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Claudia Sheinbaum y la negación de los desaparecidos

Hagan sus apuestas, ¿Qué sucederá primero, que la Presidenta mande al Congreso su reforma electoral, que ha pospuesto tres veces, porque no tiene consensos, o que presente el informe sobre la desaparición en México, prometido desde diciembre y aplazado ya en cuatro ocasiones?

El antecedente que dejó López Obrador en materia de desaparición no es malo, es pésimo. El esfuerzo del ex presidente fue por cuidar la imagen de su Gobierno, desastroso en materia de seguridad y combate al crimen organizado, nunca por cuidar a las madres buscadoras ni por encontrar a los desaparecidos, no digamos por evitar la desaparición. Nunca en la mañanera hubo un diagnóstico mínimamente serio y el buen trabajo de la comisionada de búsqueda, Karla Quintana, fue ninguneado y al final incluso denostado. 

Cualquier cosa que haga o diga la Presidenta Sheinbaum, suponiendo que quiera hacer algo, dejará en evidencia la mezquindad del ex presidente y del ex secretario de Gobernación, Adán Augusto López, quienes fueron incapaces de ver el fenómeno delictivo que más hiere a México más allá de sus particulares intereses políticos. Su único objetivo fue manipular la base de datos y no tuvieron empacho en correr a la comisionada para tachar de un plumazo y sin metodología a quien se les antojó.

El discurso de la Presidenta Sheinbaum sigue girando en torno a los mismos argumentos simplistas y casuísticos del sexenio pasado. Por supuesto que hay duplicidad de nombres en las listas, claro que hay errores e inconsistencias. Es evidente que algunos se habrán ido por voluntad propia, pero esgrimir eso para decir que la desaparición no es tan grave es tan absurdo e insensible como negar una violación porque la víctima vestía de manera provocadora. 

En un país donde las instituciones no son confiables -y por lo mismo tampoco la información que generan- concentrarse en limpiar la base de datos para ver cuántos registros logran bajar es perder el foco de la tragedia que viven decenas de miles de familias en este país.

Hace poco encontraron personas desaparecidas que llevaban años presas en cárceles de Jalisco, qué bueno, pero son excepciones y solo habla de lo corrupto del sistema penitenciario y lo poco confiable que es la información institucional. 

Combatir estadísticamente la desaparición, como se hace con otros delitos, no solo es inhumano, es perverso. La desaparición en este país, incluso más que el homicidio, es el síntoma del poder del crimen organizado y del control territorial que ejerce. Mientras las autoridades federales no acepten, entiendan y miren de frente este fenómeno criminal no se va a resolver; mientras en los informes de seguridad no se hable de los desaparecidos y no exista un esfuerzo institucional (hay que reconocer que en Jalisco Pablo Lemus sí dio ese paso) el problema seguirá ahí, lacerando al país.

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