El crudo despertar y la revisión del futuro
El beisbol tiene esas paradojas que desconciertan incluso a los más optimistas. Un torneo que parecía caminar con cierta lógica para México terminó abruptamente con una derrota tan inesperada como dolorosa. La eliminación frente a Italia en el Clásico Mundial de Beisbol no solo corta de tajo las aspiraciones del equipo tricolor, también obliga a revisar con frialdad lo que ocurrió en el diamante.
México había mostrado argumentos para pensar en algo más. El debut frente a Gran Bretaña fue sólido: victoria de 8 carreras a 2, control del juego y un arranque que permitía acomodarse en el torneo sin sobresaltos. No fue un despliegue espectacular, pero sí un triunfo claro que cumplía con lo que se esperaba.
Después vino la demostración más contundente del poder mexicano. Frente a Brasil, la novena nacional ofreció una exhibición ofensiva que dejó claro el potencial del equipo. El marcador de 16 carreras a 0 fue una auténtica paliza. Todo funcionó: los bates respondieron desde temprano, el pitcheo mantuvo el control absoluto y la defensa cumplió sin mayores complicaciones.
El siguiente desafío fue Estados Unidos. Ahí la historia fue distinta. La potencia del beisbol estadounidense se hizo sentir, aunque México tuvo momentos de competencia real. No fue un juego fácil para los norteamericanos y durante varios pasajes del partido la novena mexicana mostró carácter. La derrota estaba dentro del presupuesto y no alteraba demasiado el panorama.
El problema llegó cuando apareció Italia en el camino.
Lo inusitado de esa derrota por 1-9 radica precisamente en el contraste con lo que México había mostrado antes en el mismo torneo. El equipo que se vio frente a los italianos fue muy distinto al que había jugado con orden ante Gran Bretaña, al que aplastó a Brasil o incluso al que compitió con dignidad frente a Estados Unidos.
Italia, en teoría, aparecía como un rival accesible, incluso después de su triunfo sobre Estados Unidos, resultado que muchos atribuyeron más a un error de cálculo del mánager norteamericano —que no envió a su mejor combinación de peloteros para ese compromiso— que a una superioridad real del conjunto europeo.
Al revisar los números hombre por hombre, el roster mexicano parecía claramente más sólido. La selección italiana no llegaba con una constelación de figuras, pues su pelotero más consolidado en Grandes Ligas era el lanzador de los Phillies de Filadelfia, Aaron Nola, quien a lo largo del torneo confirmó plenamente su calidad: trabajó con autoridad desde la loma y terminó por cerrar la puerta a las aspiraciones mexicanas.
Italia encontró a su gran protagonista en su capitán, Vinnie Pasquantino, jugador eventual de los Reales de Kansas City, quien firmó una actuación memorable al conectar tres cuadrangulares en un solo juego. Su explosión ofensiva terminó por confirmarlo como el bate más peligroso de su equipo y como el hombre que inclinó el juego a favor de los italianos.
Mientras Italia se convertía en una grata sorpresa del torneo y encontraba héroes inesperados dentro de su roster —integrado con apenas tres o cuatro peloteros vinculados a organizaciones de Grandes Ligas que ocasionalmente alcanzan el primer equipo—, México comenzaba a perder el rumbo.
El abridor Javier Assad, quien había sido el brazo más sólido del equipo y que incluso lució en el primer juego ante Gran Bretaña, no pudo sostener el control del partido.
El bullpen, que había respondido en otros momentos del torneo, no logró contener el ataque italiano. Los relevos llegaron sin la precisión necesaria y cada entrada parecía complicarse más que la anterior. A eso se sumaron errores ofensivos como el de Ortiz que cortó un arranque, y defensivos que en este nivel de competencia suelen pagarse muy caro.
El resultado final no solo significa la eliminación del torneo. También implica que México pierde la posibilidad de repetir, al menos, el tercer lugar mundial que había conseguido en el Clásico anterior. Más aún, la derrota deja al equipo fuera de la carrera por un lugar en el torneo olímpico, un objetivo que estaba en el horizonte del beisbol mexicano.
Por eso el golpe resulta tan duro.
México mostró en este torneo que tiene talento, bateadores capaces de producir carreras y un pitcheo que, en determinados momentos, puede competir contra cualquiera. Pero también quedó claro que la consistencia sigue siendo una asignatura pendiente.
La derrota frente a Italia deja muchas preguntas sobre la mesa: decisiones estratégicas, manejo del bullpen, ajustes defensivos y la capacidad del equipo para responder cuando el partido se vuelve crítico. Visto con la serenidad que da la distancia, también queda la impresión que terminó pesando la ausencia de varios jugadores que estaban contemplados y que finalmente no pudieron integrar el roster: entre ocho y nueve peloteros cuya presencia habría dado mayor profundidad y equilibrio al equipo.
Habrá tiempo para analizar con mayor calma lo ocurrido. Por ahora queda una lección clara: en el beisbol no gana necesariamente el que parece más fuerte en el papel, sino el que ejecuta mejor cuando el juego está en la línea. Y en ese momento decisivo, México simplemente no estuvo a la altura y terminó por firmar un fracaso.
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@salvadorcosio1