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Tradición con sabor a café

Estas son las historias de quienes comienzan sus mañanas en los cafés más tradicionales del Centro de Guadalajara

GUADALAJARA, JALISCO (28/JUL/2013).- Acudir a tomar un café o a desayunar es para algunas personas todo un ritual que repiten a lo largo de décadas, sin importar que existan algunos obstáculos para acceder a su espacio de “siempre”, o que cambien ciertas reglas, como el que se prohíba fumar en lugares donde antiguamente se acostumbraba.

Durante la reconstrucción de algunas calles del Centro de Guadalajara, llegar al Madoka o al D Val era toda una odisea. Había que sortear zanjas o caminar más porque los vehículos no podían acceder a determinadas rúas, pero nada de eso impidió que los parroquianos, hombres en su mayoría, llegaran a tomar su acostumbrado cafecito o desayuno.

Pero esas no fueron las únicas dificultades a sortear, cuando se empezó a implementar la llamada “Ley Antitabaco” algunos pensaron que bajaría la clientela, pero eso no sucedió.

Estos son algunos retratos de los cafés que son como una segunda casa para sus clientes, quienes encontrarán amigos o conocidos con quien comentar las noticias, jugar ajedrez o dominó, o simplemente charlar.

Desde sus inicios

El café Madrid se fundó hace 56 años, ahí los meseros han envejecido junto con sus parroquianos; se conocen como si fueran familia.

Su fachada se parece más a la de una lonchería y en su interior los muebles fueron remozados, pero la caja registradora sigue ahí, es una antigua, como de colección.

Daniel Zivi tiene 80 años y 50 años yendo al Café Madrid. Cuenta que en ese entonces, junto con el dueño Miguel Tadeo, formaron un grupo de ocho personas que todas las mañanas, en punto de las diez, se reunían para desayunar y tomar su cafecito en este lugar situado en una de las esquina de la Avenida Juárez y Corona, a un lado de una famosa lonchería.

Cada día se jugaban en un volado a quién le correspondería pagar el café del grupo, que en ese entonces no pasaba de los 90 o cien pesos.

De aquel grupo de ocho hombres ya sólo queda él. Miguel, el fundador de El Madrid, falleció hace poco más de un año y ahora son sus hijas quienes atienden este espacio.

Daniel asevera que sin que sea un lugar exclusivo para hombres, son ellos los que más acuden, aunque también llegan familias completas, en especial cuando vienen de visita a la ciudad y entran a desayunar, comer o  tomar un buen café.

Daniel nunca ha fumado, así que celebra que ahora esa actividad no se realice dentro del restaurante.

Nunca falta un amigo con quien conversar, asevera. Daniel tiene ocho hijos, 23 nietos y cuatro bisnietos. Se jubiló hace 10 años, tenía una fábrica de ropa en el Centro de la ciudad pero sigue asistiendo a tomar su café, sólo que ahora llega más tarde, alrededor de las 12 del día y se queda hasta las dos de la tarde. Su esposa no lo acompaña al café porque le toca quedarse en casa a preparar la comida, dice Daniel, pero por la tarde salen juntos a caminar o a tomar un helado.

Entre música y amigos

José de Jesús Macías Rivas tiene 55 años y se autodefine como trovador, toca en los cafés del Centro, bueno, no en todos, explica. En El Madrid no le dan permiso y al San Remo no entra porque ahí se fuma mucho y su garganta se resiente.

Desde hace 14 años reparte su tiempo entre el Madoka (que se fundó hace 54 años y está situado en Enrique González Martínez) y el D Val, que está en Pedro Moreno y 8 de Julio. En días buenos logra sacar hasta mil pesos de propinas que le dan los parroquianos, pero el promedio es de 300 a 500 pesos.

Formó parte del Trío Romano, pero uno de sus miembros falleció y el otro ya no quiso seguir, así que desde entonces es un trovador solitario.

La música la lleva en la sangre, y empezó a tocar desde los 14 años junto con su papá, llama la atención de los visitantes por la eterna sonrisa que pinta en su rostro mientras interpreta las melodías que le solicitan. Es de esas personas que se dedican a lo que les gusta, y además le pagan por ello.

Recuerda que de joven fumó, pero le estaba afectando la voz, a pesar de que sólo consumía tres o cuatro cigarrillos diarios, así que prefirió dejarlo.

En el Madoka la mayoría de las meseras son del sexo femenino, mujeres en la cuarta o quinta década de su vida, donde también son famosos los chilaquiles gratinados, rojos, verdes, crujientes, con pollo, con huevo, con tocino….

Los clientes más antiguos se reúnen en el fondo a jugar dominó o ajedrez, ellos pueden pasar horas enteras sin salir del Madoka, sólo alguno que otro sale a fumar y pero termina por regresar.

José Mejía tiene 86 años y no está casado, llega todas las mañanas a desayunar, dice que viene desde más de 50 años, que a veces se cita con alguien o nunca falta un conocido que se acerque a conversar con él.

Café y cigarros


Gabriel Gutiérrez Mujica de 75 años, director y actor de teatro, es uno de los clientes más antiguos del café D Val, que ronda los 20 años de antigüedad. Él se quejó cuando prohibieron fumar dentro del café, aunque eso no le impidió regresar, porque ahí se encontraba con otros actores e intelectuales tapatíos.

Asevera que el café y el cigarro siempre han ido juntos, y que a él no le afecta el tabaquismo, que su voz se mantiene fuerte y prueba de ello es que sigue vigente en el teatro.

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