Cultura

“MU”: tatuajes de memoria

Sofía Crimen presenta una exposición que sumerge al público en la estética yakuza y el lenguaje de la tinta

En la cultura japonesa, el tatuaje fue castigo, estigma y después emblema. Una herida que se vuelve ornamento; una condena que se resignifica como identidad. Esa operación simbólica -cubrir una marca con otra, transformar la culpa en lenguaje visual- es uno de los ejes de “MU”, una exposición de la artista Sofía Crimen, que a la vez es una experiencia, una andanza por las calles de un barrio de Tokio, un recorrido por las luces de neón, y que llega de manera inédita a Guadalajara durante el ART WKND GDL 2026 para transportar a sus visitantes al Japón de hace medio siglo. 

En “MU”, Sofía Crimen no reproduce un Japón de postal: lo invoca como atmósfera, como lenguaje simbólico. La exposición se sitúa en el Tokio de las décadas de 1970 y 1980, en el barrio rojo de Kabukicho, cuando las subculturas urbanas, los clanes yakuza, la estética del neón y la opulencia masculina construían una idea de poder atravesada por el honor, la jerarquía y la pertenencia absoluta.

“Todo nació de la tinta”, explica la artista en entrevista con EL INFORMADOR. “Quise abordar lo de la tinta hablando del poder. El poder de una firma, y también el poder de la tinta corporal. Por eso empezó todo este tema”. Y aterriza el reto: trabajar con tinta, en su caso, implicó cambiar hábitos de producción. “Sí me costó trabajo adaptarme a la tinta. Es diferente al acrílico, es muy de papel, está hecha muy para el papel. Yo trabajo más tres dimensiones, entonces me tuve que adaptar. Es un reto, y lo estoy abordando desde cómo se hace la tinta, con instalaciones y todo eso”.

“MU” se articula también desde la promesa de una experiencia integral, no como eslogan, sino como método. No se trata de un montaje de “cubo blanco”; será una exposición de escala inusual para un estudio y para el circuito local del ART WKND GDL. El proyecto se diseñó como si fuera para un museo, con materiales como maderas calcinadas, troncos y vehículos auténticos de época. Sofía Crimen reivindica así el gesto de escapar de la vitrina tradicional. Su arte está regido por la fascinación constante de lo cotidiano. Mira a la vida diaria y a sus objetos con los ojos creativos. Desdeña lo normativo. 

“No me gusta el cubo blanco, no me gusta lo enmarcadito, lo colgado. Me chocan las bases de las esculturas, trato de evitarlas, me encantan las cosas en el piso, colgadas, dar otra lectura”, dice la artista. Su método está cruzado por lo encontrado, por lo pepenado, por el material que se vuelve posibilidad, de manera que en la sala de su casa tiene la corteza de un árbol a la que le dio una segunda vida gracias a su curiosidad insaciable: “Trabajo con jabones, con comales, con cajas de zapatos, con lo que te encuentras. Chatarra. Si no, me aburro. Soy muy pepenadora: voy en la calle encontrando cosas y dándoles vida”. 

La exposición no se concibe como un conjunto de piezas aisladas, sino como un recorrido. Sofía quiere que el visitante no mire desde fuera, sino que atraviese un espacio que recuerde a una calle de Kabukicho: luz de neón, penumbra, reflejos, superficies brillantes, una sensación de nocturnidad elegante y peligrosa. Ese mundo estético está atravesado por códigos muy precisos: la sastrería como signo de jerarquía, el automóvil como extensión del poder, la disciplina corporal como forma de pertenencia. En la tradición yakuza, la familia no es metáfora: es estructura absoluta. El individuo se disuelve en el clan, en el gumi, en un sistema donde el honor y la lealtad valen más que la vida privada.

Los Yakuza como inspiración

Alberto Ramos y Maythé Loza, quienes acompañan el proyecto desde la curaduría y la producción lo dicen de manera frontal: el estereotipo de la yakuza que el mundo reconoce ya no opera como antes. “Actualmente, la yakuza como este estereotipo que tenemos ya no existe… eso se genera después de la Segunda Guerra Mundial y alrededor de los años 60, 70, 80 es como el boom”, explica Alberto. El recorte temporal, entonces, no es capricho estético, sino una decisión conceptual: “Es algo icónicamente enraizado en Japón, pero ya no existe. Por eso la idea de trabajar con esa temporalidad, es algo que se mantiene como memoria colectiva de Occidente: nos ha llegado como en el cine, en el anime”.

Lo que “MU” explora, desde ahí, es el mecanismo de la romantización: cómo una subcultura ligada al poder y a la violencia se convirtió también en un repertorio de símbolos -honor, familia, jerarquía, sastrería, códigos- que sobrevivieron como estética incluso cuando la estructura social se transformó.  Esa resignificación se vuelve metáfora para “MU”. Incluso el origen de la palabra yakuza aparece como una historia de apropiación: “El término viene de un juego tradicional de cartas… la peor mano era 8-9-3, eso es yakuza”, dice Maythé Loza. “Eran los rechazados, los perdedores, y deciden apropiarse del nombre y resignificarlo”.

El Japón de hace medio siglo

La exposición se construye como un recorrido por módulos, con obra bidimensional, escultura, instalaciones, videoarte y materiales diversos, cerca de 50 piezas que exploran la pintura de técnica mixta, obra bidimensional con intervenciones, e incluso sastrería. “Todo es inédito”, dice Sofía Crimen. Y el proceso ha sido, en sus palabras, de marcha forzada, pero muy divertido. “Tengo un equipazo. Si no fuera por el equipo...”, bromea. Y su equipo la respalda: “No hay ningún otro artista en Jalisco en este momento organizando una exposición de este perfil, de este tamaño, con la calidad que se está pretendiendo lograr… ha habido una inversión de esfuerzo brutal”, asegura Alberto Ramos.

“MU”, de Sofía Crimen, nace a partir de una colaboración con Montblanc. La exposición estará disponible al público de manera gratuita hoy, el 30 y el 31 de enero, y el 1 de febrero de 19:00 a 23:00 horas, en la Torre 1500 (Av. Américas 1254, Country Club), Piso M. En ese cruce entre materialidad, memoria y estética, la obra de Sofía Crimen propone algo más que una experiencia sensorial: propone un diálogo con la idea misma de identidad. Qué marcas cargamos. Cuáles ocultamos. Cuáles resignificamos. Y qué historias contamos, con tinta, para poder habitarlas.

CT

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