De piñón y cremallera, con asistencia eléctrica | |
| DIMENSIONES (mm) | |
| Largo | 4,672 |
| Ancho | 2,075 |
| Alto | 1,415 |
| Distancia entre ejes | 2,835 |
| CAPACIDAD | |
| Peso | 1,665 kilogramos |
| Tanque | 63 litros |
| Cajuela | 455 litros |