Sin altares y sin descanso
Benedetti dijo: “Están en algún sitio, desconcertados, cegados, nadie les ha explicado con certeza si ya se fueron o siguen aquí, si son pancartas, sobrevivientes o responsos. Ignoran a qué sombra pertenecen. Sin rostro y sin motivo los hicieron dejar en la ventana de su ausencia abrazos, hilo y humo...” Son los desaparecidos. Porque Jalisco es la tercera entidad con más casos de personas desaparecidas, solo después de Tamaulipas y el Estado de México, de acuerdo con el Registro Nacional de Personas Extraviadas o Desaparecidas, (RNPED), sin que las autoridades hagan un responsable trabajo para su localización.
Más aún, Rubén Martín, en la edición del 28 de octubre de EL INFORMADOR, expuso que a las desapariciones individuales en Jalisco, se están agregando desapariciones grupales y, otra vez, las autoridades sin hacer su tarea. Así, la ciudadanía, familiares, amigos, organizaciones civiles de derechos humanos claman ante la Fiscalía General del Estado (FGE) porque no se tienen resultados en uno de los más crueles crímenes; sólo de vez en vez aparecen desoladas fosas clandestinas.
Porque a las cifras oficiales del RNPED, hay que agregar las “cifras negras”, ya que solo se denuncia una de cada tres desapariciones que suceden, así el total se triplica, disparándose, además, la desaparición de mujeres en Jalisco.
Pero los crímenes de lesa humanidad, como las desapariciones forzadas y los homicidios masivos, no son castigados aún. Parte de lo mismo, en este sexenio, el sistema judicial se deshilacha, amenazando mermar los escuálidos avances democráticos que en años anteriores se habían tenido en el país.
Porque el Informe presentado por el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y el Instituto Nacional de Ciencias Penales (INACIPE), señala que: “Los sistemas de seguridad pública y procuración de justicia enfrentan una grave crisis. La confianza ciudadana hacia las instituciones que operan estos sistemas es bajísima. La corrupción, la ausencia de imparcialidad, las violaciones de derechos humanos y las enormes deficiencias en la gestión al interior de las procuradurías, son los factores que alimentan la desconfianza”. Así, en este contexto hay un aumento multiplicado de desapariciones y un deficiente trabajo de las autoridades del actual sistema judicial, que está pasmado.
Pero el secretario de Relaciones Exteriores, hace pocos días, abrió una esperanza afirmando: este gobierno “apoya las iniciativas de la ONU para promover la tolerancia y el respeto a los derechos humanos”.
Sin embargo, cuando las familias de los desaparecidos esperaban un positivo cambio, el gobierno de México, el mismo del que Videgaray es parte toral, desde 2013 a la fecha se ha opuesto a que los expertos internacionales de la ONU den seguimiento a los casos de desaparecidos en México. Y el pasado mes de octubre el gobierno federal negó, otra vez, el permiso al Comité Contra las Desapariciones Forzadas de la ONU, para que este organismo realizara una visita al país para ayudar en este grave problema.
Entonces, mentiras, sólo mentiras los discursos, los ofrecimientos de justicia y respeto a los derechos humanos de los mexicanos. Luego, lo dicho por el secretario de Relaciones Exteriores engaña, porque este gobierno cerró el paso a la ONU para ayudar a la localización de desaparecidos en México y, claro, en Jalisco, que tiene nuevo fiscal del que se espera haga mejor trabajo.
Desilusión y desesperanza que recuerdan las palabras de Viglietti: “Están en algún sitio, estoy seguro...escucha, otra voz canta, viene de lejos, viene de sepultadas bocas, y canta: dice que no están muertos”.