- ¿Cuántos más...?
Desde septiembre del año pasado, cuando fueron noticia “los tráilers de la muerte” que transportaban, amontonados, a cientos de cadáveres, salieron a relucir cifras y hechos escandalosos…
Las primeras aludían a la cantidad de víctimas de la delincuencia que no habían sido identificadas, como lo demostraba el hecho de que los cadáveres no hubieran sido entregados a sus familiares para que éstos les dieran digna sepultura. Cifras tan escandalosas que rebasaban la capacidad de las autoridades para cumplir con protocolos tan elementales como clasificar y almacenar restos humanos en condiciones de dar seguimiento a las investigaciones derivadas de los crímenes.
Los segundos, a la total incapacidad de las corporaciones encargadas, en teoría, de procurar justicia, entendida como identificar plenamente a las víctimas; realizar investigaciones, a partir de los indicios encontrados, para esclarecer las causas de los delitos (puesto que la gran mayoría de esos sucesos había delitos que perseguir), e idealmente -en el entendido de que lo ideal sería que no hubiera delitos- identificar, localizar, procesar y sentenciar a los autores de los mismos.
-II-
Como se recordará, al asunto se le echó tierra -permítase la expresión- al sepultar (no necesariamente con la dignidad deseable, pero en fin…) los cadáveres en criptas de algunos cementerios locales.
La cuestión es que, desde entonces, por lo que se desprende de las informaciones de prensa, los episodios en que violencia y criminalidad se manifiestan, siguen siendo el pan de cada día. Hay mínimas variantes en los reportes: cuando no se trata del hallazgo de uno o varios cadáveres en un predio baldío, una brecha vecinal, una callejuela de barriada o un automóvil abandonado, es el relato de que una o varias personas que deambulaban o viajaban en un automóvil, fueron alcanzadas por una o varias más que se transportaban en una motocicleta u otro vehículo, le(s) dispararon y huyeron del lugar.
-III-
¿Se infiere, porque de ese aspecto no ha vuelto a hablarse, que ha habido más dignidad y decoro en el manejo de los cadáveres…? Probablemente.
Lo más inquietante, sin embargo, es que no se dispone del menor indicio de que se haya tomado, desde entonces, ninguna medida orientada a reducir los niveles de criminalidad, comenzando por acrecentar la eficiencia de los organismos encargados -en teoría, valga la reiteración- de esclarecer, investigar y castigar los delitos… y no sólo llevar la cuenta de los muertos y declarar que “es que los malos se están matando entre ellos”.