T-MEC, ¿tenemos plan B?
Tres pésimas señales para el futuro del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá llovieron en tan solo unos días. Comenzó el presidente estadunidense, Donald Trump, quien dijo que su país no necesitaba ningún tratado, que ellos impondrían los aranceles que les fueran convenientes en el momento que necesitaran. El segundo rayo vino del secretario de Comercio de ese país, Howard Lutnick, quien fue a Davos a decir que la globalización había sido una pésima idea y un muy mal negocio para Occidente. La puntilla la puso el primer ministro de Canadá, Mark Carney, que, en el que sin duda fue el mejor discurso de la reunión financiera anual, prácticamente rompió con Estados Unidos y llamó a conformar un bloque de países que enfrenten la voluntad imperialista y expansionista de Estados Unidos, China y Rusia.
Si el presidente Trump dice que no necesita un tratado, que los aranceles los decide él y solo él; si su secretario de Comercio no cree en la globalización, y el primer ministro de Canadá no quiere nada con Estados Unidos, ahora sí que de amor mejor ni hablamos.
¿Esto quiere decir en automático que hay que dar por muerto al T-MEC? Por supuesto que no. La próxima semana todo puede cambiar y las aguas volverán al cauce. Lo que está claro es que no podemos darlo por hecho y que, atendiendo a la posición adoptada por el primer ministro canadiense y la respuesta del presidente estadounidense, no podemos descartar que terminemos en tratados bilaterales. Lo que hace un año parecía el peor de los mundos, hoy es quizá el escenario más probable.
Un acuerdo comercial entre Estados Unidos y México es necesario y conveniente para los dos países y un acuerdo con Canadá resulta más importante que nunca por la necesidad urgente de diversificar los clientes. Tampoco hay que hacerse muchas ilusiones, hoy México vende 15 veces más al mercado estadounidense que al canadiense, porque la economía de las barras y las estrellas es 13 veces mayor que la de la hoja de maple.
Pase lo que pase en las próximas semanas y meses, lo cierto es que el Tratado no volverá a ser lo que fue y que México necesita tener un plan B. Estamos, para bien y para mal, atrapados en una relación comercial y de vecindad con Estados Unidos que es absolutamente desigual. Si bien no podemos, ni es conveniente romper esa relación, tenemos que construir opciones que a mediano plazo nos hagan más autónomos.
En un país, en un medio de comunicación y en cualquier negocio, la única independencia posible es la pluridependencia.