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Cubrebocas y estadio: las pifias

México es incontrolable. Era una utopía pensar que alguna autoridad, federal, estatal o municipal iba a poder controlar a la población para evitar contagios del coronavirus. 

Si bien al principio ayudó el miedo a la novedad, hoy las ciudades y el país están desbordados, propiciando que de aquí para allá en lugares públicos y no tan públicos se paseen miles de portadores del virus que seguramente van contagiando a más y más personas.

El pronóstico para nuestro país siempre fue poco alentador porque la mezcla de incompetencia de las autoridades y la naturaleza desobligada e irresponsable de nuestros paisanos iban a derivar en uno de los países más severamente golpeados, y así lo estamos viviendo.

Mucha de la responsabilidad de este caos imparable la tenemos nosotros como pueblo, que menospreciamos cualquier tipo de mandato de la autoridad, incluso en casos tan amenazantes como la salud pública.

Pero dentro de esa parte de responsabilidad de las autoridades que sí pudo haber ayudado a atenuar la crisis hubo pifias que hoy están pesando.

Y a nivel estatal abrir en “prueba piloto” el estadio de futbol de las Chivas fue el peor mensaje a la población en el peor momento

Pasará a la historia la forma de enfrentar la pandemia del presidente López Obrador, que fue desde presumir públicamente que a él lo cuidaban del virus sus escapularios, hasta la aberrante negativa a utilizar el cubrebocas. Ese 60 por ciento de la población que lo sigue apoyando duda de la efectividad del cubrebocas mientras TODA la comunidad científica se desgañita por señalar que su uso universal es la única forma eficiente de frenar los contagios en el día a día de millones de personas que acuden a lugares públicos y utilizan el transporte público.

Y a nivel estatal abrir en “prueba piloto” el estadio de futbol de las Chivas fue el peor mensaje a la población en el peor momento.

Además de que no había ninguna necesidad de hacer la prueba (porque el futbol no es esencial y se puede ver por televisión) muy poco iba a incidir en el análisis del avance de la pandemia la posible afectación a las menos de tres mil personas que fueron al estadio. En un ambiente tan controlado como el de ese día era casi imposible que hubiese contagios.

Pero con esa prueba el mensaje que se dio justo después de la euforia popular por el fin del botón de emergencia y la llegada del Buen Fin, era que se iba avanzando en la apertura de actividades, sinónimo de que la Pandemia se estaba controlando. Y esa fue una invitación subconsciente a desbordarse aún más y justo al arranque de diciembre que significa euforia y fiesta.

Insistir: los mayores responsables del descontrol de la pandemia en México somos nosotros, pero los gobiernos también han puesto de su parte para atizar el fuego.

platapi.en.i@hotmail.com

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