Bloques en colisión: latinoamérica va por la corona frente a EU
El Clásico Mundial de Beisbol 2026 ya tiene finalistas. Estados Unidos y Venezuela disputarán el título después de dos Semifinales intensas que confirmaron el extraordinario momento competitivo del beisbol internacional.
Horas antes, Estados Unidos había asegurado su pase tras derrotar 2-1 a República Dominicana en un duelo de pitcheo de altísimo nivel, pero también marcado por una polémica arbitral que ha generado debate en todo el mundo beisbolero. El juego se decidió cuando un pitcheo claramente bajo fue cantado como strike tres en cuenta llena, terminando de forma abrupta el último intento dominicano por empatar el encuentro.
Más allá de la controversia —que inevitablemente deja un sabor incómodo— el partido fue un auténtico pulso entre potencias. Paul Skenes abrió con autoridad para Estados Unidos y el bullpen respondió con solidez para contener a una ofensiva dominicana que había sido explosiva durante todo el torneo.
Pero también es justo decirlo: Estados Unidos avanzó sin imponer condiciones.
Dominicana jugó de tú a tú, compitió, presionó y estuvo a un lanzamiento —literalmente a uno— de cambiar el rumbo del juego. Fue un partido que no resolvió la superioridad de uno sobre otro, sino los detalles… y una decisión arbitral que hoy sigue bajo cuestionamiento.
Mientras tanto, el segundo duelo Semifinal mantuvo en vilo al torneo.
Italia llegaba invicta y convertida en la gran revelación del campeonato tras eliminar a Puerto Rico y mostrar un beisbol disciplinado, colectivo y estratégicamente bien dirigido. Sin grandes luminarias, pero con una estructura armónica que sorprendió al mundo.
El roster italiano está compuesto en su totalidad por peloteros nacidos y formados en Estados Unidos con ascendencia italiana, lo que ha reavivado con mayor fuerza la discusión sobre los criterios de elegibilidad en el Clásico Mundial y hasta dónde debe llegar la interpretación de la nacionalidad deportiva.
Más que un matiz, el caso italiano se ha convertido en el ejemplo más extremo del debate: un equipo competitivo, bien dirigido y eficaz en el terreno, pero que abre inevitablemente la pregunta sobre qué tan “nacional” debe ser una selección en este tipo de torneos.
Del otro lado apareció Venezuela, cargando el orgullo latinoamericano tras protagonizar uno de los golpes más impactantes del campeonato al eliminar al campeón defensor Japón, una de las grandes sacudidas del torneo.
La novena Vinotinto volvió a mostrar carácter, talento y una ofensiva capaz de reaccionar en momentos críticos para sellar su pase a la final.
Los sudamericanos llegan ahora respaldados por el entusiasmo de gran parte de la afición latinoamericana, que ve en el conjunto una oportunidad de frenar a la poderosa escuadra estadounidense. Ese sentimiento se percibe en las tribunas, en el ambiente y en la narrativa misma del torneo.
Y es muy probable que en el estadio el respaldo sea mayoritariamente para Venezuela.
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