Desaire político-gubernamentalal clero y colectivos
Una de las conclusiones del Segundo Diálogo Nacional por la Paz al que convocó el clero mexicano, y que se desarrolló el pasado fin de semana en el ITESO, pareció llevar dedicatoria a la ausencia de autoridades estatales y municipales del Área Metropolitana de Guadalajara, pese a ser el Estado con mayor número de desapariciones y el escenario constante de episodios de violencia de alto impacto: “Es necesario dejar la indiferencia ante la violencia”, les recordaron.
Y es que colectivos de madres buscadoras de Jalisco y de otros Estados de la República reprocharon la falta de empatía que significó el haber desairado la invitación a este ejercicio de reflexión, para que, junto con otros líderes sociales, expertos y representantes religiosos, se buscaran nuevos caminos de solución para cambiar el rostro violento de México, rompiendo con la normalización que ha empezado a suceder por décadas de violencia e inseguridad.
En el evento realizado viernes, sábado y domingo pasados, ninguna autoridad estatal ni alguna de las o los alcaldes metropolitanos priorizaron en sus agendas este evento al que convocó por segunda ocasión la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), la Conferencia de Superiores Mayores Religiosos de México, la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús y la Dimensión Episcopal de Laicos.
Como se recordará, luego de que el 21 de junio de 2022 se dio el brutal asesinato de los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales y César Mora Salazar, cuando el guía de turistas Pedro Eliodoro Palma Gutiérrez se quiso refugiar en la parroquia de la comunidad de Cerocahui, en la Sierra Tarahumara de Chihuahua, la Iglesia católica mexicana convocó a la realización de las Jornadas de Oración por la Paz, ante la crisis desbordada de inseguridad nunca antes vivida en el país.
Lejos de mostrar apertura a la crítica y hacer ajustes a la estrategia de seguridad, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador alegó que había “mano negra” en los reclamos de obispos católicos y sacerdotes jesuitas, a quienes ya había tildado de “apergollados”, hipócritas y de desoír al entonces Papa Francisco.
Fue también cuando se escuchó la voz crítica del cardenal de Guadalajara, Francisco Robles Ortega, quien expresó que los sicarios sólo sabían de balazos y muy poco de abrazos. Denunció, incluso, que él había sido víctima ya de retenes de narcos en la Zona Norte de Jalisco y que las mafias cobraban derecho de piso a los organizadores de las fiestas patronales de las parroquias. La respuesta del entonces gobernador Enrique Alfaro también fue de cerrazón al desmentir al prelado y cuestionarlo por no haber presentado una denuncia formal.
Ante esta sordera oficial y la imparable violencia, en marzo de 2023 se convocó al primer Diálogo Nacional por la Paz que concluyó el 22 de septiembre de aquel año en la Ibero Puebla.
Habrá que ver si ante los reclamos de este desaire inicial, este nuevo esfuerzo clerical ahora sí rompe con las viejas posturas de negación y las nuevas de indiferencia de autoridades locales y federales.