Derrota digna, objetivo intacto
Estaba dentro de la posibilidad de triunfo el de México ante el equipo representativo de los Estados Unidos de América, pero dejando a un lado los sentimientos y la emotividad, y aplicando la lógica basada en estadísticas individuales de cada uno de los peloteros que integran ambos rosters, era esperable que tuviese mayor factibilidad de éxito el representativo del vecino país del norte.
Estados Unidos presenta probablemente el roster más sólido de todos los que participan en esta competencia, un auténtico trabuco repleto de estrellas de Grandes Ligas. Bajo ese análisis estrictamente técnico, el escenario más probable era un triunfo estadounidense.
No obstante, el anhelo ferviente de la afición mexicana también se sostenía en la historia reciente. México había logrado imponerse en tres de las cuatro ocasiones en que ambos escuadrones se habían enfrentado dentro del marco de un Clásico Mundial de Béisbol. Ese antecedente mantenía viva la esperanza de repetir la hazaña.
Finalmente el escenario se cumplió dentro de esa lógica competitiva: victoria del conjunto norteamericano por diferencia escasa, apenas dos carreras, culminando el cotejo con pizarra de 5 a 3.
Hay que insistir en un punto clave para entender el desarrollo del encuentro. El resultado tan apretado se explica en buena medida porque prácticamente todo el daño ofensivo del rival se concentró en un solo episodio derivado del fracaso del relevista Jesús Cruz, a quien su mánager Benjamín Gil permitió permanecer en la loma durante un lapso mucho muy largo pese a que estaba siendo castigado fuertemente.
Cruz terminó admitiendo las cinco carreras del rival en una salida que se prolongó innecesariamente cuando ya era evidente que no tenía comando ni control sobre sus envíos. Quizá faltó una lectura más oportuna desde el dugout para evitar que ese episodio se convirtiera en el punto de quiebre del encuentro.
También es justo destacar que el conjunto de Estados Unidos es un auténtico trabuco con prácticamente treinta estrellas de primer nivel. Incluso dentro de su propio entorno beisbolero quizá resulte sorprendente que no hayan podido propinarle a México una derrota más amplia.
Eso habla bien del desempeño mexicano.
En el plano defensivo México mostró orden, movilidad y seguridad en el terreno. Destacaron actuaciones de jugadores como Jarren Durán, Alejandro Kirk, Randy Arozarena, Alek Thomas, Ignacio Álvarez y Jonathan Aranda, quienes cumplieron con solvencia en sus posiciones, evitando que el daño rival fuese mayor.
En el aspecto ofensivo también hubo aportaciones valiosas. Joey Meneses, además de los ya citados Kirk y Durán, logró producir y mantener presión sobre el pitcheo rival, demostrando que México tiene capacidad para generar ofensiva incluso frente a staffs de pitcheo de élite.
En cuanto al desempeño del pitcheo mexicano en su conjunto, también es de justicia señalar que, salvo la catastrófica actuación de Jesús Cruz en ese episodio crítico, el resto del cuerpo de lanzadores cumplió con creces. El abridor Manny Barreda, así como los relevistas Luis Gastelum, Daniel Duarte, Alejandro Carrillo, Sammy Natera, Robert García y Gerardo Reyes, lucieron sólidos y realizaron su trabajo sin permitir daño alguno en sus respectivas actuaciones.
México lució en general bien dentro del terreno.
México llega para competir.
Y cuando México compite, el béisbol internacional sabe que cualquier cosa puede suceder.
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