Ideas

Ecos de la crueldad

Vuelvo al documento “Geografías de la crueldad”, en concreto a la reflexión de Claudio Lomnitz sobre la tragedia mexicana. La violencia homicida, dice el antropólogo, no puede entenderse fuera de las dinámicas que la producen, la sostienen y, sobre todo, la encubren.

El Estado mexicano ha caído en una trampa contable. Confunde medir delitos con entender la función social de la violencia. Los Gobiernos están obsesionados con la estadística y las gráficas, pero han sido incapaces de diseñar una política de paz real.

La semana pasada, la Presidenta Claudia Sheinbaum presumió una reducción del 44% de los homicidios en el país de septiembre de 2024 a febrero de este año.

Sin embargo, la pacificación exige entender los usos de la fuerza en cada rama de la economía ilícita. Sea narcomenudeo, extorsión o robo de hidrocarburos, los indicadores oficiales son simples cifras que ignoran el contexto de poder que subyace en cada territorio en disputa.

Por ejemplo, Lomnitz plantea que si hay mucha extorsión y pocos muertos, es porque la amenaza del homicidio ya es creíble. Ha corrido sangre suficiente para que el miedo trabaje solo. Presumir una baja en asesinatos mientras la extorsión se expande no es paz; es solo un régimen criminal o la llamada “pax narca”.

Paradójicamente, la extorsión se ha disparado en los últimos años.

Otro ejemplo es la variable asesinato. Lomnitz distingue dos tipos: el asesinato dirigido por una transgresión concreta, y las “rafagueadas”. Estas últimas son operaciones de exterminio colectivo donde la identidad de la víctima es lo de menos; lo que importa es el terror y el mensaje.

Estas “limpias” se anuncian con antelación. Son actos de comunicación de los grupos criminales que buscan controlar barrios enteros. Ante esto, la respuesta oficial es la ocupación física del espacio por militares y policías. Una medida efectista que la gente agradece, pero que carece de efectos preventivos.

A esto se suma el “abaratamiento” de la muerte. La abundancia de armas en los barrios ha creado un mercado difuso de la violencia, explica Lomnitz.

Hoy, un pleito doméstico o una rivalidad amorosa pueden “resolverse” en un homicidio. La muerte se ha vuelto moneda de cambio corriente en cualquier disputa.

Estamos ante una geografía de la crueldad que demanda una aproximación distinta. Estas verdades se han dicho poco y resuenan con discreción, pero a dos décadas del inicio de la guerra contra el narco, es urgente empezar a subirles el volumen.

jonathan.lomeli@informador.com.mx

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