“Familia a la deriva”: cuando el caos sube a bordo
La comedia mexicana usa el naufragio como metáfora de padres ausentes y vínculos que buscan recomponerse
El próximo 22 de enero se estrena en salas mexicanas “Familia a la deriva”, una comedia que se disfraza de aventura caribeña para hablar, en el fondo, de uno de los temas persistentes que atraviesan las relaciones familiares: la paternidad ausente y el deseo tardío de reparación. Dirigida por Alfonso Pineda Ulloa y protagonizada por Mauricio Ochmann, la película propone un viaje por el mar entre tragicomedias y planes fallidos, y uno emocional por las zonas más frágiles de los vínculos familiares.
“Gonzalo Suárez”, el personaje central, es el carismático dueño de una agencia de autos usados en la Ciudad de México. Su vida gira alrededor de cerrar tratos, resolver deudas, sostener hipotecas, pagar colegiaturas y cumplir con pensiones. En esa carrera constante por “sacar el barco a flote”, como el mismo Mauricio Ochmann lo define, ha dejado en segundo plano a sus cuatro hijos, nacidos de dos matrimonios distintos.
No es un padre cruel, sino un hombre rebasado, atrapado en la lógica de proveer y sobrevivir, que confunde responsabilidad económica con presencia afectiva.
En conversación con EL INFORMADOR sobre la película, el protagonista de “Familia a la deriva” subraya que, aunque se trate de una comedia, el punto de partida es profundamente humano. “Todo nace de encontrar una película que la familia pueda ir a ver junta al cine, que se puedan reír juntos, que se emocionen juntos. Y si por ahí te cae un veinte, algo se te mueve y te das cuenta del mensaje, pues qué padre”, comenta. La intención, dice, nunca fue hacer un drama solemne, sino una historia accesible donde el espectador pueda reconocerse sin sentirse juzgado.
Tragicomedias típicas
La historia de “Familia a la deriva” se detona cuando, tras olvidar el cumpleaños de uno de sus hijos y sufrir un accidente que lo lleva al hospital, “Gonzalo” tiene una epifanía: el tiempo se le está yendo y la distancia con sus hijos se ha vuelto casi irreparable.
Con la ayuda secreta de “Claudio” -Memo Villegas-, el mecánico de su agencia planea un viaje en yate por el Caribe para crear recuerdos, para intentar -como ocurre más en la vida misma que en la comedia- recuperar lo que no supo cuidar. El plan idílico, sin embargo, se descompone cuando un error los deja a la deriva en medio del mar y la convivencia forzada convierte la aventura en una prueba de resistencia, paciencia y, sobre todo, honestidad emocional traducida a risas.
El propio origen del proyecto está atravesado por experiencias personales. “Nos juntamos y dijimos: ‘A ver, ¿cuáles son tus traumas?’. La ausencia del padre era un punto en común. Y entonces pensamos: hablemos del vínculo entre padres e hijos”, recuerda -y también bromea-, el director Alfonso Pineda Ulloa. De ahí que “Familia a la deriva” construya su humor sobre una herida compartida, una que atraviesa generaciones y clases sociales: hombres que aprendieron a trabajar, a sostener, a resolver, pero no siempre a estar.
Ochmann aclara que su personaje no busca ser gracioso de manera consciente. “Gonzalo no se está tratando de hacer el chistoso. Está sobrepasado de responsabilidades: colegiaturas, manutenciones, hipotecas… sacar a flote el barco constantemente... Literal”. La comedia surge, entonces, de la torpeza emocional, de los silencios, de los intentos fallidos por acercarse, de esa incomodidad que produce un padre que quiere amar, pero no sabe cómo hacerlo.
Mauricio explicó que aceptó protagonizar “Familia a la deriva” por el tono íntimo y familiar de la historia, con el que se identificó desde su experiencia como padre y su propio proceso de crecimiento emocional junto a sus hijas. Señaló que el proyecto le atrajo por abordar la paternidad y el reencuentro con los hijos desde una vivencia cercana, motivo por el que asistió a la premiere acompañado de ellas como una celebración familiar.
Añadió que la película le permitió explorar el dilema entre estar físicamente y ejercer una presencia real como padre, al plantear el debate entre la cantidad y la calidad del tiempo compartido con los hijos. Aunque se trata de una comedia, destacó que el relato subraya la importancia de acompañarlos antes de que crezcan y de priorizar la presencia afectiva frente a las exigencias del trabajo.
Para el director Alfonso Pineda Ulloa, la metáfora central de la película está en el título. Antes de quedar a la deriva en el mar, la familia ya lo estaba en lo emocional. “Es una familia dividida, distanciada. El barco representa físicamente cómo están por dentro”, explica.
El encierro en el yate, el calor, los insectos, la incomodidad, funcionan como catalizadores: al desaparecer las distracciones, cada personaje se ve obligado a confrontar lo que ha evitado decir durante años.
Construir la familia en escena
El rodaje, cuenta el equipo, buscó que esa sensación de familia no fuera solo actuación. Ensayos, juegos, convivencia diaria y tiempo compartido fuera del set ayudaron a que los actores -especialmente los más jóvenes- construyeran una relación genuina. “Con los niños tienes que conectar rápido, mostrarte vulnerable también, decir que tú estás nervioso, emocionado. Eso hace que todo fluya mejor en escena”, señala Ochmann.
“Familia a la deriva” sigue, así, una tradición de comedias que utilizan la risa como puerta de entrada a temas incómodos: el abandono, la culpa, el miedo a perder lo que se ama cuando ya parece demasiado tarde. Sin moralinas ni discursos explícitos, la película apuesta por la identificación y por la posibilidad de que, entre carcajadas, el espectador se reconozca en ese padre que corre todo el tiempo y olvida lo esencial -como un cumpleaños-, o en esos hijos que crecen aprendiendo a no esperar demasiado.
Completando el elenco se encuentran Memo Villegas, Irán Castillo, Ana González Bello y Matías López, y se estrena este jueves 22 de enero. Una comedia mexicana sobre las nuevas formas de paternidad, familias recompuestas y vínculos frágiles. En ese contexto, la cinta propone una mirada cálida, imperfecta y humana: la de una familia que, como muchas otras, ha estado a la deriva durante años y que solo al perder el control descubre que todavía es posible buscar, juntos, un puerto.
Cabe señalar que la cinta se filmó tanto en la Ciudad de México como en locaciones de Isla Aguada, Campeche.
CT