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Reforma electoral y los niños cantores de la 4T

La Presidenta insiste en que ella ya cumplió mandando la reforma electoral que el pueblo pidió a gritos (si usted no escuchó los gritos del pueblo es porque no ha entendido que pueblo, lo que se llama “el pueblo”, solo hay uno y vive en Palenque). Ya habíamos hablado aquí de la estrategia de “perdimos compadre”, que cambiar las reglas de la democracia no era para nada un buen mensaje a los inversionistas en un momento en que la prioridad es recuperar el crecimiento. Paralelamente, un amplio grupo de columnistas identificados con Morena o con el Gobierno de Sheinbaum han salido a coro a decir que Claudia perdiendo gana; que puede perder la votación, pero gana credibilidad; que el costo político de no aprobar la reforma es para el Verde y el PT, no para la Presidenta. Puede ser solo una coincidencia en la interpretación de la realidad, pero conociendo el medio suena más a un coro orquestado y dirigido desde Palacio Nacional para hacer control de daños.

La reforma comenzó a boquear desde el momento en que, quizá con la intención de que no se aprobara, la Presidenta de Morena y la Presidenta de la República insistieron en que no se cambiara ni una coma y se negaron a construir una propuesta conjunta, ya no con la oposición -que, tratándose de una reforma al sistema electoral, es lo que se hubiera esperado- sino con los aliados.

La gran pregunta es cómo va a reaccionar “el pueblo” ante semejante desaire. A ninguno de los tres partidos le conviene deshacer la alianza electoral de cara a las elecciones de diputados en 2027, no así en lo que se refiere a elecciones de gobernador, donde a Morena le da lo mismo ganar con 35 por ciento que con 50. La alianza en las gubernaturas solo tiene sentido allá donde gobierna la oposición, esto es en Chihuahua, Aguascalientes y Querétaro, tres Estados gobernados ahora por el PAN, y en Nuevo León, donde gobierna MC. Hay, por supuesto, Estados donde el Gobierno de Morena ha sido un desastre y corren el riesgo de perder o al menos enfrentar una elección muy comprometida, como en Colima, pero aun en gobiernos que han resultado fatales como el de Guerrero no parecen tener problema alguno.

El coro insiste en que PT y Verde cargarán con el desprestigio de no haber aprobado la reforma. Seamos sinceros: no se puede perder lo que no existe. Ninguno de los dos partidos se está jugando la credibilidad porque no la tienen (los otros, MC, PRI, PAN, PRD y Morena tampoco es que tengan mucha). Y sí, a lo mejor “el pueblo” se enojará por unos días. Sin embargo, cuando hagan cuentas electorales de cara al control de la Cámara de Diputados, al “pueblo” se le va a pasar el enfado, terminarán acordando los tres partidos y los niños cantores de la 4T celebrarán la alianza, porque así es la política: lo que está en juego no es la congruencia sino los intereses y el poder.

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