Ideas

Esperanza

Cuando amanece en estos días inciertos de noviembre la gente vuelve a tomar las calles. Unos caminan con el rostro entreabierto, otros suben a autobuses repletos, conducen, van y vienen y, como pueden, se olvidan, a ratos, de pandemias y limitaciones. Luchan por sonreír y, por supuesto, también reniegan al sentir la estrechez invisible que quita libertad.

Para algunos es más difícil, pero parece que todos han decidido imponerse a la tragedia. Es difícil saber detrás de algunas mascarillas si están resignados, escépticos o rebeldes con la situación.

Quizá mezclan el sabor agridulce del deber cumplido con el temor de ser tocados por ese ser diminuto, invisible que se ha llevado tantos que ya no se sabe, porque en realidad nadie realmente cree.

La verdad se ha ido entre huecos dantescos y tantas palabras vacías que, al procurar influir en la mente y el corazón, provocan el imperio de la desconfianza.

Mientras se enciende la luz del día y se apaga el alumbrado irregular de las calles, los jóvenes laboran con ilusión, las señoras se esfuerzan dentro y fuera de casa, mientras los mayores cautelosos siguen dando consejos, todos mantienen la ilusión de dar vuelta a la página.

La esperanza se abre espacio entre la bruma gris del año en la pandemia asaltó el mundo. Y a pesar de todo surge en sus ojos esa luz tenue al final del túnel desean la vuelta del tiempo irrepetible. Los colores aparecen aun a lo lejos, pero saben que todo ha cambiado, incluso ellos mismos.

La realidad ha golpeado sus proyectos dejándolos perplejos, pero acumulan cada día el enorme deseo de superar la etapa obscura. Tratan de abrir aún más los ojos para admirar la belleza y dejar de contenerse. Hartos, todos, de limitarse por la responsabilidad o por el miedo van con la ilusión de ganar algún sosiego, un espacio de paz y armonía que renueve su esperanza. La sangrienta realidad atemoriza a muchas que parecen rabiosamente resignarse al riesgo. El talante alegre y el humor se mezclan con la dureza del peligro en las esquinas.

Mientras la temporada de fin de año se aproxima parecen buscar un escape a una presión inesperada y procuran respirar en los espacios súbitamente reducidos. Y como por arte de magia siempre surge el personaje que, con gravedad, anuncia lo que no se puede, con esa actitud impostada de quién se siente autoridad, aunque sólo tenga poder y no sepa lo que hace.

Esos personajes abundan ahora tanto en las pantallas y las puertas cualquier parte que comenzamos a sentir que son inútiles. Pero esas cosas pasan aunque porque la esperanza de volver a convivir, encender las luces y regalar sonrisas es más fuerte que cualquier oportunismo.

Los niños preguntan cuándo volverán a la escuela, y los padres no saben la respuesta,  la autoridad tampoco, aunque diga lo contrario, porque estamos aún en el túnel. Pero como siempre que el tren pasa por esos espacios misteriosos, siempre se mira hacia adelante en busca esa pequeña luz que poco a poco crece y súbitamente lo ilumina todo.

Buscan esa chispa de luz en las noticias de los dispositivos electrónicos cuando se anuncian las vacunas y los tratamientos efectivos para poder responder de mejor forma a los pequeños.

Los jóvenes, naturalmente hartos de limitaciones procuran volver a gritar con ilusión y los mayores añoran el espacio sin miedo. La actividad se retoma porque aunque parezca un fatalismo muchos en esas calles en sorda ebullición, piensan que nada pasa mejor que como sucede. Y con esa convicción vuelven a casa cada noche. Envueltos entre la esperanza y el miedo. Dominan el temor con ilusión de ver esa luz tenue que crezca y súbitamente lo ilumine todo para descubrir un mundo distinto.
 

Temas

  • Esperanza
Sigue navegando