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Donde los liderazgos mueren

Somos unos convencidos de que el punto de quiebre del gobierno de Enrique Peña Nieto, donde inició la pérdida del apoyo popular que lo había llevado a la presidencia, y donde empezó a cavar su propia tumba, fue la desaparición de 43 estudiantes de una escuela Normal de Ayotzinapa en Iguala en septiembre del 2014.

Ahí empezó a perder su liderazgo en el momento que manejó el asunto con pasmosa frialdad y distancia, alejado del drama que significaba que 43 familias mexicanas estaban perdiendo a sus jóvenes a manos del crimen organizado.

Su “primera reacción” fue recibir varias semanas después a los familiares en los salones con candelabros de la residencia oficial de Los Pinos.

Perdió una oportunidad preciosa de acercamiento y empatía no sólo con los familiares de quienes perdieron a sus jóvenes, sino de todas las familias donde hay jóvenes estudiantes que se sintieron expuestos por lo ocurrido en Iguala.

Si en aquel momento el presidente y su esposa se hubieran trasladado a Guerrero y hubieran permanecido unos días acompañando a las familias y encabezando las primeras pesquisas otra hubiera sido la historia.

Pero no.

Y algo similar ha ocurrido en Jalisco.

Ahora que el ser gobernado por la 4T conlleva hacer largas filas varios de nosotros nos hemos visto pasando horas enteras esperando incluso durante la noche para primero cargar gasolina, después conseguir oxígeno y recientemente para recibir la vacuna para prevenir el COVID-19.

Han sido largas horas, muchas veces de caos e incertidumbre, y en donde no ha habido el mínimo acompañamiento ni del gobernador Alfaro ni de las o los distintos presidentas o presidentes municipales.

Se imagina lo diferente que hubiera sido si en las largas filas, sobre todo en las que había adultos mayores, se recibiera una visita nocturna del gobernador para llevar café, platicar y sencillamente acompañar a quienes estaban ahí.

Ese gobernador hoy ausente habría recuperado parte del liderazgo perdido, habría hecho un gran ejercicio de empatía, y hubiera mandado el mensaje que en estos tiempos de suyo complicados está con los adultos mayores dolientes en las filas.

Algo similar hubiera ocurrido durante esas largas horas de espera si aparecieran las o los alcaldesas o alcaldes, regidores o algunos de los integrantes de los ejércitos burocráticos que integran los gobiernos municipales. 

Pero no, al parecer nuestros gobernantes sin distingo de partido entienden que el ejercicio de la autoridad conlleva el alejamiento, la distancia y la fría comunicación por redes sociales, mensajes que no llegan a la mayoría de la población como pudimos observar con el cambio de estrategia en la vacunación durante el fin de semana. Todavía había el lunes cientos de personas anhelando ser vacunadas porque ese era el mensaje original, cuando ya no había posibilidad de vacunarse.

Son momentos difíciles para esa población, y más difíciles en la distancia.

Es en esa distancia precisamente donde mueren los liderazgos.

platapi.en.i@hotmail.com

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