Suplementos
Teatro Ángela Peralta Concepción
La construcción neoclásica de dos pisos maravilla a los turistas
GUADALAJARA, JALISCO (07/SEP/2014).- La esquina sureste de las calles: Doctor Hernández Macías y Mesones, de San Miguel Allende, ostenta de un cautivador edificio, el Teatro Ángela Peralta. Del atrio de la Concepción dimos unos pasos y fuimos maravillados por una construcción neoclásica de dos pisos, el primero con tres puertas, de dos hojas de madera cada una, embellecidas con tallas en bajo relieve, el marco de cantera rosa, rematado por volutas, arriba una ventana en medio punto con clave.
La puerta central fue enmarcada por dos columnas redondas con capiteles dóricos. De las puertas laterales le sigue una media columna dórica, un macizo y otra media columna. Por friso, círculos en bajo relieve. Sobre la volada cornisa, las columnas se repiten, pero con capiteles dóricos, entre ellas, un balcón y arriba de su ventana de medio círculo, tiene inscripto: “1873-1910-1914”. El primer año corresponde al año en que se terminó el señorial y precioso teatro. El segundo año obedece al centenario de la Independencia y el tercer año, no supe por más que indagué. Año que se repite dos veces en los vitrales de abajo.
A los costados hay dos balcones, el primero corresponde con la puerta lateral del primer piso y el segundo con el macizo, los balcones con marco ligeramente arqueado y con clave, por remate un frontón triangular, las medias columnas también se repiten, pero del orden jónico. El friso con aros engarzados, entre ellos y arriba del segundo balcón se lee: TEATRO; arriba del balcón central: ÁNGELA; y arriba del cuarto balcón: PERALTA. Por remate, un frontón truncado, la esquina del teatro muestra un tramo de fachada ciega entre medias columnas dóricas en el primer nivel y jónicas en el segundo, con los frisos y cornisas de la fachada principal, que simplemente dan vuelta, donde el espacio luce una fuente de medio círculo, entre cuatro medias columnas jónicas brota un chorro, el friso fue dentado y una media almena por remate, de buen tamaño por cierto.
La extraordinaria soprano lírica y compositora (1845-93) fue invitada a cantar a su teatro, el de San Miguel, pues en Mazatlán, el Teatro Rubio cambio por igual nombre, debido a que en 1893 fue contrata la gran diva para que diera unos recitales, pero una nave llevó la fiebre amarilla al puerto, siendo la soprano una de las primeras víctimas.
Estudió en Milán y debutó en 1861, en la Scala, cantando Lucia, compuso piezas para piano y romanzas, que imprimió en, “Álbum musical de Ángela Peralta”. Ángela se estremeció y le rodaron varias lágrimas al contemplar su teatro y con su nombre inscrito, para ese momento se realizó una inolvidable ceremonia. La fabulosa cantante interpretó, Rigoletto y Lucia di Lamermoor, y arias de Il trovatore. Para 1881, el “Ruiseñor Mexicano”, como le apodaron de cariño, volvió al teatro sanmiguelense y lo hizo vibrar con El barbero de Sevilla, fue reconocida como una de las mejores cantantes de la época.
Posteriormente funcionó como cine por casi tres décadas, luego fue restaurado para operar nuevamente como teatro, en 1973, se celebró con entusiasmo sus primeros cien años, para evocar al Ruiseñor, se interpreto Lucia, con la Compañía Nacional de Opera. La Sociedad Cultural San Miguel A. C., se encarga de la administración y de las obras que se presentan en el Teatro, donde el Festival Cervantino provoca obras de nivel nacional e internacional. El telón sigue corriendo para manifestaciones escénicas, motivo por el cual se labraron y se levantaron las canteras rosas.
Del teatro fuimos a degustar una deliciosa pizza a la finca que ocupó el antiguo Mercado Aldama, delimitado por columnas redondas con capiteles toscanos, sobre la cornisa le corresponden almenas, entre ellas hay un medallón que reza: “MERCADO ALDAMA 1887”, obra de Zeferino Gutiérrez, una cúpula octagonal le brinda luz al restaurante, trozo a trozo fuimos saboreando la artesanal pizza Margarita, mientras mirábamos la animada calle sin coches y la plaza al fondo.
La puerta central fue enmarcada por dos columnas redondas con capiteles dóricos. De las puertas laterales le sigue una media columna dórica, un macizo y otra media columna. Por friso, círculos en bajo relieve. Sobre la volada cornisa, las columnas se repiten, pero con capiteles dóricos, entre ellas, un balcón y arriba de su ventana de medio círculo, tiene inscripto: “1873-1910-1914”. El primer año corresponde al año en que se terminó el señorial y precioso teatro. El segundo año obedece al centenario de la Independencia y el tercer año, no supe por más que indagué. Año que se repite dos veces en los vitrales de abajo.
A los costados hay dos balcones, el primero corresponde con la puerta lateral del primer piso y el segundo con el macizo, los balcones con marco ligeramente arqueado y con clave, por remate un frontón triangular, las medias columnas también se repiten, pero del orden jónico. El friso con aros engarzados, entre ellos y arriba del segundo balcón se lee: TEATRO; arriba del balcón central: ÁNGELA; y arriba del cuarto balcón: PERALTA. Por remate, un frontón truncado, la esquina del teatro muestra un tramo de fachada ciega entre medias columnas dóricas en el primer nivel y jónicas en el segundo, con los frisos y cornisas de la fachada principal, que simplemente dan vuelta, donde el espacio luce una fuente de medio círculo, entre cuatro medias columnas jónicas brota un chorro, el friso fue dentado y una media almena por remate, de buen tamaño por cierto.
La extraordinaria soprano lírica y compositora (1845-93) fue invitada a cantar a su teatro, el de San Miguel, pues en Mazatlán, el Teatro Rubio cambio por igual nombre, debido a que en 1893 fue contrata la gran diva para que diera unos recitales, pero una nave llevó la fiebre amarilla al puerto, siendo la soprano una de las primeras víctimas.
Estudió en Milán y debutó en 1861, en la Scala, cantando Lucia, compuso piezas para piano y romanzas, que imprimió en, “Álbum musical de Ángela Peralta”. Ángela se estremeció y le rodaron varias lágrimas al contemplar su teatro y con su nombre inscrito, para ese momento se realizó una inolvidable ceremonia. La fabulosa cantante interpretó, Rigoletto y Lucia di Lamermoor, y arias de Il trovatore. Para 1881, el “Ruiseñor Mexicano”, como le apodaron de cariño, volvió al teatro sanmiguelense y lo hizo vibrar con El barbero de Sevilla, fue reconocida como una de las mejores cantantes de la época.
Posteriormente funcionó como cine por casi tres décadas, luego fue restaurado para operar nuevamente como teatro, en 1973, se celebró con entusiasmo sus primeros cien años, para evocar al Ruiseñor, se interpreto Lucia, con la Compañía Nacional de Opera. La Sociedad Cultural San Miguel A. C., se encarga de la administración y de las obras que se presentan en el Teatro, donde el Festival Cervantino provoca obras de nivel nacional e internacional. El telón sigue corriendo para manifestaciones escénicas, motivo por el cual se labraron y se levantaron las canteras rosas.
Del teatro fuimos a degustar una deliciosa pizza a la finca que ocupó el antiguo Mercado Aldama, delimitado por columnas redondas con capiteles toscanos, sobre la cornisa le corresponden almenas, entre ellas hay un medallón que reza: “MERCADO ALDAMA 1887”, obra de Zeferino Gutiérrez, una cúpula octagonal le brinda luz al restaurante, trozo a trozo fuimos saboreando la artesanal pizza Margarita, mientras mirábamos la animada calle sin coches y la plaza al fondo.