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Frutas frescas para fortalecer tus defensas

La disponibilidad de productos en su ciclo natural de cosecha no solo fortalece la economía regional, sino que también garantiza un mayor aprovechamiento de sus propiedades bioactivas

Durante febrero, los mercados mexicanos registran una oferta frutal particularmente amplia y estratégica desde el punto de vista nutricional. La disponibilidad de productos en su ciclo natural de cosecha no solo fortalece la economía regional, sino que también garantiza un mayor aprovechamiento de sus propiedades bioactivas.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) establece que el consumo de frutas de temporada permite acceder a alimentos en su punto óptimo de maduración, lo que favorece la conservación íntegra de fitonutrientes. Esta práctica impacta positivamente tanto en la calidad alimentaria como en la sostenibilidad de los sistemas productivos.

En el contexto nacional, febrero destaca por la presencia de fresa, mamey, mango y una amplia variedad de cítricos, así como papaya, sandía y piña. De acuerdo con el International Food Information Council (IFIC), las frutas cosechadas en su periodo natural presentan una densidad superior de micronutrientes en comparación con aquellas sometidas a almacenamiento prolongado o procesos de maduración artificial. Esta condición favorece una hidratación adecuada y un aporte eficiente de enzimas digestivas indispensables para el metabolismo cotidiano.

Desde el punto de vista nutricional, la oferta del mes se caracteriza por su elevado contenido de vitaminas A y C, además de potasio y fibra dietética. La Harvard T.H. Chan School of Public Health subraya que la guayaba y los cítricos —como naranja, mandarina y toronja— constituyen fuentes relevantes de ácido ascórbico, nutriente esencial para el fortalecimiento del sistema inmunológico. Asimismo, el mango y la papaya aportan betacarotenos, compuestos que el organismo transforma en vitamina A, con efectos positivos en la salud ocular y cutánea.

En cuanto a su capacidad antioxidante, la fresa y la granada china ocupan un lugar destacado. La Cleveland Clinic señala que estos compuestos contribuyen a mitigar el estrés oxidativo celular, factor vinculado al desarrollo de enfermedades crónicas.

Por su parte, el mamey y el zapote, caracterizados por su textura cremosa, contienen carbohidratos de absorción lenta y vitamina B6, nutrientes esenciales para la producción de energía y el adecuado funcionamiento neurológico.

La integración de piña y tamarindo en la dieta habitual ofrece beneficios específicos para el sistema digestivo. El National Center for Biotechnology Information (NCBI) documenta que la bromelina presente en la piña actúa como agente antiinflamatorio y facilita la degradación de proteínas. Complementariamente, la sandía y el limón favorecen la reposición de electrolitos, un aspecto relevante ante las variaciones climáticas propias de esta temporada.

Finalmente, la World Health Organization (WHO) recomienda una ingesta mínima diaria de 400 gramos de frutas y verduras para reducir el riesgo de enfermedades crónicas. En México, la accesibilidad de frutas como la fresa, el mamey y el mango durante febrero facilita el cumplimiento de esta meta internacional. La elección informada de productos de temporada consolida a la fruta fresca como un componente esencial de la medicina preventiva y del mantenimiento de una alimentación equilibrada.

MF

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