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Adán y la expulsión del paraíso

A Adán, el de la Biblia, lo expulsaron del Paraíso por desobediente, por andar comiendo manzanas prohibidas y querer igualarse con el mero mero, con Dios. A Adán el de Paraíso, Tabasco, lo expulsaron del Edén político por las mismas razones: quiso igualarse a la que manda, pensó que su poder era igual o mayor que el de la Presidenta. A ambos les cayó la misma condena: los pusieron a trabajar, a patear el territorio y ganarse de nuevo el lugar con el sudor de la frente.

Hay, sin embargo, una pequeña diferencia en las historias de los dos adanes. Adán el de la Biblia salió del Paraíso y fue enviado a la tierra vistiendo solo una elegante y sutil hoja de parra. Adán, el político, regresa a Paraíso, su tierra, forrado de billetes, tantos que no sabe cuál de sus declaraciones patrimoniales es la buena, que se puede gastar seis millones de pesos en libros de su patrón, solo para quedar bien, y no sabe cuántas cabezas de ganado tiene ni cuánta lana cobró su secretario de seguridad en extorsiones. Adán el de la Biblia, tuvo que arar la Tierra. Adán, el de Morena, tiene una barredora.

¿Ganó Claudia con la salida de Adán Augusto López de la coordinación del Senado? Sin duda, lo cual no quiere decir que sea un triunfo arrollador o el famoso manotazo que algunos quieren ver. Se deshizo de un personaje incómodo, pero hasta ahí. Adán Augusto nunca entendió que, si bien el puesto se lo debía a López Obrador, quien había pactado el reparto de las coordinaciones de las Cámaras desde antes de la elección interna, Presidenta solo hay una. Dicho esto, hay que dejar claro que la llegada de Ignacio Mier no es para nada un triunfo de Claudia, por el contrario, es una evidencia más de que no tiene el control del movimiento.

El discurso de la Presidenta el sábado por la tarde en Bavispe, Sonora, en el que además de aburrir terriblemente al escaso público con una clase de historia nivel tercero de primaria, los puso a gritar “es un honor estar con Obrador” y con su pésimo tono de mitin pueblerino insistió, “más fuerte, para que se escuche hasta Tabasco”, es una muestra de la tensión al interior del morenísimo.

Las diferencias han desatado todo tipo de especulaciones. La mayoría son falsas, dirán desde Palacio, y por supuesto que lo son, solo ellos saben cuál es, o más bien cuáles son, las verdaderas causas de la tensión, porque frentes hay muchos. 

A la Presidenta le quedan unos cuantos meses para consolidar su poder. Lo que no gane en su segundo año de gobierno, difícilmente lo obtendrá después. ¿Cuánto capital político tuvo que gastar en la expulsión de Adán Augusto de la coordinación? Esas son las cuentas que su equipo debe hacer, porque lo que viene no solo es la reforma electoral sino la selección de candidatos de cara al 2027 y ahí se juega la segunda parte del sexenio.

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