Los errores intelectuales
En la posibilidad que tenemos de engañarnos a nosotros mismos y de hecho mentirnos, tenemos una causa permanente de error. Sobre todo si lo juntamos al hecho de que “nuestra memoria misma está sujeta a numerosas fuentes de error también” como señala Edgar Morin.
La memoria requiere de revisión constante, nuestros recuerdos se pueden degradar pues nuestra mente le puede agregar o quitar, pues hasta “inconscientemente tenemos la tendencia a seleccionar los recuerdos que nos convienen y a rechazar, incluso a borrar, los desfavorables”.
No podemos basar nuestra inteligencia en la memoria, pues es fácil tener confusiones e incluso “a veces tener falsos recuerdos con la persuasión de no haberlos vivido jamás”. Es por ello que la memoria no es una fuente segura de la verdad.
El problema se complica cuando el sistema de ideas, desde cualquier teoría, doctrina, ideología y creencias o explicaciones no sólo están sujetas al error sino son ellas mismas las que protegen y perpetúan errores e ilusiones, es decir que la exposición de las ideas acomoda las cosas según una lógica que conviene y se resiste a todo tipo de información que de plano no conviene o que no se puede integrar al sistema que se sostiene.
Un error intelectual muy común es no admitir el debate abierto y el cuestionamiento de aquello que se sustenta. Se cierra a sí mismo y se niegan a ver a los que no están de acuerdo con los propios planteamientos, y acaban siendo como unos enemigos de quienes hay que defenderse y refutar sus tesis adversas. Un modelo de ideas que no admite la discusión crítica y profunda, está fácilmente sujeta al error.
Y el mismo Morin lo señala así: “En cuanto a las doctrinas, que son teorías encerradas en sí mismas y absolutamente convencidas de su verdad, éstas se plantan como invulnerables a cualquier crítica que denuncie sus errores”.
Lo que implica que un sistema de ideas, teoría o ideología que no se abren al debate objetivo y crítico por parte de las demás posturas, por sí mismo ya incurre en un error intelectual. Y esas ideas que no están abiertas al cambio y al análisis crítico en busca de la verdad, no son un sistema seguro de enseñanza en las aulas de clase.
El avance de las ciencias se sustenta en la apertura a nuevas investigaciones y evidencias que nos faciliten el camino hacia la verdad, y por ello estar abiertos a la crítica y a la misma autocritica, nos reducen el riesgo de vivir con ideas confusas basadas en la memoria o en recuerdos que se han construido a base de deseos, producto de nuestra propia imaginación.
Tanto los maestros, como los políticos y líderes religiosos que no estén abiertos al diálogo crítico y a reconocer errores en sus planteamientos y propuestas, simplemente están defendiendo sus creencias y opiniones, y en realidad no están buscando la verdad.
Los errores intelectuales se convierten en una falsa seguridad en sí mismo y acaban por ser una mentira más que cargas en la propia visión de las cosas.
Así que un buen remedio es el debate y la crítica razonable y bien sustentada.