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Monterrey
GUADALAJARA, JALISCO (24/ABR/2011).- Al Este de la añeja Mesa los Nogales y al Sur del hermoso Cerro de la Silla, se encuentra la fabulosa y dinámica ciudad de Monterrey.
En 1577, Alberto del Canto y colonizadores que lo acompañaban, se establecieron a un costado de unos manantiales de Santa Lucia, nombrando al asentamiento, “Valle de Extremadura”. Por 1583, el rey Felipe II aprobó al rico portugués de nombre Luis Carbajal y de la Cueva, poblar el Nuevo Reino de León, y fundó “San Luis”, pero injustamente fue señalado como judaizante, y se vio obligado a abandonar el naciente poblado, ambas fueron fundaciones frustradas. El 20 de septiembre de 1596, Diego de Montemayor, con doce familias fundó el poblado, “Nuestra Señora de Monterrey”, en honor al virrey de la Nueva España, Gaspar Zúñiga y Acevedo, conde de Monterrey, España. El acta de fundación dice: “Que existen para labores de pan y coger, y muchas minas que en su comarca hay de tres, diez y quince leguas a la redonda y sitios para ganados mayores y menores y otros muchos aprovechamientos”. En 1611, la floreciente población sufrió una inundación y se reubicó en terreno alto. Las minas de Boca de Leones impulsaron su desarrollo.
A mediados del siglo XVII, una pastorcilla encontró una virgen en el hueco de un roble, y fue llamada “Nuestra Señora del Roble”, siendo venerada en una capilla lateral de la parroquia, el obispo Verger, le edificó una capilla en la década de 1780 y para 1884 se construyó su templo, es la patrona de la arquidiócesis, el obispo también edificó el Palacio de Nuestra Señora de Guadalupe, después de su muerte (1790), se aprobó su añorada solicitud, que Monterrey fuera sede del Obispado. En 1791, se concluyó la catedral. El obispo sucesor, de Llanos, abrió el Real y Tridentino Colegio Seminario, el 2 de febrero de 1793, y emprendió el hospital para pobres Nuestra Señora del Rosario. Para 1798 se construyó la Presa Grande.
Y en 1914, el hermoso convento de San Andrés fue lamentablemente demolido… El Obispado presume de su hermosa capilla barroca, con arco conopial, sitio que alberga el sorprendente Museo Regional de Nuevo León, con bizarros oleos de distintas épocas; con la primitiva imprenta que tanto conocimiento difundió; con la escultura de Santo Domingo y su increíble mirador, donde ondea una majestuosa bandera mexicana.
El centro de la ciudad atesora diversas fincas de gran interés, su corazón es la agradable y amplia Macroplaza, espacio enriquecido por fuentes y esculturas por doquier, una de ellas es el Faro del Comercio, creación de sensible Luis Barragán, al Sur se pavonea con la plaza Zaragoza, mostrando la cautivadora escultura del general sobre su corcel, y al Norte, luce el señorial Palacio de Gobierno, con su vistoso pórtico y sus salientes terrazas, su interior cobija el valioso Museo del Palacio de Gobierno.
Del costado Este, se encuentran: el Museo de Arte Contemporáneo (Marco), atrapante proyecto del creativo Ricardo Legorreta, con su insigne y expresiva paloma, obra del talentoso Juan Soriano; le sigue la bella catedral, con su alto campanario de tres cuerpos; a un lado se ubica el legendario “Casino de Monterrey”, con su elegante terraza en el segundo piso; una cuadra adentro está la capilla de los Dulces Nombres de Jesús, María y José, con su bonito frontis.
Del costado Oeste, se localiza el precioso Palacio Municipal, hoy por hoy, Museo Metropolitano de Monterrey, rico en piezas y documentos históricos; más adelante está el atractivo edificio del Banco Mercantil de Monterrey; a unos pasos se levantó un magnifico hotel de influencia europea, fue llamado “Ancira”; y al fondo resplandece la capilla del Sagrado Corazón, de pintoresco pórtico.
A tres cuadras, al oriente de la capilla, una sensacional embarcación aguarda para dar el fantástico paseo de Santa Lucia, el recorrido es de dos kilómetros y medio, enlaza la Macroplaza, el Barrio Antiguo y el Parque Fundidora. Durante el insólito paseo por el canal se dejan ver fuentes, esculturas, modernos edificios y los puentes por los que se atraviesa.
Un documento dice: “Unos días después de firmarse el decreto del general Reyes (exención hasta por 20 años), se solicitó la concesión para establecer la Fábrica de Cerveza y Hielo Monterrey y la Fundidora de Fierro y Elaboración de Maquinaria de Monterrey. Era finales de noviembre de 1889… se había iniciado la revolución industrial regiomontana”… La Fundidora apagó sus hornos en 1986, y el complejo industrial se transformó en el maravilloso Parque Fundidora, proyectándose un mágico canal, que corre sobre el antiguo lecho del arroyo Santa Lucia, antaño se había entubado, en 1954, para dar paso a una calle.
Sobre la avenida Madero hay una romántica finca, que parecería un chalet veraniego, pero fue la Escuela Industrial Álvaro Obregón. Y en la esquina de Pino Suárez, se colocó la cimbra para el fausto Arco de la Independencia. La Cervecería Cuauhtémoc brindó un lugar para el increíble “Salón de la Fama del Béisbol Profesional de México”. El Parque Niños Héroes, comprende los fascinantes museos: Fauna y Ciencias Naturales, y El Automóvil y la Transportación. Y el Grupo Alfa, apoya al admirable Planetario Alfa. Monterrey invita a gozar vivencias emocionantes e inolvidables.
En 1577, Alberto del Canto y colonizadores que lo acompañaban, se establecieron a un costado de unos manantiales de Santa Lucia, nombrando al asentamiento, “Valle de Extremadura”. Por 1583, el rey Felipe II aprobó al rico portugués de nombre Luis Carbajal y de la Cueva, poblar el Nuevo Reino de León, y fundó “San Luis”, pero injustamente fue señalado como judaizante, y se vio obligado a abandonar el naciente poblado, ambas fueron fundaciones frustradas. El 20 de septiembre de 1596, Diego de Montemayor, con doce familias fundó el poblado, “Nuestra Señora de Monterrey”, en honor al virrey de la Nueva España, Gaspar Zúñiga y Acevedo, conde de Monterrey, España. El acta de fundación dice: “Que existen para labores de pan y coger, y muchas minas que en su comarca hay de tres, diez y quince leguas a la redonda y sitios para ganados mayores y menores y otros muchos aprovechamientos”. En 1611, la floreciente población sufrió una inundación y se reubicó en terreno alto. Las minas de Boca de Leones impulsaron su desarrollo.
A mediados del siglo XVII, una pastorcilla encontró una virgen en el hueco de un roble, y fue llamada “Nuestra Señora del Roble”, siendo venerada en una capilla lateral de la parroquia, el obispo Verger, le edificó una capilla en la década de 1780 y para 1884 se construyó su templo, es la patrona de la arquidiócesis, el obispo también edificó el Palacio de Nuestra Señora de Guadalupe, después de su muerte (1790), se aprobó su añorada solicitud, que Monterrey fuera sede del Obispado. En 1791, se concluyó la catedral. El obispo sucesor, de Llanos, abrió el Real y Tridentino Colegio Seminario, el 2 de febrero de 1793, y emprendió el hospital para pobres Nuestra Señora del Rosario. Para 1798 se construyó la Presa Grande.
Y en 1914, el hermoso convento de San Andrés fue lamentablemente demolido… El Obispado presume de su hermosa capilla barroca, con arco conopial, sitio que alberga el sorprendente Museo Regional de Nuevo León, con bizarros oleos de distintas épocas; con la primitiva imprenta que tanto conocimiento difundió; con la escultura de Santo Domingo y su increíble mirador, donde ondea una majestuosa bandera mexicana.
El centro de la ciudad atesora diversas fincas de gran interés, su corazón es la agradable y amplia Macroplaza, espacio enriquecido por fuentes y esculturas por doquier, una de ellas es el Faro del Comercio, creación de sensible Luis Barragán, al Sur se pavonea con la plaza Zaragoza, mostrando la cautivadora escultura del general sobre su corcel, y al Norte, luce el señorial Palacio de Gobierno, con su vistoso pórtico y sus salientes terrazas, su interior cobija el valioso Museo del Palacio de Gobierno.
Del costado Este, se encuentran: el Museo de Arte Contemporáneo (Marco), atrapante proyecto del creativo Ricardo Legorreta, con su insigne y expresiva paloma, obra del talentoso Juan Soriano; le sigue la bella catedral, con su alto campanario de tres cuerpos; a un lado se ubica el legendario “Casino de Monterrey”, con su elegante terraza en el segundo piso; una cuadra adentro está la capilla de los Dulces Nombres de Jesús, María y José, con su bonito frontis.
Del costado Oeste, se localiza el precioso Palacio Municipal, hoy por hoy, Museo Metropolitano de Monterrey, rico en piezas y documentos históricos; más adelante está el atractivo edificio del Banco Mercantil de Monterrey; a unos pasos se levantó un magnifico hotel de influencia europea, fue llamado “Ancira”; y al fondo resplandece la capilla del Sagrado Corazón, de pintoresco pórtico.
A tres cuadras, al oriente de la capilla, una sensacional embarcación aguarda para dar el fantástico paseo de Santa Lucia, el recorrido es de dos kilómetros y medio, enlaza la Macroplaza, el Barrio Antiguo y el Parque Fundidora. Durante el insólito paseo por el canal se dejan ver fuentes, esculturas, modernos edificios y los puentes por los que se atraviesa.
Un documento dice: “Unos días después de firmarse el decreto del general Reyes (exención hasta por 20 años), se solicitó la concesión para establecer la Fábrica de Cerveza y Hielo Monterrey y la Fundidora de Fierro y Elaboración de Maquinaria de Monterrey. Era finales de noviembre de 1889… se había iniciado la revolución industrial regiomontana”… La Fundidora apagó sus hornos en 1986, y el complejo industrial se transformó en el maravilloso Parque Fundidora, proyectándose un mágico canal, que corre sobre el antiguo lecho del arroyo Santa Lucia, antaño se había entubado, en 1954, para dar paso a una calle.
Sobre la avenida Madero hay una romántica finca, que parecería un chalet veraniego, pero fue la Escuela Industrial Álvaro Obregón. Y en la esquina de Pino Suárez, se colocó la cimbra para el fausto Arco de la Independencia. La Cervecería Cuauhtémoc brindó un lugar para el increíble “Salón de la Fama del Béisbol Profesional de México”. El Parque Niños Héroes, comprende los fascinantes museos: Fauna y Ciencias Naturales, y El Automóvil y la Transportación. Y el Grupo Alfa, apoya al admirable Planetario Alfa. Monterrey invita a gozar vivencias emocionantes e inolvidables.