Suplementos
Una fiesta valenciana de museo
Equiparable a la movida madrileña, el fenómeno cultural de la Ruta del Bakalao es pieza para la contemplación
GUADALAJARA, JALISCO (08/DIC/2013).- Corrían los primeros años noventa y se exportaban miles de discos. Su nombre era sinónimo de diversión desenfrenada, música y drogas, de viernes a lunes. Era el inicio, sin embargo, de su degeneración y decadencia, según los puristas, los auténticos, los que vivieron 10 años antes los principios de un fenómeno que tuvo lugar al mismo tiempo que la movida madrileña.
Entonces, un grupo de discotecas de playa, que agonizaban tras la resurrección que les insufló la fiebre de John Travolta, se reencarnaron en templos de música de vanguardia y en escenarios del cambio de tendencias sociales y culturales. Allí, un grupo de jóvenes pinchaba la música que traía de sus viajes a Manchester, Londres o Alemania, y la mezclaba sin ningún complejo en una coctelera en la que se podía agitar la new age de Win Mertens y el postpunk de The Cure, con una base de tecnopop, entre otros grupos que se degustaron aquí como primicia. También actuaban bandas de culto. El resultado eran sesiones estimulantes, innovadoras, lo nunca oído. La estética siniestra convivía con el colorido de las primeras drag queens en España y el aire filogay de los nuevos románticos. Era la Ruta del Bakalao.
“Un fenómeno netamente valenciano que logró exportarse internacionalmente”, explica Lluís Fernández, que ha tenido el atrevimiento de meter por primera vez en un museo la estigmatizada ruta. Lo ha hecho insertándola como una muestra en un proyecto expositivo más amplio titulado Ídolos pop, que ofrece una panorámica del pop español y valenciano, de Bruno Lomas a Nino Bravo, del guateque a la discoteca posmoderna. La exposición se inauguró en el Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (Muvim) y se podrá ver hasta el 2 de marzo.
“El tipo de exposiciones que planteo coincide con la idea de este museo, que está volcado en potenciar aquellas cosa que hace la sociedad y no tienen un reflejo artístico inmediato, porque no forman parte de la cultura dominante e institucional. Me interesa la cultura popular y la cultura basura y reivindico que pueda entrar en los museos en pie de igualdad con otras manifestaciones, porque lo importante no es el objeto sino la reflexión que se hace en torno al mismo”, añade el escritor y coleccionista.
Ha cedido buena parte de sus fondos de vinilos, carteles y portadas para la exposición, que se inauguró el jueves con una actuación del DJ Chimo Bayo, que vendió miles de discos con sus mezclas.
“Los fenómenos siempre son auténticos al principio, pero tiene una doble cara. Porque lo auténtico es minoritario. Y cuando se convierte en un negocio es negativo para mucha gente... No para mí, porque permite mantener el fenómeno”, sostiene el comisario. “Sociológicamente”, añade, “no se puede entender el fenómeno de la ruta sin las drogas. Al principio se tomaba mescalina”, comenta Fernández, sobre el derivado sintético del peyote que inspiró, junto a la luna de Valencia, una popular canción de Los Rebeldes. Loquillo, Bunbury, Pedro Almodóvar o Miguel Bosé fueron algunos de los numerosos famosos que visitaron en alguna ocasión la ruta jalonada por discotecas de resonancias míticas para una generación, hoy ya talludita, como Barraca, Chocolate o Spook Factory.
SABER MÁS
Los hoteles
Para hospedarse en Valencia hay opciones atractivas, céntricas y a precio asequible para los bolsillos de los viajeros:
> El Hotel Valencia Center Avenida de Francia No. 33
Costo promedio por noche: 40 dólares.
> Ayre Hotel Astoria Palace
Plaza Rodrigo Botet No. 5
Costo promedio por noche: 80 dólares
Más información en:
http://www.booking.com
El País
Entonces, un grupo de discotecas de playa, que agonizaban tras la resurrección que les insufló la fiebre de John Travolta, se reencarnaron en templos de música de vanguardia y en escenarios del cambio de tendencias sociales y culturales. Allí, un grupo de jóvenes pinchaba la música que traía de sus viajes a Manchester, Londres o Alemania, y la mezclaba sin ningún complejo en una coctelera en la que se podía agitar la new age de Win Mertens y el postpunk de The Cure, con una base de tecnopop, entre otros grupos que se degustaron aquí como primicia. También actuaban bandas de culto. El resultado eran sesiones estimulantes, innovadoras, lo nunca oído. La estética siniestra convivía con el colorido de las primeras drag queens en España y el aire filogay de los nuevos románticos. Era la Ruta del Bakalao.
“Un fenómeno netamente valenciano que logró exportarse internacionalmente”, explica Lluís Fernández, que ha tenido el atrevimiento de meter por primera vez en un museo la estigmatizada ruta. Lo ha hecho insertándola como una muestra en un proyecto expositivo más amplio titulado Ídolos pop, que ofrece una panorámica del pop español y valenciano, de Bruno Lomas a Nino Bravo, del guateque a la discoteca posmoderna. La exposición se inauguró en el Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (Muvim) y se podrá ver hasta el 2 de marzo.
“El tipo de exposiciones que planteo coincide con la idea de este museo, que está volcado en potenciar aquellas cosa que hace la sociedad y no tienen un reflejo artístico inmediato, porque no forman parte de la cultura dominante e institucional. Me interesa la cultura popular y la cultura basura y reivindico que pueda entrar en los museos en pie de igualdad con otras manifestaciones, porque lo importante no es el objeto sino la reflexión que se hace en torno al mismo”, añade el escritor y coleccionista.
Ha cedido buena parte de sus fondos de vinilos, carteles y portadas para la exposición, que se inauguró el jueves con una actuación del DJ Chimo Bayo, que vendió miles de discos con sus mezclas.
“Los fenómenos siempre son auténticos al principio, pero tiene una doble cara. Porque lo auténtico es minoritario. Y cuando se convierte en un negocio es negativo para mucha gente... No para mí, porque permite mantener el fenómeno”, sostiene el comisario. “Sociológicamente”, añade, “no se puede entender el fenómeno de la ruta sin las drogas. Al principio se tomaba mescalina”, comenta Fernández, sobre el derivado sintético del peyote que inspiró, junto a la luna de Valencia, una popular canción de Los Rebeldes. Loquillo, Bunbury, Pedro Almodóvar o Miguel Bosé fueron algunos de los numerosos famosos que visitaron en alguna ocasión la ruta jalonada por discotecas de resonancias míticas para una generación, hoy ya talludita, como Barraca, Chocolate o Spook Factory.
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Los hoteles
Para hospedarse en Valencia hay opciones atractivas, céntricas y a precio asequible para los bolsillos de los viajeros:
> El Hotel Valencia Center Avenida de Francia No. 33
Costo promedio por noche: 40 dólares.
> Ayre Hotel Astoria Palace
Plaza Rodrigo Botet No. 5
Costo promedio por noche: 80 dólares
Más información en:
http://www.booking.com
El País