Cultura

La museografía o el arte de hacer hablar a los objetos

La experiencia museística revela que cada pieza puede narrar su historia cuando existe un relato bien construido

Entrar a un museo es, para muchos, entrar a un espacio donde las piezas parecen descansar detrás de un cristal; no obstante, esos objetos no están dormidos, están esperando que alguien les ayude a contar su historia. Desde mi ingreso al Departamento de Museografía del Museo Regional de Guadalajara, he reflexionado constantemente sobre cómo lograr que un objeto deje de ser solo una “pieza bonita” y se convierta en un puente hacia el pasado, es decir, cómo puede la museografía crear un vínculo de conocimiento entre el patrimonio y sus visitantes.

Recuerdo el momento que cambió mi perspectiva al respecto, sucedió durante el montaje de la exposición “Pintando con la naturaleza la imagen del mundo. Textiles indígenas mexicanos”. Por primera vez sostuve en mis manos una de las joyas de aquella muestra: un huipil atribuido a la Malinche. Su estética era cautivadora y de manufactura asombrosa con una gran calidad técnica. Pero a pesar de tener el privilegio de manipularla y conocer sus datos técnicos, sentí una frustración profunda; no bastaba el contemplar su belleza, el objeto estaba “mudo”, la exposición no contaba al público con qué hilos se tejió, cómo se logró con tintes naturales su vívido colorido o cuánto tiempo empleó una mujer en crearlo.

Para que ese huipil hablara, la museografía debió desplegar sus recursos, por ejemplo, colocar una muestra táctil de hilos junto a la vitrina para que el visitante comprendiera la textura que sus ojos no pueden tocar; añadir una lupa que revelara el entrelazado del telar de cintura, haciendo evidente la destreza técnica o usar una iluminación focalizada que resalte el desgaste natural, transformando el huipil de una pieza de vitrina para convertirse en una prenda que alguien habitó y vivió. Esos datos vitales estaban en la voz del especialista, pero no en la sala; entonces entendí que, sin herramientas museográficas, el visitante se queda en la superficie y el patrimonio se comprime en su estética, ocultando su inmenso valor como documento social y tecnológico.

Si bien el INAH nació con la misión de salvaguardar el patrimonio de México, quienes investigamos estos tesoros desde diversas especialidades comprendemos que la misión ha evolucionado, ya no basta con conservar y exhibir, tenemos la gran responsabilidad de enseñar, emocionar y despertar la curiosidad, solo así fomentaremos la apropiación y cuidado del patrimonio en la gente. La labor de las y los museógrafos no es simplemente “colgar cuadros”, sino orquestar elementos que parecen invisibles: la iluminación que guía tu mirada, los colores que evocan una emoción, el diseño de los textos que explican el misterio y el flujo del espacio que te lleva de la mano por la historia son parte de esa experiencia.

Hoy, los museos se han transformado en espacios vivos de diálogo en un país con una riqueza cultural incuantificable, donde acercar el patrimonio a la sociedad es responsabilidad ineludible del Estado y nuestro derecho a la memoria. Apostar por recursos lúdicos, información accesible y narrativas que conecten con el presente, permite que el pasado se convierta en una experiencia significativa. La próxima vez que visites un museo te invito a no solo mirar, escucha lo que los objetos tienen que contar porque en cada uno de ellos está escrita la historia de quiénes somos.

Esta entidad está compuesta por aspectos de índole multicultural que durante su proceso evolutivo ha forjado de manera distintiva su identidad. Sus habitantes como parte esencial de sus componentes producen la herencia cultural material e inmaterial, representada por su entorno natural, arquitectura, urbanismo y tradiciones, los cuales, se encuentran sujetos a un proceso constante de adaptación a los tiempos modernos.

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Esta entidad está compuesta por aspectos de índole multicultural que durante su proceso evolutivo ha forjado de manera distintiva su identidad. Sus habitantes como parte esencial de sus componentes producen la herencia cultural material e inmaterial, representada por su entorno natural, arquitectura, urbanismo y tradiciones, los cuales, se encuentran sujetos a un proceso constante de adaptación a los tiempos modernos.

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