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Sayonara, Hoshi

Los 180 días de prueba con la CX-5 llegaron a su final, con resultado positivo

GUADALAJARA, JALISCO (11/JUN/2016).- Fueron seis meses con la CX-5 en nuestras manos. Un tiempo que pasó más rápido de lo que nos hubiera gustado, como ocurre con las cosas que disfrutamos. Hoy le vamos a tener que decir adiós, casi con una lágrima corriendo por la mejilla.

Hacía algo de frío en la Ciudad de México cuando recogimos nuestra CX-5 de prueba en el distribuidor Mazda Churubusco. Fue no sólo el inicio de una relación con esta que resultó ser una excelente camioneta, pero también el de una buena convivencia con la marca Mazda y sus servicios.

Pese a que ya tenía 7,500 kilómetros en el odómetro, el distribuidor nos la entregó como si recibiéramos una camioneta nueva. Estaba tapada con tela negra, gran parte del personal se reunía alrededor del vehículo y entre aplausos, felicitaciones y una lluvia de confeti la destaparon. Sabíamos que era solo una prueba, que no era mi camioneta, pero de igual manera nos emocionó.

La primera vuelta con ella fue una evaluación para el sistema de navegación por GPS con el que la versión que usamos, la S-Grand Touring de tracción delantera, ya venía equipada. Sin problemas logramos salir de la avenida Churubusco hacia Santa Fe sin perdernos aunque, claro, el trayecto nos tomó casi dos horas, algo normal en la capital.

En la mañana siguiente era turno de conducir a Guadalajara. En la carretera vimos que su manejo es mucho mejor de lo que nos acordábamos hablando de precisión, respuesta de dirección, frenos y suspensión. Pero aún con el motor 2.5, pensamos que un poco más de potencia no le hubiera caído nada mal.

Con el paso de los días todos —alrededor de cinco compañeros que la condujimos en esa prueba—, nos dimos cuenta de que le hacía falta una cubierta que escondiera los objetos en la cajuela de los ojos de los amantes de lo ajeno. Fuimos a Mazda Acueducto y compramos el accesorio original que tenía un costo de 3,100 pesos. La instalación tomó menos de dos minutos, sin burocracia ni necesidad de meter el auto al taller, llenar formas ni nada por el estilo. El “zoom-zoom” se mostraba también en la atención al cliente.

La sorpresa


En redes sociales pedimos a la gente que le pusiera un nombre a nuestra Mazda CX-5. Hoshi, que significa “estrella” en japonés, fue el elegido. Cuando ella llegó a los 10 mil kilómetros, era hora de hacer su primer servicio programado.

Pedimos una cita a Mazda Américas, de manera anónima, naturalmente. En un par de días la llevamos para lo que esperábamos fuera un rutinario cambio de aceite, rotación de llantas y cosas por el estilo. Efectivamente esto se hizo, pero se detectó una amenaza de la que no nos hubiéramos dado cuenta de no haber levantado a Hoshi: la llanta delantera izquierda tenía un “chichón” en su parte interna, lo que significaba la ruptura de las cuerdas de acero laterales del neumático e implicaban un riesgo fuerte de que éste pudiera estallar. En alta velocidad pudo haber sido una prueba muy fuerte para los sistemas de control de estabilidad y tracción, mismos que estamos muy contentos de no haber tenido que probar de esa manera. El “aburrido y rutinario” servicio pudo habernos salvado la vida.

Lo demás fue convivir con una camioneta muy placentera. Aún bonita y llamativa como cuando fue lanzada en 2012, Hoshi se mostró cómoda incluso para los pasajeros de la segunda fila y nos hizo cambiar la idea de que el espacio ahí era escaso. En la práctica, se mostró suficiente.

Equipos como el quemacocos; asientos forrados de piel; GPS, aviso de cambio involuntario de carril y otros se mostraron agradables cada uno en su momento. La alerta de tráfico cruzado, por ejemplo, nos ayudaba a salir de reversa en la cochera a cada mañana, avisándonos si venía un auto antes de que lo pudiéramos ver. El aire acondicionado se mostró capaz de tranquilizar los calores de mayo, lo que no es poca cosa.

Durante esos 180 días, el consumo promedio urbano de Hoshi fue de 9.7 kilómetros por litro, lo que francamente no está nada mal. En carretera llegamos a poco más de 12 kilómetros por litro, con el aire acondicionado funcionando. Sin él, a más de 13 km/lt.

Muy poco le podemos criticar a la CX-5. Un pedido puede ser el que la cubierta de la cajuela sea equipo de serie y no accesorio. Otra, el que no estaría mal una turbina para ayudar al motor. En defectos, un par de veces el sistema de sonido decidió trabarse, pero volvió a operar en seguida evitando una visita extra al servicio de agencia.

Hay productos que nos gustan hasta lo manejamos. Otros nos gusta manejarlos mas no tanto a diario. Unos más son placenteros en el día a día pero se vuelven pesadillas la hora de entrar al servicio. Con Hoshi el placer se dio siempre, por lo que ahora que se va no nos queda más que decir adiós, lo que hacemos no sin un cierto toque de dolor. Gracias por todo, Hoshi.

FICHA TÉCNICA
Motor Frontal transversal
Cilindro L4; 2.5 litros
Turbocompresor No
Potencia 186 HP @ 5,700 RPM
Torque 184 libras-pie @ 3,250 RPM
Tracción Delantera
Transmisión Automática de seis velocidades (6+R)
SUSPENSIÓN
Delantera Independiente, tipo McPherson con resortes helicoidales y barra estabilizadora
Trasera Independiente, de eje Multilink con resortes helicoidales y barra estabilizadora
FRENOS
Delanteros De discos ventilados, con ABS
Traseros De discos ventilados, con ABS
DIRECCIÓN

De piñón y cremallera con asistencia eléctrica
DIMENSIONES (mm)
Largo 4,540
Ancho 1,840
Alto 1,710
Distancia entre ejes 2,700
CAPACIDAD
Peso 1,551 kilogramos
Tanque 58 litros
Cajuela 928 litros

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