* El antídoto
A ver: de la misma manera como las victorias hilvanadas en las tres primeras jornadas del Torneo de Clausura no eran motivo suficiente para dar por sentado que el Guadalajara se había transformado, como por arte de magia, en La Divina Garza Envuelta en Huevo, la derrota de ayer, en el feudo del Santos Laguna, tampoco es argumento suficiente para declarar que hasta ahí llegó el espejismo, ni para asegurar que las “Chivas” regresan, de golpe y porrazo, a su realidad de los tres torneos precedentes.
Una cosa es admitir que ayer en Torreón, en efecto, afloraron algunas de las notorias carencias ofensivas y defensivas mostradas en el pasado, y otra muy diferente pretender sacar conclusiones fatalistas, de cara a las perspectivas de los rayados para lo que resta del certamen.
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Conforme el Guadalajara crecía en la competencia, porque su desempeño futbolístico merecía calificaciones aprobatorias y los resultados se daban en consonancia, se hizo la advertencia: los contrarios aprenden…
En la medida en que un equipo empieza a llamar la atención a punta de victorias, los demás abren los ojos con respecto a sus virtudes, toman nota, y preparan para aplicarlo, llegado el momento, el antídoto que estiman adecuado para neutralizarlo.
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Fue, ayer, el caso. Santos Laguna planteó su partido a base de cerrar espacios atrás. Si se revisa la película del encuentro se advertirá que las “Chivas” tuvieron la pelota más tiempo que el adversario… pero que nunca les concedieron los espacios que en los partidos anteriores les permitieron llegar con cierta claridad a la zona de definición.
Ayer, salvo en la jugada personal de Pulido, casi al principio del partido, y el remate de Vega, casi al arranque del segundo tiempo, Orozco, guardameta de los “Guerreros” -testigo del encuentro en luneta preferente, ciertamente-, tuvo una jornada relativamente tranquila: no tuvo que confrontar mayores sobresaltos.
Del otro lado, en el aspecto defensivo, los rayados dieron libertades al “Gallito” Vázquez para recibir, acomodarse, levantar la mirada y colocar el balón, desde casi 30 metros, lejos del alcance de Gudiño. Y éste, al dejarse caer, más que lanzarse, colaboró en el gol.
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Todo eso mientras el Atlas mejoraba la muestra de su aparición anterior en el Jalisco -ante el América-, para vencer con claridad en la cancha y amplitud en el marcador a unos Lobos que han venido a menos.