* Humillante
Perder un partido que se ganaba es doloroso; hacerlo en un “Clásico”, doblemente doloroso; pagarlo al precio de hundirse en el sótano de la clasificación general, humillante.
Todo eso le sucedió anoche al Guadalajara…
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Libre, al parecer, de las amarras psicológicas que representa entrar a la cancha, en el “Clásico Nacional”, en calidad de favorito, el Guadalajara del primer tiempo y buena parte del segundo supo conjugar, es ese lapso, el verbo jugar en todos sus tiempos, números y personas. Para el América, por contrapartida, el encuentro había sido un verdadero viacrucis.
Jugando, sin duda, uno de sus mejores partidos del torneo en que aún ejerce como campeón defensor del título del certamen precedente, el cuadro rayado sufrió para traducir al marcador la superioridad que ejerció durante la mayor parte del tiempo. Volvió a mostrar sus consabidas limitaciones en el capítulo ofensivo. Cuando consiguió aclarar una acción, en un avance que nació por la derecha y en el que Pulido tocó el balón al boquete que por el flanco derecho dejó la defensiva americanista, Cisneros cruzó, desde fuera del área, el disparo que alimentó la esperanza de que los supuestos patos cazaran a las supuestas escopetas.
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La esperanza se disipó súbitamente. A 20 minutos del final, cuando Salcido acababa de salir del campo, reemplazado por Marín, Cota pifió un balón que parecía parable, a disparo de Uribe desde 25 metros del marco, y lo dejó, envuelto para regalo, en los pies de Peralta. Un minuto después, Ibarra cruzó por la derecha un balón que la ofensiva americanista paseó desde la izquierda ante la actitud contemplativa de la zaga rojiblanca el pleno.
El daño estaba hecho. El despertar de los capitalinos, que ya parecía estar fuera de programa, les permitió regresar al partido, levantarse de la lona, restablecer jerarquías —las escopetas y los patos de nuevo en su papel— y hacer honor tanto a la lógica como a su calidad de favoritos.
Y como dicen que rara vez las desgracias vienen solas, la derrota de este Guadalajara —pálida sombra, triste caricatura del campeón del torneo anterior, como ya se ha apuntado— coincidió con las victorias de Pumas sobre León y de Puebla sobre Monterrey (ahí sí que los patos invirtieron los papeles) para que las “Chivas”, en consecuencia, aparezcan hoy como únicos inquilinos del sótano.
Moraleja: “Ayer maravilla fui, Llorona… y ahora ni sombra soy”.