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Para quienes un GTI no es suficiente

Pocos autos son capaces de ofrecer placer en tantos diferentes niveles como este Golf

GUADALAJARA, JALISCO (23/JUL/2016).- Es amigo de rectas y curvas, pisos impecables o imperfectos. Puede ser cómodo y relajado o rápido y preciso. Luego de conducir el Golf R la sensación que teníamos de que 300 caballos son demasiados para un auto de ese tamaño, desapareció completamente.

Basta con mirarlo por primera vez para darse cuenta que este Golf tiene algo especial, algo único. Sí, esto se reflejaba en la pintura azul oscuro metálico que cubría nuestro modelo de prueba, pero también en pequeños detalles más como la fascia ligeramente distinta, los rines de forma exclusiva, el pequeño alerón trasero, los cuatros tubos de escape o las tiras horizontales y transparentes de leds en las calaveras. Más que nada, claro, en el logotipo R que va incrustado en la parrilla delantera, en las salpicaderas laterales y en la tapa de la cajuela.

Cuando nos sentamos en su interior encontramos el mismo logotipo en la base del volante y bordado en los asientos forrados de piel. Los materiales son muy buenos, al igual que se percibe la manufactura alemana del coche que condujimos en Madrid. Tablero suave; buena pantalla táctil; dos portavasos en la consola central; una entrada USB y una auxiliar en el compartimento que se ubica debajo del tablero y al frente de la palanca de cambios. Hay navegación por GPS; aire acondicionado digital dual y un enorme quemacocos que llega hasta la mitad del techo.

El espacio es excelente en la primera fila que usa asientos de gran diseño, confort y con un soporte lateral adecuado. Lo más sorprendente es que atrás, incluso en esta versión de tres puertas que probamos, también hay buen espacio para dos personas, aunque no tan bueno para tres.

Alegría


Presionar el botón de encendido en la consola es el equivalente auditivo a una inyección de adrenalina. Pese a que es una máquina chica, de 2.0 litros de volumen, el ruido del Golf R es alucinante. Pero lo es más poner la caja de doble embrague y seis velocidades en D y acelerarlo. Las cuatro ruedas recibirán los 300 caballos de fuerza tan pronto las turbinas comiencen a actuar y esto se de más rápidamente de lo que pensábamos.

En la mañana asoleada de España salimos de Madrid hacia una pequeña carretera a las afueras de capital para sentir de qué es capaz el Golf. Uno de los botones en la consola controla los modos de manejo. Puede ser ecológico; confortable; normal; de carreras o individual. En este último se puede ajustar a cada uno de los sistemas como la dirección; la caja, el motor o la suspensión. Incluso la luz dinámica en curvas y el aire acondicionado. El objetivo es extraer todo el rendimiento posible. Lo pusimos en esa posición, con la palanca de cambios hacia la derecha para el modo manual y comenzamos a subir la montaña. Qué maravilla de coche. Acelere, incluso solo un poco, y responderá. Exíjalo como un entrenador lo haría aun atleta olímpico y obtendrá su respuesta que invariablemente será satisfactoria. Mis dedos presionaban ahora la palanca izquierda detrás del volante y luego la derecha y el Golf cambiaba de segunda a tercera y luego a segunda de nuevo. 60, 70, 80 km/h en curvas que otros no se atreverían a hacer en 40. La carrocería apenas se inclinaba. Las manos giraban hacia uno y otro lado pero quien parecía realmente estar controlando todo eran los ojos, porque era suficiente mirar en una dirección para que el coche obedeciera. Qué mañana nos regaló el Golf R. Llena de una adrenalina que no venía de la sensación de peligro que nunca realmente pareció haber, sino de velocidad pura y simple, casi como si estuviéramos conduciéndolo en una consola de video juegos.

El lado civilizado

De regreso a la ciudad y solo para experimentar, regresamos al modo de confort. Entonces el deportivo se transforma en urbano, se hace políticamente correcto, deja de responder de inmediato y se relaja. También el consumo de combustible se tranquiliza, claro, porque nadie pone 300 caballos de fuerza en el piso sin pagar un precio.

Sabemos que su llegada a México no debe darse hasta 2018, ya que el Golf haya tenido un cambio de imagen. Si viniera hoy, su precio estaría en la casa de los 600 mil pesos, un territorio en el que se puede encontrar lujo, hasta más potencia, pero difícilmente tanto equilibrio y alegría.

Sí, voy a extrañar las bellezas de Madrid. También a algunos de mis más queridos amigos; los magníficos jamones y los mejores vinos, pero la memoria de ese viaje fue completamente robada por el Golf R. Desde hoy, al menos para mi, un GTI ya no será suficiente.

Sergio Oliveira/Madrid

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