Haremos como que no pasó
Cuentan, medio en broma, medio en serio, que en las barricadas de mayo del 68 en París los estudiantes de izquierda cuando vieron acercarse el contingente policiaco comenzaron a gritar “no pasarán, no pasarán”. Sin embargo, la policía los arrolló y los disolvió. Unos días más tarde volvieron a apostarse en el grito de “no volverán a pasar” y la policía volvió a arrollarlos. A partir de la tercera vez, sabedores de que nada tenían para hacer frente a la superioridad de la fuerza policiaca, los estudiantes simplemente gritaban “haremos como que no pasaron”.
Algo similar nos pasa con la presencia de los grupos del crimen organizado. El discurso gubernamental ha involucionado del “no pasarán” del combate frontal y sin miramientos al “haremos como que no pasaron” de los últimos días. Las imágenes de los diferentes grupos del crimen organizado entregando despensas a la población son ciertamente un acto de propaganda, mucho más simbólico que real, pero ha dejado a las autoridades en un espantoso ridículo, más aún porque el día que circuló el video de miembros del crimen organizado armados hasta los dientes repartiendo despensas frente al Centro Cultural Constitución fue el mismo que vimos a los policías de Tala actuar con todo rigor y fuerza contra una persona que osó salir a la calle a buscar comida sin tapabocas. Horas más tarde circuló otro video, presumiblemente en Tonalá, donde grupos del crimen organizado reparten despensas y en el fondo se ve una patrulla de policía que al ver el borlote baja la velocidad y cuando se da cuenta que los que están ahí son criminales armados acelera como si hubieran visto un fantasma.
La respuesta de las autoridades ha sido de eso no se habla. Dicen que el C5 pudo detectar lo sucedido (más vale) pero hasta ahora nadie ha sido detenido ni se ha dado una explicación medianamente coherente que no sea que se trata de un acto de propaganda. El delito, hay que dejarlo claro, no es repartir despensas, sino que lo hagan con lujo de desplate de armas y en clara apología del delito. Por supuesto que no es fácil para las autoridades impedir este tipo de manifestaciones que duran de cuatro a cinco minutos y que por prudencia no pueden enfrentarlos directamente en la calle y en el momento, pues pondrían en riesgo a civiles. Lo que ni el gobierno ni la sociedad podemos permitir es que hagamos como que no pasaron.
Ese tipo de manifestaciones no son graves, son gravísimas, son una burla al Estado y una manifestación de impunidad. Lo importante no es lo que gana el crimen organizado con sus acciones proselitistas, sino lo que pierde el Estado. No reaccionar, hacer como que no pasó, es una forma de claudicar.
diego.petersen@informador.com.mx