Ideas

El país de las confusiones

Oh, Superman, ¿dónde estás ahora?/  
¿Cuándo todo salió mal?/
Los hombres de acero, estos hombres de poder/
Están perdiendo el control por minutos.

Mike Rutherford, “Genesis, Land of confusion”

Fue una confusión. Esa fue la conclusión de la investigación del Gobierno mexicano, dada a conocer por el secretario Omar García Harfuch, sobre el secuestro y asesinato de diez trabajadores de la mina Viszla Silver, en el Sur de Sinaloa.

El Gobierno mexicano, no importa el color del partido que gobierne, ha repetido a lo largo de décadas que los narcos se matan entre ellos, salvo, claro, cuando por alguna razón mueren personas inocentes, entonces acuden al infalible argumento de la confusión. 

Esa fue la explicación que dieron sobre el asesinato del cardenal Posadas en el aeropuerto de Guadalajara en mayo de 1993 (fue una confusión perfectamente planeada, dijo el entonces procurador Carpizo, dejando una frase para la inmortalidad). Lo mismo dijeron como primera explicación sobre la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa en 2014; los malandros los confundieron con una célula de un cártel contrario (por cierto, el hoy secretario de Seguridad estuvo, en su calidad de delegado de la Policía Federal en Guerrero, en la construcción de esta teoría de la confusión).

Cuando levantaron y desaparecieron a los estudiantes de Cine en el periférico de Guadalajara en 2018, la primera reacción del Gobierno fue decir que los habían confundido.

A primera vista diríamos que tenemos en México un crimen organizado que se confunde demasiado. ¿Cómo puede un pistolero profesional confundir a un cardenal, vestido de cardenal, con un narco al que llevaban semanas siguiendo? ¿Qué hizo que los Guerreros Unidos confundieran a estudiantes, armados hasta los dientes con lápices y alcancía para botear, con un cartel enemigo? ¿Qué se necesita para que una banda de criminales profesionalizados -como son los Chapitos- confunda a un grupo de mineros armados de teodolitos y aparatos de medición con los Mayos?

La teoría de la confusión tiene en todos los casos un ingrediente común: evita responder el por qué, elimina la complejidad, pero sobre todo oculta las fallas del Estado. Porque decir que detrás del secuestro de los mineros pudo haber una extorsión y que alguien los mató para enviar un mensaje a las empresas de la zona le daría, a lo que ya de por sí es una pésima noticia, una dimensión política y económica. 

No es que no le creamos al “Batman mexicano”. García Harfuch es quizá el mejor secretario de seguridad que ha tenido este país en décadas, sino que de poco sirven las cifras triunfalistas y las explicaciones de que todo fue una confusión cuando una buena parte del país, particularmente Sinaloa, está literalmente en llamas.

Regreso a la canción de Genesis escrita en Inglaterra en 1986 y que, sin embargo, aplica perfecto al México de hoy: “¿Leíste las noticias hoy? / Dicen que el peligro se ha ido/ pero puedo ver el fuego aún encendido”.

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