Suplementos
Ya sabe bailar
Antes típicamente de EU, el Mustang se vuelve un deportivo capaz de complacer a muchos más
GUADALAJARA, JALISCO (27/SEP/2014).- Silueta fuerte, frente intimidante, mucha potencia y precio asequible. Estas han sido las principales características positivas del Mustang en su historia, pero todas habían convivido con una muy negativa: sólo funcionaba en rectas. Ya no es así.
Hace ya casi un año que en el mismo escenario, la ciudad de Los Ángeles, vimos por primera vez el Ford Mustang 2015. Ahora regresamos para conducirlo y con ello ver si las promesas de refinamiento habían sido cumplidas. Y nos dimos cuenta que algunas sí, otras no.
La esperada revolución estética ya nos habíamos dado cuenta que no ocurrió, pese a que sus diseñadores juraron haber empezado con una hoja de papel en blanco. Pero el auto sigue viéndose como una evolución de los fastbacks anteriores.
Por dentro, esto es más o menos igual. Los materiales son mejores que antes en algunos puntos, como la parte superior del tablero, ahora suave y con costura aparente. En otros lados el uso de plásticos rígidos y no precisamente refinados, sigue marcando presencia. Se ve como Mustang. Huele a Mustang. ¿Esto está bien? En parte sí, porque mantiene su personalidad y en un producto históricamente venerado, esto es fundamental.
Por otro lado, las pretensiones ahora internacionales de Ford para este modelo lo harán competir contra rivales como el BMW Serie 4 o el Audi A5, ya no sólo contra sus similares Camaro y Challenger. Ya veremos cómo el mundo lo recibe, pero no hay que olvidar que llegará a 110 países y esto implica mucha responsabilidad. Sí, es un ícono esperado por muchos que nunca lo tuvieron, lo que sólo aumentaba su leyenda. Ahora que ya no será así, hay que conquistar al público por otros motivos.
Por esto, mecánicamente el nuevo Mustang tiene el atrevimiento que tal vez le haya faltado en sus líneas exteriores. No, éste no viene en la versión de entrada, que será el V6 de 3.7 litros y 300 caballos de la generación anterior. No es un mal motor, pero sigue siendo visto como el Mustang “para la secretaria”.
Arriba de todos está el tradicional y esperado V8, el mismo 5.0 litros del pasado, cuya potencia fue estirada hasta lograr los 435 HP. Con su buen torque (420 libras-pie) y sonido de siempre, es el motor que un Mustang debe tener, por supuesto.
La novedad, mucho más diseñada para mercados foráneos, principalmente los del Viejo Continente y el japonés, solo tiene cuatro cilindros y hace recordar el no muy querido SVO de los años 80.
La gracia del baile
Llega la tarde y nos toca el momento de la verdad. Bajo un cielo impecable, con 38 grados de temperatura, nos subimos a un Mustang GT rojo, con todos los cilindros que debe tener. Mejor aún, con una caja manual de seis velocidades, hecha justo para los entusiastas.
Para oír la melodía gutural de la máquina hay que pisar el embrague, mucho más suave que el de un GT 500 2014, por supuesto, para entonces presionar un botón blanco en la base izquierda de la consola central.
Encendida la máquina —y el bendito aire acondicionado— los vellos de todo el cuerpo se erizan de inmediato. Y lo hacen aún más cuando se acelera y sentimos que la espalda quiere fusionarse con el respaldo. ¡Esto es un Mustang! Pero, hay un detalle. Un magnífico detalle. Ya no hay que bajar el entusiasmo en las curvas. Porque este Mustang baila. Y cómo baila.
Tal vez el EcoBoost pueda hacerlo danzar como Nureyev, pero nos gusta mucho más la gracia fuerte, masculina e imposible de acompañar de un Muhamed Ali en el cuadrilátero, listo para “volar como una mariposa y picar como un abeja” ante la mínima provocación, como lo es el GT.
La suspensión independiente trasera ya lo hace íntimo con las curvas. Y cómo. Curva tras curva lo hicimos en las montañas justo arriba de Los Ángeles. Desafiando los límites de velocidad permitidos con tal de ver el aplomo, la fuerza, el inmenso agarre que tiene el auto. Derecha, izquierda, recta. Izquierda, derecha, recta. El Mustang es ahora un triatleta, no sólo un “sprinter”.
La dirección acompaña esto con enorme precisión. Los frenos Brembo apenas se usaron. No era necesario. ¿Ya dijimos que se agarra muy bien? No importa, vale la pena repetirlo, como también vale la pena curvear una y otra vez con este magnífico deportivo.
Los amantes tradicionales y radicales del Potro no tienen de qué preocuparse con la ausencia del eje rígido. La potencia aún se pone muy bien en el piso. Y su habilidad para los caminos sinuosos nos hacen sentir como el niño que aprendió un nuevo truco, un nuevo deporte, un nuevo juguete. Y créannos, es mucho, mucho más divertido.
El auto ya se puede ordenar en los distribuidores Ford del país. La versión V6 manual costará 429,900 pesos y 449,900 automático. El GT manual sale por 566,900 pesos y el GT automático con caja también de seis velocidades, sale por 593 mil 900 pesos, mientras que el convertible saldrá por 679 mil 900 pesos.
El EcoBoost no llegará este año, pero sí debe venir en 2015, aunque dudamos que en México haya uno sólo que esté ansioso por tener el EcoBoost. Porque al contrario de los otros 107 países a los que el Mustang llegará ahora, en toda Norteamérica sí se conoce este auto de cerca. Se ha vivido y sentido toda su historia y si hay algo que ella nos ha enseñado es que el Potro, el Mustang, el caballo más adorado de esta región, usa un V8 bajo el cofre. Además, ahora ya sabe bailar.
Sergio Oliveira / Los Ángeles
O “Eco” o “Boost”
En el evento internacional para los medios de comunicación condujimos primero el potro de cuatro cilindros. Tal vez más que nunca un Mustang merezca el apodo “Pony”. Y no precisamente por los motivos correctos.
Pese a que es, en los números, una maravilla tecnológica, el motor EcoBoost no emociona. Sí, suena mejor de lo que esperábamos. Sí tiene cifras que nos muestran que hay más torque y caballos de fuerza que un V8 de hace dos generaciones. Pero nadie quiere usar una computadora de hace una década luego de haber experimentado la velocidad de las actuales.
Aceleramos el auto y hay una fracción de segundo entre que el pie presiona el pedal derecho y el aire activa las turbinas para empujar al coche con más fuerza. Si esto no se acepta bien en un Audi, menos en un Mustang. Por esto es un motor que se adaptará mucho más a mercados maduros, con fuertes exigencias de control de emisiones y ninguna ligación emocional con el Mustang.
El EcoBoost puede ser muy económico si no pisamos mucho. Y una vez que la turbina ya está trabajando, es una máquina que hace que el Mustang sea un auto rápido. Muy rápido. El detalle es que el consumidor tendrá que escoger entre pisarle suavemente para economizar gasolina, o usar este deportivo como todos quieren usarlo, es decir, andando rápido. Ambos no se puede.
Que no se mal interprete. El EcoBoost no es un mal motor, sólo es uno para los que nunca antes habían conducido un Mustang. Por esto, no está nada mal que no venga ahora a México. Porque aquí, donde ya se le conoce desde hace cinco décadas ininterrumpidas, un Mustang, un verdadero Mustang, necesita un V8. ¿V6 y 4 cilindros? Esos son “ponies”. El caballo de verdad usa ocho gargantas.
Hace ya casi un año que en el mismo escenario, la ciudad de Los Ángeles, vimos por primera vez el Ford Mustang 2015. Ahora regresamos para conducirlo y con ello ver si las promesas de refinamiento habían sido cumplidas. Y nos dimos cuenta que algunas sí, otras no.
La esperada revolución estética ya nos habíamos dado cuenta que no ocurrió, pese a que sus diseñadores juraron haber empezado con una hoja de papel en blanco. Pero el auto sigue viéndose como una evolución de los fastbacks anteriores.
Por dentro, esto es más o menos igual. Los materiales son mejores que antes en algunos puntos, como la parte superior del tablero, ahora suave y con costura aparente. En otros lados el uso de plásticos rígidos y no precisamente refinados, sigue marcando presencia. Se ve como Mustang. Huele a Mustang. ¿Esto está bien? En parte sí, porque mantiene su personalidad y en un producto históricamente venerado, esto es fundamental.
Por otro lado, las pretensiones ahora internacionales de Ford para este modelo lo harán competir contra rivales como el BMW Serie 4 o el Audi A5, ya no sólo contra sus similares Camaro y Challenger. Ya veremos cómo el mundo lo recibe, pero no hay que olvidar que llegará a 110 países y esto implica mucha responsabilidad. Sí, es un ícono esperado por muchos que nunca lo tuvieron, lo que sólo aumentaba su leyenda. Ahora que ya no será así, hay que conquistar al público por otros motivos.
Por esto, mecánicamente el nuevo Mustang tiene el atrevimiento que tal vez le haya faltado en sus líneas exteriores. No, éste no viene en la versión de entrada, que será el V6 de 3.7 litros y 300 caballos de la generación anterior. No es un mal motor, pero sigue siendo visto como el Mustang “para la secretaria”.
Arriba de todos está el tradicional y esperado V8, el mismo 5.0 litros del pasado, cuya potencia fue estirada hasta lograr los 435 HP. Con su buen torque (420 libras-pie) y sonido de siempre, es el motor que un Mustang debe tener, por supuesto.
La novedad, mucho más diseñada para mercados foráneos, principalmente los del Viejo Continente y el japonés, solo tiene cuatro cilindros y hace recordar el no muy querido SVO de los años 80.
La gracia del baile
Llega la tarde y nos toca el momento de la verdad. Bajo un cielo impecable, con 38 grados de temperatura, nos subimos a un Mustang GT rojo, con todos los cilindros que debe tener. Mejor aún, con una caja manual de seis velocidades, hecha justo para los entusiastas.
Para oír la melodía gutural de la máquina hay que pisar el embrague, mucho más suave que el de un GT 500 2014, por supuesto, para entonces presionar un botón blanco en la base izquierda de la consola central.
Encendida la máquina —y el bendito aire acondicionado— los vellos de todo el cuerpo se erizan de inmediato. Y lo hacen aún más cuando se acelera y sentimos que la espalda quiere fusionarse con el respaldo. ¡Esto es un Mustang! Pero, hay un detalle. Un magnífico detalle. Ya no hay que bajar el entusiasmo en las curvas. Porque este Mustang baila. Y cómo baila.
Tal vez el EcoBoost pueda hacerlo danzar como Nureyev, pero nos gusta mucho más la gracia fuerte, masculina e imposible de acompañar de un Muhamed Ali en el cuadrilátero, listo para “volar como una mariposa y picar como un abeja” ante la mínima provocación, como lo es el GT.
La suspensión independiente trasera ya lo hace íntimo con las curvas. Y cómo. Curva tras curva lo hicimos en las montañas justo arriba de Los Ángeles. Desafiando los límites de velocidad permitidos con tal de ver el aplomo, la fuerza, el inmenso agarre que tiene el auto. Derecha, izquierda, recta. Izquierda, derecha, recta. El Mustang es ahora un triatleta, no sólo un “sprinter”.
La dirección acompaña esto con enorme precisión. Los frenos Brembo apenas se usaron. No era necesario. ¿Ya dijimos que se agarra muy bien? No importa, vale la pena repetirlo, como también vale la pena curvear una y otra vez con este magnífico deportivo.
Los amantes tradicionales y radicales del Potro no tienen de qué preocuparse con la ausencia del eje rígido. La potencia aún se pone muy bien en el piso. Y su habilidad para los caminos sinuosos nos hacen sentir como el niño que aprendió un nuevo truco, un nuevo deporte, un nuevo juguete. Y créannos, es mucho, mucho más divertido.
El auto ya se puede ordenar en los distribuidores Ford del país. La versión V6 manual costará 429,900 pesos y 449,900 automático. El GT manual sale por 566,900 pesos y el GT automático con caja también de seis velocidades, sale por 593 mil 900 pesos, mientras que el convertible saldrá por 679 mil 900 pesos.
El EcoBoost no llegará este año, pero sí debe venir en 2015, aunque dudamos que en México haya uno sólo que esté ansioso por tener el EcoBoost. Porque al contrario de los otros 107 países a los que el Mustang llegará ahora, en toda Norteamérica sí se conoce este auto de cerca. Se ha vivido y sentido toda su historia y si hay algo que ella nos ha enseñado es que el Potro, el Mustang, el caballo más adorado de esta región, usa un V8 bajo el cofre. Además, ahora ya sabe bailar.
Sergio Oliveira / Los Ángeles
O “Eco” o “Boost”
En el evento internacional para los medios de comunicación condujimos primero el potro de cuatro cilindros. Tal vez más que nunca un Mustang merezca el apodo “Pony”. Y no precisamente por los motivos correctos.
Pese a que es, en los números, una maravilla tecnológica, el motor EcoBoost no emociona. Sí, suena mejor de lo que esperábamos. Sí tiene cifras que nos muestran que hay más torque y caballos de fuerza que un V8 de hace dos generaciones. Pero nadie quiere usar una computadora de hace una década luego de haber experimentado la velocidad de las actuales.
Aceleramos el auto y hay una fracción de segundo entre que el pie presiona el pedal derecho y el aire activa las turbinas para empujar al coche con más fuerza. Si esto no se acepta bien en un Audi, menos en un Mustang. Por esto es un motor que se adaptará mucho más a mercados maduros, con fuertes exigencias de control de emisiones y ninguna ligación emocional con el Mustang.
El EcoBoost puede ser muy económico si no pisamos mucho. Y una vez que la turbina ya está trabajando, es una máquina que hace que el Mustang sea un auto rápido. Muy rápido. El detalle es que el consumidor tendrá que escoger entre pisarle suavemente para economizar gasolina, o usar este deportivo como todos quieren usarlo, es decir, andando rápido. Ambos no se puede.
Que no se mal interprete. El EcoBoost no es un mal motor, sólo es uno para los que nunca antes habían conducido un Mustang. Por esto, no está nada mal que no venga ahora a México. Porque aquí, donde ya se le conoce desde hace cinco décadas ininterrumpidas, un Mustang, un verdadero Mustang, necesita un V8. ¿V6 y 4 cilindros? Esos son “ponies”. El caballo de verdad usa ocho gargantas.