Cultura

Tres obras que laten más allá de su tiempo

La Orquesta Filarmónica de Jalisco y el director Jorge Mester presentarán un programa basado en la interrogante, ¿qué puede decir hoy la música sobre la vida?

En el Programa 7 de la Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ), el director invitado Jorge Mester encara un recorrido que atraviesa el siglo XIX y el XX desde una misma pregunta: qué puede decir hoy la música sobre la vida.

El programa reúne “Los preludios” de Franz Liszt, el “Concierto para piano núm. 4” de Ludwig van Beethoven -con el solista Robert Thies- y la “Sinfonía núm. 6” de Dmitri Shostakóvich. Tres obras que, en distintos momentos históricos, abrieron tensiones formales y expresivas que aún siguen presentes en la escucha contemporánea.

En este contexto, Mester se detiene primero en Liszt y en la invención del poema sinfónico como forma. “Los preludios”, concebidos a partir de ideas literarias, condensan una visión de la existencia donde la música no solo organiza sonidos, sino que propone una lectura de la experiencia humana. “Es un poema sinfónico. Los poemas sinfónicos están basados en temas literarios y esta obra dura unos 17 minutos”, explica el maestro, en entrevista con EL INFORMADOR. “Tiene varias partes: una es primavera y amor, otra es tempestades de la vida -puras cosas románticas-, y otra es consolación de la naturaleza. Así que es muy romántico”.

La vigencia de esa forma, sin embargo, no se presenta como una continuidad lineal. Para Mester, el poema sinfónico pertenece a un momento histórico preciso, aunque sus resonancias puedan extenderse. “Es como la vida. Cada uno nace, crece y después se muere. Así que no conozco muchos poemas sinfónicos ahora, pero sí hay. Yo creo que los compositores modernos tienen programas literarios, estoy seguro. Pero el olor del romanticismo, naturalmente, ya no existe, ¿verdad? Pues así es la vida. No hay ideas barrocas, no hay ideas clásicas. Hay de todo”.

Esa transformación en las formas musicales se vuelve más evidente al pensar en el presente. Frente a un panorama donde la producción sonora puede generarse desde algoritmos o inteligencia artificial, el director insiste en un elemento que no puede sustituirse: el alma, el corazón palpitante, la inspiración humana. “Se necesita, yo creo, un corazón que late para poder alcanzar al público con música”, afirma. La idea no se plantea desde la nostalgia: es una condición de la experiencia musical. Aquello que conecta con el oyente no es solo la estructura, sino la intensidad humana que la atraviesa.

Violento con la orquesta, dulce con el piano

En el caso de Beethoven, el programa se desplaza hacia una relación distinta entre forma y expresión. El “Concierto para piano núm. 4” introduce una ruptura en la tradición del género al iniciar con el solista, sin la exposición orquestal previa. Para Mester, esa decisión responde a una lógica más profunda dentro de la obra. “Es cosa increíble. Y la orquesta entra con otro matiz completamente diferente. El segundo tiempo es una cosa increíble: es violento con la orquesta y tierno con el piano. Así que a mí me encanta esa obra más que cualquier otro concierto de piano”.

La lectura que propone el director se centra en los contrastes internos de la pieza, en la manera en que el conflicto se articula dentro del propio lenguaje musical. El diálogo entre piano y orquesta no se limita a un intercambio de protagonismo; construye una tensión entre fuerzas opuestas -violencia y lirismo, impulso y contención-. La presencia del pianista RobertThies, con quien Mester ha trabajado en distintos escenarios, refuerza la dimensión interpretativa. La ejecución del concierto, explica, se construye desde la preparación de la orquesta y la capacidad de adaptación en el momento mismo del encuentro. 

La música no aparece nunca como un resultado fijo; es un proceso vivo que se ajusta en tiempo real.

Forma, tensión y ambigüedad

El programa concluye con la “Sinfonía núm. 6 de Shostakóvich”, una obra que desde su estreno generó desconcierto por su estructura inusual. En lugar de una progresión heroica, presenta un amplio movimiento lento seguido por dos movimientos breves y contrastantes. 

Exige del oyente una escucha atenta, capaz de sostener la ambigüedad entre lo solemne y lo irónico, entre lo introspectivo y lo aparentemente ligero. El primer movimiento, de gran extensión, construye un espacio de tensión contenida, mientras que los movimientos finales introducen un tono que puede leerse como desplazamiento o incluso como ruptura.

Para Mester, esta disposición no puede reducirse únicamente a una lectura política, aunque el contexto soviético sea inevitable. “Se ha escrito mucho sobre si es burla o si es música, pero de todos modos sirve por sí sola, sin atribuciones políticas. Es interesante. Shostakóvich hizo algo, un testamento político, pero lo importante es que, de todos modos, es pura música”.

Sin duda, la música atraviesa el programa como pensamiento: reflexión en Liszt, tensión en Beethoven y ambigüedad en Shostakovich. Para Mester, interpretarla depende del cuerpo y la experiencia. Más que repertorio, el concierto propone una escucha viva que conecta pasado y presente.

La batalla interna de la música

La Orquesta Filarmónica de Jalisco se presentará este jueves 19 de marzo a las 20:30 horas y el domingo 22 a las 12:30 horas en el Teatro Degollado, con boletos disponibles desde 100 pesos en taquillas y a través de Boletomóvil.

CT

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